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Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Durante la siguiente hora exploraremos tanto nuestro privilegio como nuestra responsabilidad de asemejarnos al carácter de Cristo. Acompáñenos en esta poderosa hora de renovación personal mientras el Pastor Stephen Wallace nos lleva “De Gloria en Gloria”.

Cuánto gusto me da verles otra vez de regreso esta noche. Gracias por haberse comprometido al estudio de la palabra de Dios, lo cual se manifiesta con Su presencia. Aprecio profundamente el privilegio de estudiar con ustedes diligentemente la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. ¿Y cuál es esa obra, alumnos? La edificación del carácter. Ya saben que es un requisito de este curso que hayan memorizado esa primera declaración para cuando terminemos. La Educación, página 225 (del inglés); intentemos decirla juntos: “La edificación del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos y nunca antes ha sido su estudio diligente tan importante como ahora”. ¿Por qué es tan importante ahora? Porque el Rey viene pronto. ¿Amén? Pero tenemos que realizar una obra. Tenemos que predicar un evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y tenemos que preparar nuestras vidas. {Apoc 14:6-7} Como me han escuchado decirlo antes y como me escucharán decirlo otra vez, el cumplimiento exitoso de ambas tareas depende de la misma cosa. ¿Y de qué depende? Del desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo. ¿Por qué? Porque no podemos ser ni testigos eficaces del Rey ni ciudadanos idóneos para el reino a menos que nuestro carácter se asemeje al de Cristo. Y puesto que el Rey viene pronto, insisto en que el estudio diligente de la edificación del carácter nunca ha sido tan importante como ahora. Y de eso se trata este seminario.

Y hemos llegado a entender, basándonos en nuestro texto clave, que aunque nosotros no podamos cambiarnos de gloria en gloria, lo cual es otra manera de decir, de una etapa del desarrollo del carácter a otra, porque el término bíblico de carácter es gloria. Aunque nosotros no podamos cambiarnos de gloria en gloria, aunque debamos ser transformados incluso como por el Espíritu del Señor, tenemos que cooperar haciendo un papel esencial. ¿Y cuál es ése papel? Debemos contemplar la gloria del Señor. Puesto que somos cambiados a la semejanza de lo que contemplamos. {2 Cor 3:18} De modo que si vamos a ser cambiados de gloria en gloria, debemos contemplar la gloria del Señor. Y eso es lo que hemos estado haciendo en nuestros últimos estudios.

Mencionamos siete lugares donde la gloria de Dios, o siete maneras en las que Dios nos ha revelado su gloria, pero en primer lugar se encuentra Cristo Jesús. Y aunque las mencionamos sólo de pasada cuando enumeramos esas siete, ahora hemos regresado y nos estamos enfocando en la gloria, el carácter de Dios, como se revela en Cristo Jesús. Y esta noche quiero que una vez más, por la gracia de Dios, y con la ayuda y el poder del Espíritu Santo, fijemos nuestros corazones y mentes en contemplar el carácter infinitamente hermoso y desinteresado de Cristo. El carácter infinitamente glorioso y desinteresado de Cristo.

Porque en esencia, queridos amigos, eso es el todo del carácter de Dios: amor abnegado y desinteresado.

Da de sí mismo para otros. Y lo que ocasionó el problema del pecado fue que la raza humana creyó las mentiras del diablo respecto del carácter de Dios. El diablo nos convenció de que Dios era egoísta. Satanás le ha atribuido a Dios su carácter, sus características, sus atributos. Y en la misma medida que hemos creído esas mentiras, también nos hemos alejado de Dios, y nos hemos rebelado en Su contra. Y para que podamos regresar a Dios, y para que nos libere de nuestra rebelión y nos lleve a estar en armonía con Él otra vez, debe revelarnos la verdad respecto de Su carácter -desacreditar y refutar las mentiras del diablo. Eso, como mencionamos, fue parte de la misión doble de Cristo Jesús en el planeta tierra.

Cristo fue enviado por el Padre para revelar Su gloria al hombre, y fue enviado para, ¿qué? Para restaurar Su gloria en el hombre.

Y la restauración dependía de la revelación, ¿no es así? Y la cualidad o característica más importante de Dios que Cristo había de revelar, para liberarnos de nuestro enajenamiento y nuestra rebelión, es el amor desinteresado de Dios… el amor desinteresado de Dios. Y es por eso, queridos amigos, que quiero que nos enfoquemos en la revelación infinitamente gloriosa de ese amor desinteresado que vemos especialmente en las últimas horas de la vida de Cristo Jesús. Su vida entera, tomen nota, fue una revelación hermosa del amor desinteresado de Dios. Pero esa revelación hermosa llegó a su clímax infinitamente glorioso en las últimas horas de Su vida mortal en el planeta tierra.

Éste es un estudio profundamente espiritual, y las cosas espirituales son sólo, ¿qué, queridos amigos? Discernidas espiritualmente. {1 Cor 2:13-14} Por lo tanto, ¿para qué debemos de pausar, antes de continuar? Para personalmente invitar al Espíritu de Dios a nuestros corazones. Y Dios los bendiga, deseo sus oraciones. Esta noche estoy en necesidad de oración. Es mi oración que el Espíritu Santo me dé la fuerza para exaltar a Jesús. Y reclamo Su promesa: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos”, ¿qué? “atraeré a mí mismo”. {Juan 12:32} ¿Orarían para que el Señor use esta pobre vasija de barro, a pesar de sus imperfecciones, para exaltar a Cristo en su hermosura, para que todos seamos atraídos a Él? ¿Y orarían a favor suyo para que tengan un corazón receptivo que el Espíritu Santo pueda impresionar con el amor de Cristo, y atraerlo a Cristo, más cerca de lo que hayamos sido atraídos antes? ¿Orarían también por eso? Pasemos unos momentos de rodillas orando en silencio.

Padre nuestro que estás en los cielos, en el nombre de Cristo Jesús, el Señor nuestra Justicia, vengo… vengo con seguridad ante tu presencia, con seguridad por el mérito del Cordero que fue inmolado; con seguridad porque sé que por gracia, me ves no por lo que soy, sino por quién soy en Él. Lavado con Su sangre y vestido con Su manto inmaculado, soy aceptado junto con el Amado. Me regocijo por tener acceso a venir ante Tu presencia a través del Mediador, el Señor mi justicia. Dios Padre, vengo a pedirte una vez más que derrames Tu Santo Espíritu sobre nosotros esta noche. Yo, sobre todo, necesito del poder del Espíritu Santo. Por favor Señor, condesciende a usarme, a pesar de ser una vasija de barro. Toma posesión de mí: en cuerpo, mente y espíritu, y permite que hable la verdad, la verdad que está en Jesús. Dame mejores pensamientos, mejores palabras que las mías. Permite que exalte a Jesús, y reclame Su promesa: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. Y Padre, que lo que puedas decir a través de esta pobre vasija de barro, encuentre mentes y corazones receptivos. Y que cada hermano y hermana aquí presente se acerque más a Jesús por haber contemplado Su amor. Y Padre, que todos nosotros, por haber contemplado Su amor, también seamos cambiados a la semejanza de lo que contemplamos como por el Espíritu del Señor. Así que por favor, mediante tu Espíritu, no sólo nos reveles la gloria, también restaura la gloria en nosotros. Es nuestra oración en el nombre de Jesús. Amén.

Les invito a que vayan a la página 21 en sus carpetas. Estamos en la lección 10, la cual se titula “Yo Te He Glorificado”. Esta frase la obtenemos de la oración del Señor. Cuando menciono la oración del Señor, todos inmediatamente piensan: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. {Mt 6:9} ¿Verdad? Les tengo noticias, ésa no es la oración del señor. Ésa es nuestra oración. El Señor nos enseñó a orar esa oración, pero ésa es nuestra oración. Él no oró esa oración. ¿Cómo lo sabemos? “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. {Mt 6:12} ¿Tuvo que orar Cristo de esa manera? ¡No! No, no, no. Entonces, obviamente ésa no es Su oración. ¿Cuál es la oración del Señor? En Juan 17 está la oración del Señor. Y es una oración hermosa, hermosa, queridos amigos. Y me encantaría pasar mucho tiempo repasándola.

Y a propósito, la pluma inspirada nos dice que hemos de memorizar Juan 17. {8T 80.1, 239.2} Yo ya estoy estudiándola… todavía no he terminado, pero la estoy estudiando.

Es una oración hermosa, hermosa y vehemente. Y toda la verdad que está encerrada en cada línea es simplemente inagotable. Pero vayamos al meollo de la oración. Capítulo 17, versículo 4: Observen qué le dice al Señor en relación a su misión de revelar la gloria de Dios al hombre. ¿Qué puede decir con propiedad? Misión cumplida ¿Amén? {Amén} Escuchen cómo lo dice Él: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. ¿Para qué había enviado el Padre al Hijo? Para revelar Su gloria al hombre. Y al final de su ministerio terrenal, ¿qué le puede decir al Padre con toda propiedad? ¡He cumplido! Te he glorificado. Por favor observen que no dice: “Di lo mejor de Mí Padre; se me cayó la pelota un par de veces, y lo siento mucho, fallé aquí y allá”. No, nada de eso. Él dice: “Yo te he glorificado en la tierra”. ¡He cumplido!

Y a propósito, ¿qué significa glorificar a Dios? Significa revelar Su carácter, ¿amén? Significa revelar Su carácter. ¿Cómo es eso? ¿Cómo puede decir tal cosa? “Yo te he glorificado”, ¿cómo puede decirlo con toda propiedad? Porque también puede decir con toda propiedad, en Juan 8:29, “porque yo hago siempre lo que le agrada”. Y en Juan 15:10: “He guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”. ¿Se dan cuenta hermanos, hermanas? La vida de Cristo fue una revelación perfecta de la gloria, el carácter de Dios, precisamente porque la vida de Cristo fue una vida de perfecta obediencia a la ley de Dios, la cual es el trasunto de Su carácter. {COL 305.3} ¿Recuerdan eso? La ley de Dios es el trasunto, o la versión escrita de Su carácter. La ley de Dios define el amor en términos de relaciones. Y la vida de Cristo fue una vida de perfecta obediencia. “He guardado los mandamientos de mi Padre”. Y precisamente porque Su vida fue una vida de perfecta obediencia a la ley, porque siempre hacía lo que le agradaba al Padre, Su vida fue una revelación perfecta del carácter de Dios, la gloria de Dios.

Observen cómo la pluma inspirada declara esta verdad en Signs of the Times, 2 de enero, 1896: “Cada paso que Cristo dio, desde el pesebre hasta el Calvario”, pausemos. ¿De qué estamos hablando? ¿Qué ocurrió en el pesebre? Nació. ¿Qué ocurrió en el Calvario? Murió. Entonces ¿de qué estamos hablando? De toda su vida. “Cada paso que Cristo dio, desde el pesebre hasta el Calvario, estableció su carácter como el Único”, sólo hay Uno, “como el Único que pudo decir con propiedad: ‘He guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor’. ¡Qué ideas tan elevadas obtenemos de la ley de Dios al contemplar cómo Jesús cumplió cada precepto, y su representación del carácter de Dios ante el mundo! Fue al cumplir la ley, que Jesús dio a conocer el Padre al mundo”. ¿Vemos esa verdad claramente?

Testimonios Especiales Sobre la Educación, página 231 (del inglés), otra vez: “Su carácter, el de Cristo, era una vida de obediencia a todos los mandamientos de Dios, y había de ser una muestra para todos los hombres en la tierra. Su vida era la ley viviente en la humanidad”. Es precisamente por eso que Él podía decir: “El que me ha visto a mí”, ¿qué? “ha visto al Padre”. Y por consiguiente, cumplió Su misión de revelar la gloria de Dios al hombre. ¿Recuerdan esa misión? La señalamos en 2 Corintios 4:6: El Padre lo envió a hacer, ¿qué? “…para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. {2 Cor 4:6}

Signs of the Times, 4 de abril, 1895: “El propósito de la misión de Cristo para el mundo era el de revelar al Padre”. Ahora queridos amigos, no podemos apreciar eso como debiéramos a menos que entendamos el contexto dentro del cual Cristo fue enviado al planeta tierra, y ese contexto es la gran controversia entre Dios y Satanás, entre Cristo y Satanás. Como mencionamos anteriormente, Satanás había mentido respecto del carácter de Dios. Y fueron esas mentiras las que promovieron la rebelión de la raza humana. Cuando la raza humana creyó esas mentiras, se alejó de Dios y se hizo rebelde. De modo que ahora es imperativo recuperar la raza alejada, separada, para estar en una unión armónica con Dios. Ahora es imperativo que revele la verdad en relación a Su carácter; es absolutamente esencial. Y la verdad más importante que debe ser revelada a la raza humana, es Su amor desinteresado, porque la mentira que Satanás ha inculcado principalmente en la mente de la raza humana es que Dios es egoísta. De modo que para destruir ese poder engañador debemos llegar a conocer la verdad. ¿Y qué dijo Jesús? “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará”, ¿qué? “libres”. {Juan 8:32} Mientras que creamos las mentiras del diablo, estamos esclavizados al pecado. Pero cuando vemos la verdad, se rompe su poder y somos liberados de nuestra rebelión. Y regresamos a una obediencia que está motivada por el amor, y a una armonía con el Dios el cual sabemos que es amor.

Ahora observen cómo la pluma inspirada habla acerca de esto. Signs of the Times, 16 de mayo, 19″Mediante su vida y sus lecciones, Cristo dio una ejemplificación perfecta del ministerio abnegado, el cual tiene su origen en Dios. Dios no vive para sí mismo. Al crear el mundo, y al sostener todas las cosas, está constantemente ministrando a otros. Satanás representó falsamente a Dios ante el mundo, así como lo hizo ante Adán y Eva. El egoísmo tiene su origen en Satanás, y en la medida en que éste sea complacido, también son acariciados los atributos de Satanás; pero Satanás imputó a Dios estos atributos”, Satanás imputó a Dios estos atributos. Satanás acusó a Dios de ser egoísta. “y”, sigamos leyendo, “la aceptación de sus principios se estaba esparciendo más y más. Mediante el Hijo de Dios, la falsedad de estos principios deberá”, ¿qué? “comprobarse”, y mostrarse que el carácter de Dios es amor. Por medio de Él, el Padre será representado correctamente. Dios entregó su ideal a Cristo, y lo envió al mundo investido con divinidad, pero llevando humanidad”. La misión de Cristo Jesús era, sobretodo, la de revelar el amor desinteresado, abnegado, y sacrificado, de Dios, para que el poder del pecado se rompiera y el hombre fuera liberado. Review and Herald, 11 de septiembre, 1894. Veamos otra revelación: “Cristo hizo todo esfuerzo para suprimir las representaciones falsas de Satanás, para que la confianza del hombre en el amor de Dios fuera restaurada”.

Ahora queridos amigos, quiero que consideremos cuán hermosamente Cristo logró hacer eso. Al contemplar el amor desinteresado de Cristo Jesús esta noche, particularmente en las últimas escenas de su vida, quiero que siempre tengan presente Sus palabras: “El que me ha visto a mí”, ¿qué? “ha visto al Padre”. {Juan 14:9} Por favor no desvíen la atención del hecho de que lo que vemos revelado en Cristo Jesús es en realidad una revelación del Padre. ¿Amén? {Amén} A veces solemos pensar que es Cristo quien nos ama, y que es Él quien está tratando de convencer al Padre de que nos ame. Pero queridos amigos, no hay diferencia en absoluto entre Cristo y el Padre. Si vemos a Uno, vemos al Otro. De modo que por favor entiendan que la revelación hermosa que contemplamos en Cristo Jesús es ciertamente la revelación del Padre.

Pero aquí hay un problema: Satanás sabe muy bien que Cristo es una revelación perfecta del Padre. Y ya que no pudo impedir que Cristo representara correctamente al Padre, ahora ha enfocado su atención en hacer que malinterpretemos el carácter de Cristo. Está tratando de representar falsamente el carácter de Cristo para que ya no pueda representar correctamente el carácter de Dios. Y hermanos, hermanas, lo aterrador de todo esto es que ha tenido un éxito extraordinario aún dentro del pueblo de Dios. Escuchen esta declaración y tómenla muy en serio. Mensajes Selectos, Tomo 1, página 355: “La comprensión del pueblo de Dios ha sido cegada, pues Satanás ha distorsionado el carácter de Dios. Nuestro bueno y bondadoso Señor ha sido presentado delante de la gente revestido de los atributos de Satanás”. Pausemos. ¿Se dan cuenta? Satanás empezó atribuyéndole a Dios sus características, y luego, cuando Cristo vino a decir la verdad con respecto al carácter de Dios, ahora está ocupado atribuyendo a Cristo sus características. Sigamos leyendo: “Nuestro bueno y bondadoso Señor ha sido presentado delante de la gente revestido de los atributos de Satanás, y hombres y mujeres que han estado buscando la verdad, han considerado a Dios durante tanto tiempo bajo un aspecto falso, que es difícil despejar la nube que oscurece la gloria de Dios desde el punto de vista de ellos. Muchos han estado viviendo en una atmósfera de dudas, y parece casi imposible que se aferren de la esperanza presentada ante ellos en el Evangelio de Cristo…”

Y queridos amigos, esto es lo que nos impide entrar verdaderamente a una relación transformadora con nuestro Salvador. Satanás ha logrado distorsionar nuestra comprensión del amor de nuestro Salvador. Y en la misma medida que lo ha logrado, también nosotros seguimos alejados de Él. Todavía tenemos reservas y dudas de estar completamente bajo Su señorío de amor benigno, benevolente. ¿Me explico? ¿Captan lo que les estoy diciendo?

Por lo tanto es imperativo, antes de que alguien pueda someterse completamente a la autoridad de Cristo Jesús, es imperativo que entienda claramente el amor de Cristo Jesús. Esto es imperativo.

Permítanme compartir con ustedes un concepto muy importante. Satanás llevó a la raza humana por tres pasos para que llegara a un estado de rebelión. Y me encantaría desarrollar esto, pero no tenemos suficiente tiempo. Permítanme mencionar estos tres pasos. Pero si prestan atención a la conversación entre la serpiente y la mujer en el jardín del Edén junto al árbol de la ciencia del bien y del mal, verán estos tres pasos. Los verán.

Paso número 1: Logró que desconfiáramos del amor de Dios.

Paso número 2: Logró que descreyéramos de la palabra de Dios.

Paso número 3: Logró que rechazáramos la autoridad de Dios. {Ed 25.2}

¿Captaron esto? ¿Cuáles fueron los tres pasos? Número 1: Desconfiar del amor de Dios. Número 2: Descreer de la palabra de Dios. Número 3, ¿qué? Rechazar la autoridad de Dios. Y por favor sepan que sólo son esos tres pasos y en ese orden lo que pudo haber tenido éxito para causar la caída de la raza humana. ¿Captaron esto? No hubiera tenido éxito si de entrada le hubiera dicho: “Come de esta fruta prohibida”. No, éste hubiera sido el paso número tres. No hubiera logrado que creyera para tomar el segundo paso: “No morirás”. “Dios te está mintiendo, no morirás”. ¿Qué debía hacer primero? Tenía que derrumbar el fundamento de la confianza en el amor de Dios. ¿Captan lo que les estoy diciendo? Y una vez que logró que dudara, que desconfiara del amor de Dios, entonces la llevó a tomar el siguiente paso, descreer de la palabra de Dios: Sí, es posible que Dios no esté diciéndome la verdad. Después de todo, si no me ama, quizás esté mintiéndome. ¿Me explico? ¿Me están escuchando? Y entonces, una vez que logró que tomara el paso número dos, ¿hay problema alguno en lograr que tome el paso número tres? ¿Rechazar la autoridad de Dios? No.

Ahora, ¡presten atención! ¿Cuál es la única manera que existe para que la raza humana salga de la rebelión y regrese a estar en armonía con Dios? Es tomando esos tres pasos, pero a la inversa.

Número 1: Debemos llegar a, ¿qué? A confiar en el amor de Dios. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén}

Número 2: Debemos llegar a, ¿qué? A creer en la palabra de Dios.

Y número 3: Entonces, ¿qué haremos? Aceptaremos la autoridad de Dios.

¿Le ven el sentido? Pero queridos amigos, no podemos llegar a aceptar la autoridad de Dios hasta que creamos en Su palabra. Y no creeremos en su palabra verdaderamente hasta que, ¿qué? Hasta que confiemos en Su amor. ¿Quedó claro? De modo que la revelación del amor abnegado, sacrificado y desinteresado de Dios hacia nosotros, es esencial para llevarnos de regreso a una sumisión voluntaria a la autoridad de Dios. Y eso es lo que Cristo Jesús debe hacer si va a lograr que regresemos a una obediencia a Dios que es motivada por el amor.

Y a propósito, ésa es la única obediencia con la que Dios está conforme. ¿Amén? ¿Qué tipo de obediencia? Una obediencia que es motivada por el amor. En realidad, ésa es la única obediencia que hay. Como dice la Biblia: “El cumplimiento de la ley es el amor”. {Rom 13:10} Todo otro tipo de obediencia no es en realidad obediencia, es sólo hipocresía. Es sólo un engaño, es sólo un engaño si no es motivada por el amor. Entonces, ¿cómo podemos ser llevados a una obediencia al Padre que sea motivada por amor? Al contemplar Su amor como se revela en el Hijo, especialmente en las últimas horas de Su vida en el planeta tierra. Queridos amigos, ¿entienden mejor, dentro de este contexto, por qué Pablo dijo en 1 Corintios 2:2: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino”, ¿qué? “a Jesucristo, y a éste crucificado”. Pablo sabía que lo único que tenía poder para romper la tiranía del pecado, del yo y de Satanás, en el corazón humano, era la revelación del amor de Dios en Cristo y en éste crucificado. Esto es lo único que tiene el poder para hacerlo.

Ahora, en este contexto, regresemos a la oración del Señor, Juan 17. En el versículo 4, como lo hemos señalado, dice: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese”. Y entonces, observen lo que dice en el siguiente versículo: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Qué pedido tan extraordinario. Piensen en lo que le está pidiendo al Padre, en lo que pide que le permita hacer. Quiere que el Padre lo glorifique al lado suyo con la gloria que tuvo con el Padre antes que el mundo fuese. Ahora, ¿qué gloria tenía con el Padre antes que el mundo fuese? Gloria infinita, gloria infinita. Esto era antes de que se hiciera hombre y velara la gloria con humanidad. En otras palabras, le está pidiendo a Dios el Padre, que le permita agregar los toques finales infinitamente gloriosos a la revelación de Su carácter que ha venido a mostrar, mediante Su corta morada humana en el planeta tierra.

Entiendan que, desde el principio, Cristo reveló la gloria de Dios a la perfección, aún cuando era un bebé en el pesebre de Belén. Era una revelación perfecta de la gloria del Padre. A propósito, los sabios de oriente, con discernimiento espiritual, vieron la gloria, ¿no es así? No sólo vieron un bebé humano. El discernimiento espiritual que tenían les permitió ver el aura, la shekinah, que irradiaba de ese bebé. Y se arrodillaron ante Él y, ¿qué? Le adoraron. {Mt 2:11} A propósito, los sabios aún se arrodillan y le adoran. ¿Amén?

Pero la revelación perfecta de la gloria de Dios no era estática, era dinámica. La perfección es dinámica. Y en perfección, Cristo creció de gloria en gloria. Las Escrituras dicen que crecía en sabiduría y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. {Lk 2:52} Y esa revelación gloriosa se hizo más y más gloriosa, ¿amén? Perfecto en toda etapa, pero creciendo en su plenitud hasta que finalmente se encuentra aquí orando justo antes de las últimas horas de Su vida, pidiéndole a Dios que le ayude a agregar los toques finales infinitamente gloriosos en el cuadro que toda Su vida ha estado pintando del carácter de Dios. Eso es lo que le está pidiendo al Padre. ¿Le concede el Padre Su oración? Oh, sí queridos amigos.

Pero por favor dense cuenta de que Cristo está totalmente conciente de que si va a revelar los toques finales infinitamente gloriosos en la revelación, debe estar dispuesto y preparado a hacer un sacrificio infinito a causa de Su amor por nosotros. ¿Escuchan lo que les estoy diciendo? Y ese sacrificio infinito requerirá un sufrimiento infinito. Porque, queridos amigos, es muy interesante, y señalaremos esto después en nuestro seminario: Por todas las Escrituras se ve un vínculo consistente entre el sufrimiento y la gloria. ¿Captaron lo que dije? Hay un vínculo consistente entre, ¿qué? Entre el sufrimiento y la gloria. Mientras más grande sea el sufrimiento, más grande será la gloria. {CC 278.5} Mientras más grande sea el sufrimiento a causa del sacrificio propio, más grande será la gloria… hay un vínculo directo todo el tiempo. Es por eso que si Cristo va a poder revelar la gloria infinita del Padre, debe estar dispuesto a sufrir, ¿cuánto? Infinitamente. Y eso es lo que le está pidiendo al Padre que le ayude a hacer. Porque, está esperando, ¿qué evento?

El Getsemaní, y luego el terrible juicio y finalmente el Calvario.

Está encarando las últimas horas de Su vida. Y sabe que Su humanidad va a tener que tener poder divino y sobrenatural para atravesar esto, y hacer ese sacrificio infinito y experimentar ese sacrificio infinito, para que pueda revelar el carácter infinitamente glorioso del amor de Dios. inmediatamente después de la oración, en el siguiente capítulo, ¿qué leemos? Juan 18:1: “Habiendo dicho Jesús estas cosas”, y esto es en referencia a la oración en Juan 17, ¿qué hizo? “Salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos”, ¿Qué huerto era ése, queridos amigos? Ése era el huerto del Getsemaní. Y oh, hermanos, hermanas, la revelación de la gloria que vemos en Cristo al agonizar en oración, sudando gotas de sangre en ese huerto, es absolutamente, infinitamente gloriosa. Quiero que la consideremos juntos.

¿Cuál es la oración que pronuncia tres veces? Mateo 26:42: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. ¿De qué copa está hablando? Bueno, se puede leer en Apocalipsis. Es el cáliz de la ira de Dios, el cual será vaciado puro, sin mezcla, uno de estos días. {Apoc 14:10} ¿Y cuál es la ira de Dios? La ira de Dios es Su justicia en acción. ¿Cuál es la justicia de Dios? La justicia de Dios es la garantía de que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. {Gal 6:7} Es la promesa que Dios respetará nuestra elección. Ahora, Dios, misericordiosamente, no nos ha entregado inmediatamente a las consecuencias de nuestra elección. ¿Amén? Porque está esperando que pidamos perdón y corramos a Cristo, para que no tengamos que sufrir las consecuencias de nuestra elección, pero permitirá que Cristo las sufra por nosotros. ¿Cuántos dicen “amén”?

Queridos amigos, nuestros pecados deben ser castigados. La justicia de Dios lo requiere… la justicia de Dios lo requiere. Si Dios pasa por alto nuestros pecados, entonces en un sentido muy real, no ha respetado nuestra elección, ¿o sí? Y ¿quién suponen que se pondrá de pie ante todo el universo para decir: “Se los dije? Somos robots; no tenemos libre albedrío. El hombre decidió pecar y Dios ni siquiera le permite sufrir las consecuencias.” Pero amigos, por favor dense cuenta que no tenemos que sufrir las consecuencias. No tenemos que beber el cáliz de la ira. ¿Por qué? Porque Cristo Jesús la bebió por nosotros en la cruz. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Pero es sobre esto que está agonizando en el Getsemaní. Está encarando ese cáliz de ira, y está temblando en Su mano. “No estoy seguro de poder hacerlo, Padre”. Pero les pregunto, ¿está luchando con una voluntad rebelde? No, queridos amigos. ¿Por qué está luchando para tomar esa decisión? ¿Por llevarla a cabo? Porque requerirá separación del Padre; y requerirá que Él sea hecho pecado; {2 Cor 5:21} y a Su naturaleza santa le repele tanto el pecado, que la posibilidad de ser considerado como pecador y por consiguiente, estar separado del Padre es tan abrumador, que no piensa que puede hacerlo. Estos son vínculos de amor infinitos y eternos que nuestros pecados están a punto de hacer pedazos. Y todo Su ser tiembla al ver esa posibilidad, y exclama: “Padre mío, si esta copa pudiera pasar de mí… si hubiera alguna manera… pero si no la hay, la beberé”. La beberé. {Mt 26:42}

Hemos de amar a un Señor que es así, amigos. Hemos de amar a un Señor que es así.

Saben, esta noche quiero leerles uno de los pasajes más preciosos en ese libro inspirado sobre la vida de Cristo, El Deseado de Todas las Gentes. Amo este libro con todo mi corazón; amo este libro. He leído este libro tantas veces, y cada vez que lo leo, es un libro nuevo. Y cada vez que llego al final, siempre me siento impulsado a regresar al principio, y lo vuelvo a leer otra vez. Y lo recomiendo sumamente, especialmente los últimos capítulos. Éste, del cual quiero leer fragmentos, es el capítulo sobre el Getsemaní. Permítanme leerlo. Es una cita más larga de lo que acostumbro a leer, pero no hay una mejor manera de articular por lo que Jesús pasó en el huerto del Getsemaní que esto. Empieza en la página 686, y hay fragmentos de la página 690, si quieren agregárselo a su referencia. El Deseado de Todas las Gentes, 686 a 690 (del inglés).

Escuchen, y permitan que el Espíritu les hable a su corazón. Permitan que el Espíritu abra sus ojos, y contemplen la gloria, contemplen el amor desinteresado, abnegado, y sacrificado de Cristo. Y recuerden, el que ha visto a Cristo, ha visto a, ¿quién? Al Padre. Y cito: “Sentía que el pecado le estaba separando de su Padre. El abismo era tan ancho, negro y profundo que su espíritu se estremecía ante él. No debía ejercer su poder divino para escapar de esa agonía”. Pero por favor reconozcan que pudo haberlo hecho. Sigamos leyendo: “Como hombre, debía sufrir las consecuencias del pecado del hombre. Como hombre, debía soportar la ira de Dios contra la transgresión. Cristo asumía ahora una actitud diferente de la que jamás asumiera antes. Sus sufrimientos pueden describirse mejor en las palabras del profeta: ‘Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos.’ Zacarías 13:7. Como substituto y garante del hombre pecaminoso, Cristo estaba sufriendo bajo la justicia divina. Veía lo que significaba la justicia. Hasta entonces había obrado como intercesor por otros; ahora anhelaba tener un intercesor para sí.

Sintiendo quebrantada su unidad con el Padre, temía que su naturaleza humana no pudiese soportar el venidero conflicto con las potestades de las tinieblas… Mirémosle contemplando el precio que ha de pagar por el alma humana. En su agonía, se aferra al suelo frío, como para evitar ser alejado más de Dios… De sus labios pálidos, brota el amargo clamor: ‘Padre mío, si es posible, pase de mi este vaso’. Pero aún entonces añade: ‘Empero no como yo quiero, sino como tú’. Era terrible la tentación de dejar a la familia humana soportar las consecuencias de su propia culpabilidad, mientras él permaneciese inocente delante de Dios… Había llegado el momento pavoroso, el momento que había de decidir el destino del mundo. La suerte de la humanidad pendía de un hilo. Cristo podía aún ahora negarse a beber la copa destinada al hombre culpable. Todavía no era demasiado tarde. Podía enjugar el sangriento sudor de su frente y dejar que el hombre pereciese en su iniquidad. Podía decir: Reciba el transgresor la penalidad de su pecado, y yo volveré a mi Padre. ¿Beberá el Hijo de Dios la amarga copa de la humillación y la agonía? ¿Sufrirá el inocente las consecuencias de la maldición del pecado, para salvar a los culpables? Las palabras caen temblorosamente de los pálidos labios de Jesús: ‘Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad’. Salvará al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por él los millones que perecen puedan obtener vida eterna. Dejó los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cayó por la transgresión. Y no se apartará de su misión. Hará propiciación por una raza que quiso pecar. Su oración expresa ahora solamente sumisión: ‘Si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad'”.

Hemos de amar a un Dios que es así, hermanos, hermanas.

Pero ¿ven el sacrificio abnegado que se despliega aquí? Cristo pudo haberlo suspendido todo. Pudo haber regresado a Su hogar con el Padre, y dejarnos aquí para recibir nuestro merecido. Él no merecía sufrir. ¡Nosotros lo merecíamos! Pero eligió recibir lo que nosotros merecíamos, a fin de que nosotros podamos elegir recibir lo que Él merece. Hemos de amar a un Señor que es así. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Hemos de amar a un Señor que es así.

Y queridos amigos, para que no lo olvidemos, por favor escúchenlo decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. {Juan 14:9} No piensen ni por un instante que Dios el Padre no estaba sufriendo junto con Su Hijo, al pasar por esa experiencia en el Getsemaní. Él también estaba agonizando. Escuchen: El Deseado de Todas las Gentes 693, del mismo capítulo, del Getsemaní, más adelante: “Dios sufrió con su Hijo. Los ángeles contemplaron la agonía del Salvador. Vieron a su Señor rodeado por las legiones de las fuerzas satánicas, y su naturaleza abrumada por un pavor misterioso que lo hacia estremecerse. Hubo silencio en el cielo. Ningún arpa vibraba. Si los mortales hubiesen percibido el asombro de la hueste angélica mientras en silencioso pesar veía al Padre retirar sus rayos de luz, amor y gloria de su Hijo amado, comprenderían mejor cuán odioso es a su vista el pecado”.

Y queridos amigos, si piensan que eso fue fácil, que Dios retirara sus rayos de amor y luz de su Hijo, por favor piénsenlo otra vez. Y aún así, si iba a proveernos salvación, tenía que tratar a Su Hijo como nosotros merecemos ser tratados, de modo que Él pudiera tratarnos como Su Hijo merece ser tratado.

Queridos amigos, por favor sepan que nuestro Padre nos ama.

No sólo nuestro Salvador, pero Dios el Padre nos ama de igual manera que Dios el Hijo. Aquí hay otra revelación gloriosa de la abnegación de Cristo, la cual se revela al acercarse a las últimas horas de Su vida. Y se revela en la belleza y esplendor que siguen creciendo al someterse a una presión y agonía que siguen intensificándose debido a las fuerzas combinadas de hombres malos y todos los principados y potestades del reino de las tinieblas. Observen qué ocurre poco después de pronunciar esta última: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Sigamos con la historia en Juan 18:3: “Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús Nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra”.

Muy interesante; ¿qué está sucediendo aquí? ¿Qué está sucediendo aquí? Primeramente, por favor observen que la palabra “Él”, en la versión en Inglés, ha sido agregada. Yo soy “Él”; está en cursiva en sus Biblias. Esto nos señala que ha sido agregada. ¿Qué dijo Jesús en realidad cuando ellos dijeron: “A Jesús Nazareno”? Dijo, ¿qué? “YO SOY”. ¿Qué es “YO SOY”? Es el nombre de Dios. Y queridos amigos, cuando Jesús dijo eso, ¿qué hicieron ellos? Retrocedieron, y cayeron a tierra. La pluma inspirada nos dice que cuando Jesús dijo “Yo soy”, la divinidad resplandeció a través de la humanidad. ¿Qué ocurrió? La divinidad resplandeció a través de la humanidad. Vamos a la siguiente página, la 24, la segunda cita: Review and Herald, 12 de julio, 1892: “La divinidad resplandeció a través de la humanidad, y los soldados perdieron sus fuerzas ante Su presencia. Si hubiese pronunciado las palabras, doce legiones de ángeles hubiesen venido en su defensa para rescatarlo de sus enemigos, y cada uno de ellos, en aquella compañía cruel, hubiese sido destruido por su palabra. Pero no fue así. Había venido para salvar al hombre, y llevaría a cabo su propósito a toda costa. Permitió que se lo llevasen y arrastrasen de la misma manera que lo hubiesen hecho con cualquier criminal común”.

Queridos amigos, la divinidad resplandeció a través de la humanidad. Pero ¿es por causa Suya que manifiesta Su poder divino cuando dice “Yo soy”? ¿Es por causa suya? No. Si hubiera sido por causa suya, ¿qué hubiera hecho? Mientras se arrastraban por la tierra, tratando de recobrar su lucidez y su vista, ¿qué hubiera hecho? Hubiera dicho: “Escuchen discípulos, vámonos. Éste es un buen momento. Vámonos”. Pero ¿qué hace? Se queda ahí, pacientemente, esperando a que recobren su lucidez para que puedan echársele encima y atarlo. ¿Por qué hace eso, queridos amigos? ¿Por qué permite que se manifieste Su divinidad, ocasionando que los hombres caigan como muertos? Obviamente no lo hace por causa suya ¿Por qué lo hace? Lo hace por sus discípulos, lo hace por la muchedumbre, y lo hace por cada uno de nosotros que lee la historia. ¿Y qué está tratando de decirnos? ¿Qué nos está diciendo claramente? Que va a la cruz por decisión propia. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} No fue engañado; no fue vencido. Él eligió ir a la cruz. Pudo haberse ido, pero pacientemente esperó a que saltaran sobre Él y lo ataran.

Y a propósito, cuando uno de sus discípulos, Pedro, rápidamente sacó la espada, con el intento inútil de defender a su Señor, y le corta la oreja al sirviente del sumo sacerdote, ¿qué hace Jesús? Dice: “Basta ya; dejad”, {Lk 22:51} y se suelta de las ataduras como si fueran hilos de seda, y recoge la oreja y se la pone y permite que lo aten otra vez. Hemos de amar a un Señor que es así. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Cuando tiene que ver con hacer algo por otros, ejercerá Su poder, pero no por causa suya.

Ahora, imagínense a ese mismo Señor, ¿podrían hacerlo, por favor? Imagínense a ese mismo Señor, y síganlo. Síganlo en ese remedo de juicio, y vean el abuso increíble que fue derramado sobre Él. Síganlo en el tribunal de Herodes, donde hombres poseídos por demonios abundaban por doquier, escupiendo en Su cara, forzándole la corona de espinas, pateándolo, abusándolo, llamándole todo tipo de nombre. ¿Creen que pudo haber sido tentación para Él permitir que su divinidad resplandeciera sólo una vez más? ¿Creen que pudo haber sido tentación para Él? Queridos amigos, les aseguro que fue tentación para Él, más de lo que podamos comprender. Escuchen, al pie de la página 23. Comentario Bíblico, Tomo 7, página 930 (del inglés): “Cristo fue sometido a la prueba más apremiante, la cual exigió el poder de todas sus facultades para resistir la inclinación, cuando estuvo en peligro de usar su poder para librarse de la amenaza y [así] triunfar sobre el poder del príncipe de las tinieblas”. Fue una tentación increíblemente poderosa, especialmente cuando consideramos cuán ofensivo era el pecado para Su naturaleza pura y santa. Y ahí estaba, totalmente rodeado por seres humanos viles poseídos por demonios. Pero ahora no puede permitir que Su divinidad resplandezca a través de su humanidad. ¿Por qué? Porque hubiera sido por causa de, ¿quién? Por causa suya. Y debe soportar esto como hombre. Si va a compadecerse de nosotros, no puede recurrir a algo a lo cual nosotros no podamos recurrir. ¡Hemos de amar a un Dios que es así! ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} ¡

Ahora sigamos a este mismo Salvador! Por favor, sigamos a este mismo Salvador. Y consideremos la tentación que debió haber sufrido cuando lo clavaron a la cruz, y cuando levantaron esa cruz y bruscamente y cruelmente la dejaron caer en ese hueco de piedra en el Gólgota. Y a propósito, ¿qué significa Gólgota? “El lugar de la calavera”. {Juan 19:17} Cuando esa cruz cayó, la cabeza de la serpiente fue aplastada. {PK 701.3} ¿Cuántos dicen “amén”? No olviden eso; no lo olviden.

Pero, ¿qué hicieron luego? ¿Qué hicieron? Mateo 27:39: “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz”. ¿Quién estaba poniendo esas palabras en sus bocas? Satanás. ¿Pudo haber descendido Jesús de la cruz? Queridos amigos, no hubiera sido problema alguno. Si se hubieran burlado de nosotros, al estar clavados en la cruz, incitándonos a que descendiéramos de ella, ¿hubiera sido tentación para nosotros? No, ¿por qué? Porque no podríamos hacerlo. Pero ciertamente lo fue para Él. Sigamos leyendo. “De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él”. ¿Escuchan, ven el poder de esa tentación? Cristo Jesús quiere de todo corazón que Su pueblo amado y escogido crea que Él es su Rey. Y aquí Satanás está haciendo que le digan: “Escucha, si desciendes creeremos que eres el Rey”. No podemos concebir cuán poderosa fue esa tentación.

Especialmente cuando reconocemos, al tope de la página 24, El Espíritu de Profecía, Tomo 3, página 260 (del inglés): “Los judíos buscaban y esperaban que se revelase entre ellos, una Divinidad con manifestación exterior, y que por un despliegue de voluntad dominadora, cambiase la corriente de los pensamientos de los hombres y los obligase a reconocer su supremacía. Así, creían ellos, obtendría su propia exaltación y satisfaría las ambiciosas esperanzas de ellos”. Ése es el tipo de Mesías que ellos esperaban, y si Jesús hubiera hecho algo sobrenatural, como descender de la cruz, probablemente hubiera podido convencerlos de que Él era el Mesías que esperaban. Excepto que esperaban un mesías carnal, para que satisficiera sus anhelos carnales. Y Jesús había venido para ser su Mesías espiritual ¿Amén? De modo que no podía complacer esa tentación burlona.

Pero ¿saben qué dijo cuando se burlaron de Él diciendo: “Salvaste a otros, sálvate a ti mismo”? {Lc 23:35} Me lo reveló en una ocasión cuando estaba considerando esto en oración. Mediante Su Espíritu, Él causó una impresión en mi mente, de lo que dijo en Su corazón cuando ellos dijeron: “Salvaste a otros, sálvate a ti mismo”. Él dijo: “Saben que podría hacerlo, sin duda podría. Pero si lo hiciera, no podría salvarlos. Y no podría salvar a Steve”. Y podemos poner ahí nuestro nombre. No podría salvar a Steve. No podría salvar a David o a Les, o a Phil o a Jeff, o a Joel, o a Bill, o a Sue. No podría salvarlos, así que voy a escoger quedarme. Voy a soportarlo.

Hemos de amar a un Señor que es así. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Hemos de amar a un Señor que es así. Oh queridos amigos, contemplemos la gloria, contemplemos al Cordero, y al contemplarlo seremos cambiados. “Y yo, si fuere levantado de la tierra”, ¿qué? “a todos atraeré a mí mismo”. {Juan 12:32} ¿Se dan cuenta? Es el amor infinito de Dios, revelado en Cristo y en éste crucificado que gana nuestro corazón de regreso a Él. Pero eso no ocurrirá, a menos que contemplemos el amor que se revela ahí. ¿Ahora entienden mejor por qué la pluma inspirada nos exhorta a pasar una hora de meditación todos los días contemplando la vida de Cristo? Pero especialmente, ¿qué? Las últimas escenas de Su vida. {4T 374.1} Amigos, ahí se encuentra el mayor poder que atrae. Por favor, contemplen la revelación gloriosa para que la restauración gloriosa se lleve a cabo. Dios no permita que todo eso se haya hecho en vano por alguien aquí esta noche. ¿Nos ponemos de pie para orar?

Dios Padre, te agradezco tanto por revelarnos Tu gloria, a fin de que ahora puedas restaurar la gloria en nosotros, mientras elegimos cooperar contigo, al contemplar al Cordero que fue inmolado. Fija nuestros ojos en Jesús, es nuestra oración, en el nombre de Jesús. Amén.

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