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Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Durante la siguiente hora exploraremos tanto nuestro privilegio como nuestra responsabilidad de asemejarnos al carácter de Cristo. Acompáñenos en esta poderosa hora de renovación personal mientras el Pastor Stephen Wallace nos lleva “De Gloria en Gloria”.

Gracias por elegir venir esta noche a fijar sus ojos en Cristo. Es un privilegio estudiar con ustedes. Alabo a Dios por haberme dado esta oportunidad. Hemos avanzado lentamente, pero espero que haya sido un progreso seguro en el estudio de la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Hemos estado estudiando algunos… conceptos dobles.

Primeramente, enfoquemos nuestros pensamientos, antes de tener nuestra oración. Hemos estado considerando la misión doble para la cual el Padre envió a Cristo al planeta Tierra. Alumnos, anímenme, ¿cuál era esa misión doble? De revelar la gloria de Dios al hombre y ¿qué más? Restaurar la gloria de Dios en el hombre. Y recuerden, la restauración depende de la revelación. Sólo al contemplar podemos ser cambiados. ¿Cumplió Su misión exitosamente? ¿Esa misión doble? Sí;

¿Qué le dijo al Padre con Su último aliento de vida? Consumado es {Juan 19:30}; misión cumplida. Lo logré – todo lo que me enviaste a hacer. Lo logré, con propiedad. Y era una misión doble. Y pudimos ver muy fácilmente cómo cumplió la primera etapa, al momento de Su muerte, la etapa de la revelación, pero fue un poco más desafiante entender cómo también cumplió la segunda etapa. Pero llegamos a reconocer que cumplió la etapa de la restauración en dos maneras. Ahora, ¿alguien recuerda las dos maneras en las que cumplió aún la segunda etapa?

Número uno: Restauró plenamente la gloria de Dios en el hombre, al hacerlo en sí mismo como el Representante del hombre. ¿Amén? {Amén}

En segundo lugar: también al momento de Su muerte, ciertamente por virtud de Su muerte, brindó una condición completa y absoluta por la cual Su gloria pudiera ser restaurada en nosotros por causa suya.

Esas fueron las dos maneras, ¿las recuerdan? Por nuestra causa, restauró la gloria de Dios en sí mismo, y brindó una condición completa y absoluta por la cual Su gloria pudiera ser restaurada en nosotros por causa suya. Esas son las dos maneras. Ahora, aquí hay otro concepto… doble. ¿Cuál es la condición doble, la condición doble de gracia absoluta, por la cual Su gloria podría ser restaurada en nosotros por causa de Cristo? ¿Cuál es? ¿Cómo está simbolizada, poco después de esa exclamación de victoria?

Está simbolizada en la sangre y el agua que fluyeron de Su costado abierto. Sí recuerdan todo esto, ¿verdad? Necesito retroceder para que repasemos un poco, no quiero que perdamos el enfoque por estar analizándolo tan profundamente. Hemos estado estudiando esa provisión doble de gracia. Y anoche, en nuestro último estudio, llegamos a reconocer que mediante la sangre somos ¿qué, alumnos? Justificados. Y tratamos de entender, tratamos de entender lo que eso significa, al preguntarnos qué se requiere de nosotros para ser justificados. Fue un estudio muy importante… muy importante. Pero se nos fue el tiempo y ahora necesitamos desarrollar este concepto un poco más, y entonces seguiremos adelante. Pero antes de seguir adelante, ¿para qué debemos pausar? Debemos pausar para invitar al Espíritu de Dios a estar con nosotros. Por favor, personalmente inviten al Espíritu de Dios a entrar a sus corazones y al orar, por favor acuérdense de mí; anhelo sus oraciones.

Padre nuestro que estás en los cielos, vengo en el nombre de Cristo Jesús, el Señor, nuestra Justicia. Vengo con regocijo por el acceso que mi Intercesor nos concede. Gracias, porque podemos atrevernos a venir ante Tu presencia, por causa de Su mérito. Reconocemos abiertamente que no somos dignos de que nos concedas una audiencia contigo, pero el Cordero es digno. Y Padre, venimos a agradecerte por el privilegio de estar reunidos otra vez con el propósito de estudiar Tu Palabra. Pero Padre, nos hemos reunido en vano, a menos que bondadosamente derrames Tu Espíritu sobre nosotros. Las cosas espirituales solo se comprenden espiritualmente. Y Padre, no sólo queremos captar la verdad con el intelecto, queremos abrazarla con las emociones, y queremos someter nuestra voluntad a ella para que podamos experimentar en nuestras vidas su poder santificador y liberador más plenamente que en el pasado. Queremos ser más como Jesús como resultado de haber estudiado Su Palabra esta noche. Así que mediante el Espíritu de Cristo, el Espíritu de verdad, por favor hazlo posible. Primeramente hazlo posible al permitir que sobrenaturalmente proclame la verdad, y solamente la verdad, la verdad que está en Jesús. Y luego, también hazlo posible al permitir que cada uno de los que estamos aquí, no sólo entienda la verdad, sino, más importante aún, que elija estar bajo la verdad – ceder a ella, y permitir que haga su voluntad en nuestra vida – para que mediante la verdad podamos ser formados y moldeados y diseñados a la semejanza de Aquel quien es la Verdad. Por favor Padre, aseméjanos más a Jesús por haber estado aquí, es nuestra oración en Su nombre, amén.

Abran sus carpetas a la página… bueno, en realidad no terminamos la lección 11, así que estamos probablemente en la página 26, ¿verdad? La base por la cual somos justificados, ¿cuál es, queridos amigos? Debemos ser ¿qué? “Hacedores de la ley”. Sólo “los hacedores de la ley serán justificados.” Romanos 2:13. Y aunque eso suena un poco como legalismo, les aseguro que no lo es – no hasta este momento. ¿Cuándo es que entramos en legalismo? Entramos en legalismo cuando nosotros mismos tratamos de cumplir la demanda. Pero amigos, la demanda debe cumplirse para que seamos justificados. Dios no justifica a nadie a costa de la ley. Es por eso que las Escrituras dicen que Él es el justo {Za 9:9} y el que justifica {Rom 3:26}. Todo lo que Él hace honra la ley. De hecho, el mayor halago que recibió la ley fue la vida y la muerte de Cristo Jesús. Vivió una vida de perfecta obediencia y después murió, hizo ese sacrificio infinito, para elevar y honrar la ley de Dios. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Eso es lo que se necesitaba para honrar la ley y a la misma vez salvarnos. El mayor halago que la ley jamás haya recibido, fue Cristo crucificado.

Entonces, ¿cómo somos justificados? Mediante la fe en la sangre, la sangre de Jesús, la cual representa dos cosas. ¿Cuáles son? Ahora sí anímense. La muerte sacrificial de Cristo y la vida sustitutoria de Cristo. ¿Verdad? La vida en la sangre está; pero el derramamiento de sangre representa la muerte de Cristo. De modo que la sangre de Cristo encierra tanto su muerte sacrificial como su vida sustitutoria, esa vida de perfecta obediencia. ¿Cuán perfecta fue Su vida? Fue infinitamente perfecta. La pluma inspirada nos dice que Cristo reveló un carácter infinitamente perfecto. {6T 59.3} Por lo tanto, esa vida infinitamente perfecta cumplió la norma infinita de la ley de Dios, la cual es el trasunto del carácter de Dios. Recuerden, en esencia la ley de Dios dice, cuando lo resumimos: “Sed, pues, vosotros perfectos,” ¿cuán perfectos? “como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” {Mt 5:48} Y en realidad, es de esperarse de aquello que es el trasunto del carácter de Dios. Por supuesto que será una norma infinita. Por supuesto que demandará una perfección igual a la de Dios. ¿Podemos nosotros mismos ofrecer dicha perfección? No… no. “Por cuanto todos pecaron, y” ¿qué? “están destituidos de la gloria de Dios”. “…están destituidos de la gloria de Dios”. {Rom 3:23}

¿Es eso cierto aún del santo más santificado? Oh queridos amigos, ciertamente lo es. Y el santo más santificado es el primero en reconocerlo. Una y otra vez la pluma inspirada nos dice que mientras más nos acercamos a Cristo, más vemos nuestros errores, defectos e imperfecciones. {SC 64.2} ¿Amén? {Amén} Así es. Observen a los hombres más piadosos de las Escrituras, y son los que tienen la opinión más humilde de sí mismos, y los que están más plenamente conscientes de sus deficiencias. De modo que no importa cuán santificados seamos, queridos amigos, nunca tenemos dentro de nosotros mismos aquello que es adecuado para cumplir la norma infinita y justificarnos a nosotros mismos. Entonces, ¿dónde vamos a encontrarla? Sólo en Cristo Jesús. Y se vuelve nuestra al poner nuestra fe en la sangre de Cristo. ¿Amén?

Y cuando lo hacemos, ¿qué hace Dios el Padre por nosotros? Tengo que leer esto otra vez. Lo leímos rápidamente en los minutos finales de nuestro último estudio. El Camino a Cristo, página 62. Se encuentra al pie de la página 26, en el tercio inferior. “No tenemos por nosotros mismos justicia con qué cumplir lo que la ley de Dios demanda. Mas Cristo nos ha preparado una vía de escape.” ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} ¿Cómo lo hizo? Primeramente, ¿qué hizo? “Vivió sobre la Tierra en medio de pruebas y tentaciones tales como las que nosotros tenemos que enfrentar. Sin embargo, su vida fue impecable.” ¿Y por quién vivió esa vida impecable? Por nosotros. Y al final de esa vida impecable, ¿qué hizo? Sigamos leyendo: “Murió por nosotros”. Así que primeramente, vivió una vida impecable por nosotros y después ¿qué? Murió por nosotros – y ahora ¿qué nos ofrece? Escuchen: “Y ahora ofrece quitarnos nuestros pecados y vestirnos de su justicia.” ¿Es ése un buen trato, amigos? {Amén} No podría ser mejor. Ofrece quitarnos nuestros pecados y vestirnos de su justicia. Sin embargo, hay una condición, escuchen: ¿Cuál es? “Si os entregáis a él y lo aceptáis como vuestro Salvador,” ¿Es eso pedir mucho? Oh amigos, mil veces no. “Si os entregáis a él y lo aceptáis como vuestro Salvador, por pecaminosa que haya sido vuestra vida, seréis”, ¿qué? “contados entre los justos por consideración a Él.” Ahora, ¿por qué dice “seréis contados entre los justos”? Porque en realidad no lo somos. En realidad no lo somos. ¿Partiendo de qué base somos contados entre los justos? Escuchen la siguiente oración: “El carácter de Cristo toma el lugar del vuestro, y vosotros sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado.” ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Alabado sea Dios por el Evangelio, ¿amén? {Amén}

Porque ese carácter, el carácter de Cristo es el único carácter que cumple la norma infinita. Cristo reveló un carácter infinitamente perfecto. ¿Tendría Él una perfección de carácter tal que cumpliría la norma infinita? ¿La tendría? Sí, por supuesto. ¿Cumplió Su carácter con el trasunto del carácter de Dios? Sí, por supuesto. Las Escrituras dicen que era el resplandor de la gloria de Su Padre. {Heb 1:3} Él dice: “El que me ha visto a Mí”, ¿qué? “ha visto al Padre.” {Juan 14:9} Sólo Él tiene una perfección de carácter que cumple la norma infinita. Y queridos amigos, la única forma en la cual podemos cumplir la norma infinita, la cual debemos cumplir si hemos de ser justificados, es por la fe en la sangre de Jesús. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Ese carácter infinitamente perfecto de Cristo Jesús es un crédito en nuestra cuenta en los registros del cielo. Eso es lo que ella quiere decir cuando dice que el carácter de Cristo toma el lugar del nuestro. Es un crédito en nuestra cuenta. Se nos atribuye como si fuera nuestro. Y partiendo de esa base somos contados entre los justos.

Con razón David dice en Salmos 3, versículo 3: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza.” ¿Qué es Jesús? ¡Es nuestra gloria! ¿Amén? {Amén} No tenemos gloria suficiente en nosotros mismos para cumplir la norma infinita, pero la tenemos en Jesús; regocijémonos en eso. Regocijémonos en eso. Review and Herald, 4 de julio, 1912: “Cristo vino a este mundo para vivir una vida de perfecta obediencia a las leyes del reino de Dios. Vino a elevar y ennoblecer a los seres humanos, a fin de obrar por ellos una justicia duradera. … En Él…” ¿En dónde, amigos? “En Él se encuentran todas las excelencias necesarias para la perfección absoluta del carácter.” ¿Qué demanda la ley? Una perfección absoluta del carácter. ¿En dónde vamos a encontrarla? ¿En nosotros mismos? ¿En dónde vamos a encontrarla? ¡En Él! Y el título de la lección de esta noche es: “Justicia de Dios…” ¿En quién, amigos? “En Él.” {2 Cor 5:21} En Él tenemos la justicia que nos justificará. Ciertamente, en Él. En la siguiente página, página 27, justo antes de la lección 12: Manuscritos Liberados, Tomo 9, página 319; ¿la ven? “Nada, nada excepto la justicia de Cristo puede darnos derecho a las bendiciones reservadas para los redimidos.” ¿Qué es lo único que nos dará derecho a la vida eterna? La justicia de Cristo, queridos amigos.

Pero ahora presten atención, entiendan esto. La justicia de Cristo acreditada a nuestra cuenta nos da derecho a ir al cielo. Pero amigos, si vamos a entrar al cielo, no sólo necesitamos un derecho, ¿qué necesitamos? Una idoneidad. Oh, aquí estamos haciendo una transición muy importante. Por favor entiendan esto. Si vamos a entrar al cielo, no sólo tenemos que ser contados entre los justos, mediante la justicia imputada de Cristo, también debemos ser vueltos santos mediante la justicia impartida de Cristo. Y acabo de usar unos términos con los cuales quizás no estén muy familiarizados, pero los explicaremos, así que no se alarmen. Por favor entiendan que Cristo sufrió la agonía del Calvario no sólo para que fuéramos contados entre los justos, sino también para hacernos santos. ¿Están siguiendo esto? En otras palabras, podemos decirlo de esta manera: A un precio infinito brindó condiciones mediante las cuales no sólo pudiéramos ser justificados, sino también ¿qué? Santificados. Somos justificados por la sangre; somos santificados por el agua. Es por eso que no sólo vemos sangre fluir del costado abierto de Cristo, sino ¿qué más? ¡Agua! Porque, queridos amigos, no sólo necesitamos la sangre para ser justificados, también necesitamos el agua para ser santificados.

Ahora, lo que debemos hacer esta noche es unir estas dos inseparablemente. Quiero que consideremos el agua y lo que representa, pero antes de seguir adelante, tenemos que tener la seguridad de que todos entendemos que aunque estas dos condiciones pueden y deben distinguirse, nunca pueden ¿qué? Separarse. Quiero repetir eso: Aunque pueden y deben distinguirse, nunca pueden ¿qué? Separarse. Son parte de un paquete. Y la misma fe, escúchenme, la misma fe que acepta la sangre en la justificación también aceptará el agua en la santificación. La misma gracia que nos da un derecho para ir al cielo, también nos dará una idoneidad para vivir en el cielo. ¿Decimos “amén”? {Amén} Y esas condiciones no pueden ser separadas. No pueden ser separadas.

Ahora, el estudio de esta noche se titula: “La Justicia de Dios en Él”. Y obtenemos ese título de 2 Corintios 5:21: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador”, ¿a quién? “a Él.” ¿Qué tipo de justicia necesitamos para ser justificados? La justicia de Dios. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, {Mt 5:48} es la demanda de la ley, y, sólo “los hacedores de la ley serán justificados.” {Rom 2:13} De modo que tenemos que tener la justicia de Dios, ¿amén? ¿Dónde la tenemos? ¿En nosotros mismos? No, ¡en Él! ¿Amén? “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.”

Escuchen esta declaración extraordinaria, Mensajes Selectos, Tomo 1, página 396: “Mediante su perfecta obediencia, Cristo ha satisfecho las demandas de la ley y mi única esperanza radica en acudir a Él como mi sustituto y garantía, quien obedeció la ley perfectamente por mí. Por fe en Sus méritos, estoy libre de la condena de la ley. Me reviste con Su justicia, que responde a todas las demandas de la ley. Estoy completo en Aquel que produce la justicia eterna.” ¡Maravilloso! Ésa es una poderosa verdad del Evangelio, declarada poderosamente. Queridos amigos, por favor, cuando escuchen a alguien tratar de acusar a la mensajera del Señor, en este tiempo del fin, de ser legalista, simplemente ignoren esas acusaciones. Y pueden compartir declaraciones como ésta. Todo salvo un legalista; ¿cuántos dicen “amén”? {Amén} Aquí no hay ni un rastro de justicia por obras, ninguno.

Colosenses 2:9 habla de que somos completos en Él, en estos términos: “Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo, y en Él que es la cabeza de todo poder y autoridad ustedes han recibido su plenitud.” En Cristo tenemos la justicia de Dios porque toda la plenitud de la Deidad habitaba en Él, ¿cómo? ¡corporalmente, corporalmente! Y somos completos en Él; somos completos en Él. Sin embargo, por favor entiendan que si estamos en Cristo, entonces Cristo debe también estar en nosotros. ¿Entienden? Éste es un concepto muy importante. Es imposible que estemos en Cristo, por fe, a menos que también permitamos que Cristo esté en nosotros por fe. Es por eso que la justificación y la santificación son ¿qué? Inseparables. Somos justificados en Cristo. Si Cristo está en nosotros somos ¿qué? Santificados. “Que es Cristo en vosotros, la esperanza de”, ¿qué? “gloria.” {Col 1:27} Oh, ¿han escuchado esta palabra antes? Usen su clave. ¿Cómo somos cambiados de gloria en gloria? Por el Espíritu de Cristo que mora en nosotros. Y eso es lo que nos santifica, queridos amigos. Eso es lo que nos prepara para la ciudadanía del cielo. Obtenemos una solvencia moral, una idoneidad para vivir allá por la obra del Espíritu Santo que nos transforma por la renovación de nuestras mentes. {Rom 12:2} Esto es simplemente esencial, si es que de verdad vamos a llegar al cielo, así como también lo es la justificación. ¿Decimos “amén”? {Amén} La santificación es tan importante como la justificación, si es que hemos de llegar al cielo. Si hemos de llegar al cielo, necesitamos tanto una idoneidad moral como un derecho legal. Todo es parte del paquete. No podemos separarlas.

Observen cómo están ligadas en esa declaración que leímos antes. El Camino a Cristo {p. 62}, y quiero llevarles a la siguiente oración, en el siguiente párrafo. Al pie de la página 27: “Si os entregáis a él y lo aceptáis como vuestro Salvador, por pecaminosa que haya sido vuestra vida, seréis contados entre los” ¿qué? “entre los justos por consideración a Él”; ¿partiendo de qué base? “El carácter de Cristo toma el lugar del vuestro, y vosotros sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado.” Hasta aquí hemos leído, ¡pero observen la siguiente oración! “Más aún, Cristo cambia el corazón.” ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Mediante Cristo, Dios está interesado no sólo en cambiar nuestra posición legal, está interesado en cambiar nuestra condición moral. ¿Seguimos esto? En otras palabras, quiere no sólo contarnos entre los justos, también quiere hacernos santos. Quiere darnos no sólo el derecho de ir al cielo, también quiere ayudarnos a desarrollar ¿qué? Una idoneidad para el cielo. ¿Seguimos todos esto? Es por eso que tenemos esta pequeña y extraordinaria oración. “Más aún, Cristo”, ¿qué? “cambia el corazón.” Cristo cambia el corazón.

Queridos amigos, por favor analicemos ahora la naturaleza inseparable de la justificación y la santificación. Y la declaración que quiero que tratemos esta noche es tan profunda, tan protectora, tan equilibrada, que nos protegerá, si se lo permitimos, nos protegerá de los fosos a ambos lados del camino recto y angosto de la verdad que conduce al reino. Ahora, ¿de qué estoy hablando? Ustedes saben que hay un camino recto y angosto de la verdad, que conduce al cielo, ¿verdad? La Biblia habla de esto. {Mt 7:14} Pero por favor, adviertan que hay fosos profundos en ambos lados, y orillas muy resbalosas que conducen a ellos. Y es tan fácil, y estamos tan predispuestos a deslizarnos hacia cualquiera de los fosos. Y como pueblo, tenemos el gran desafío de quedarnos en el camino recto y angosto.

¿Cuáles son estos dos fosos de los que les estoy advirtiendo? ¿Cuál es este foso de acá? ¿En qué foso nos encontramos acá? ¿Cómo se llama? Está a la derecha, a mi derecha. ¿Cómo se llama? Es la derecha radical; se llama legalismo. ¿Me están siguiendo? Legalismo. ¿Cómo se llama este foso de acá? Es la izquierda liberal. Teológicamente se llama “antinomianismo”; No se asusten. “Anti” es simplemente el prefijo que significa “contra”. “Nomos” es la palabra griega que significa “ley”. De modo que ¿quién suponen que es un “antinomiano”? ¿Un “antinomianista”? Alguien que está en contra de la ley.

El “antinomianismo” básicamente enseña que Cristo anuló la ley en la cruz, y que ya no tenemos que preocuparnos por la obediencia porque la ley ya pasó a la historia. Está muy cerca de la enseñanza de una vez salvado, siempre salvado. El legalismo, ¿cuál es el problema del legalismo? Bueno, el legalista quiere ganarse la salvación, y por lo tanto quiere que su obediencia sea meritoria. Después de todo, ha sido muy difícil obligarse a obedecer. Y a propósito, si no estamos motivados por el amor, la obediencia se vuelve una tarea ardua. ¿Me están escuchando, legalistas? Tienen que apretar los dientes y forzarse a obedecer, y lo van a hacer aunque les cause la muerte porque “tienen que ir al cielo.” Y simplemente no hay gozo en ese tipo de experiencia, pero van a hacerlo porque tienen que ganar suficientes puntos para llegar allá. Pero, es cuestión de orgullo; es cuestión de orgullo. Permítanme de verdad simplificarlo para ustedes, ¿está bien? El legalismo, en resumidas cuentas: el legalista quiere llegar al cielo mediante su obediencia, su propia obediencia. Es mediante su obediencia que el legalista quiere llegar al cielo. ¿Me están siguiendo? En resumidas cuentas, el “antinomiano” quiere llegar al cielo sin la obediencia. ¿Les parece fácil de entender? ¿Estamos todos juntos en esto? El “antinomiano” quiere llegar al cielo, ¿cómo? Sin la obediencia. El legalista quiere llegar al cielo mediante su propia obediencia. Y saben, es fascinante al ver estos dos grupos, Y a propósito… en nuestra iglesia amada, los conflictos más intensos inevitablemente son entre los legalistas y los “antinomianos”. Y cualquier pastor aquí presente sabe de lo que estoy hablando. Y siempre están enfrentados. Y en el proceso de tratar de desequilibrar al otro, se entierran más profundamente en sus propios fosos. Es aterrador; se ve todo el tiempo, todo el tiempo.

Pero saben, a pesar del hecho de que siempre están enfrentados, es extraordinario que hay muchas similitudes entre los dos. En realidad las hay. ¿Qué quiero decir? Bueno, el “yo”, esto es lo común, lo común en ambos. El legalista, ¿cuál es su problema con el “yo”? Bueno, están interesados en glorificarse a sí mismos. Quieren llevarse el crédito por su salvación, así que se han inventado un evangelio falso que les permite ganarse la salvación, y por consiguiente pueden llevarse el crédito. Es cuestión del ego, glorificación del yo. ¿Cuál es el problema del “yo” acá con los “antinomianos”? …los que están en este foso. Y por supuesto ustedes saben que no los estoy juzgando, es simplemente una ilustración. ¿Cuál es el problema del “yo”, en este lado? Es la gratificación de uno mismo. Es ¿qué? La gratificación de uno mismo. Esta gente quiere dar complacencia a sus pecados favoritos. ¿Me están siguiendo? Siguen aferrados, y entonces ¿qué han hecho? Se han inventado un evangelio falso que les permite pensar que son salvos, mientras siguen pecando. ¿Escucharon esto? Es cierto, es cierto.

Hay otra cuestión que es común: el orgullo, el orgullo. Esta gente está orgullosa de lo que hace para llegar al cielo. Esta gente está orgullosa de lo que no hace para llegar al cielo. Sí, esto es cierto. Y saben queridos amigos, esta noche estoy aquí para decirles que al diablo no le importa en qué foso estamos. Lo único que le preocupa es mantenernos fuera del camino recto y angosto. Y también estoy aquí para decirles que no hay muchos en el camino recto y angosto. Pero estoy aquí para decirles que ya es hora de salir de nuestros fosos y andar por el camino recto y angosto. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Oh, hermanos, estamos llegando a la meta, y no podemos seguir revolcándonos en ninguno de los fosos. ¿Decimos “amén”? {Amén} Tenemos que salir de estos fosos, y andar por el camino recto y angosto y seguir a Jesús, si es que vamos a llegar al cielo. Y es particularmente importante para nosotros salir de estos fosos al acercarnos a la meta. ¿Por qué? Bueno, porque otra vez va a ocurrir lo que una vez ocurrió en el pasado, en el tiempo de Cristo.

¿Han escuchado hablar de los Saduceos y los Fariseos? En el tiempo de Cristo, ¿quienes estaban continuamente enfrentados? Los Saduceos y los Fariseos. Todas las controversias más amargas eran entre los Saduceos y los Fariseos. Y ésta es simplemente la versión antigua de los legalistas y los “antinomianos”. A propósito, si tuviéramos suficiente tiempo sería fascinante compartir con ustedes cómo los “antinomianos” de hoy en día son directamente una versión moderna de los viejos Saduceos. Es fascinante… fascinante. Pero no tenemos suficiente tiempo. Ahora, siempre estaban enfrentados hasta que se propusieron hacer ¿qué? Deshacerse de Cristo Jesús, cuyo caminar recto y angosto era una condena para ambos. ¿Me están escuchando? Y lo odiaban debido a eso. Y su odio común por Cristo Jesús ocasionó que se unieran para conspirar contra Él. Dejaron sus diferencias a un lado para deshacerse de Jesús. ¿Me están escuchando?

Y queridos amigos, vamos a ver eso otra vez. De hecho, ya lo estamos viendo. ¿Han escuchado que el Catolicismo Romano y el Protestantismo apóstata están uniendo el abismo que una vez los dividía? ¿Con qué propósito? Esta vez con el propósito de deshacerse de la novia de Cristo. ¿Cuántos dicen “amén”? Lo estamos viendo ahora, queridos amigos. Es una de las señales de los tiempos más seguras. Esas divisiones profundas ahora se están enmendando entre el Catolicismo Romano y el Protestantismo apóstata. Y a propósito, ¿cuál es el tercer componente? El Espiritismo. Ésta es la trinidad malvada que se opondrá vehementemente a la novia de Cristo y tratará de crucificarla, así como los Saduceos y los Fariseos crucificaron a Cristo bajo influencias demoníacas de los poderes del mal. No hay nada nuevo bajo el sol, ¿no es así? Es precisamente por esta razón que es absolutamente imperativo que salgamos y nos mantengamos afuera de cualquiera de los dos fosos. ¿Amén? {Amén} Que salgamos y nos mantengamos fuera de cualquiera de los dos fosos.

Y es aterrador queridos amigos, lo que tengo que decir, no me gusta hacerlo, porque no quiero siquiera dar la impresión que tengo algo en contra de esta iglesia amada, pero aunque amo tanto a esta iglesia, tengo que ser muy franco con respecto a su condición. Porque hay muchos dentro de nuestra iglesia amada que inconscientemente son animados por el mismo espíritu de ya sea el Catolicismo Romano o el Protestantismo apóstata… porque están ya sea en el foso del legalismo o en el foso de una gracia barata. Oh hermanos, necesitamos salir de nuestros fosos. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Necesitamos salir de nuestros fosos.

Ésta es la razón por la cual necesitamos analizar esta declaración extraordinaria. Es tan protectora, tan equilibrada, y nos mantendrá en el camino recto y angosto si llegamos a entenderla. Analicémosla juntos. Se encuentra en el libro La Fe por la cual Vivo, página 116. Se encuentra al principio de la página 28. También se encuentra en Mensajes para los Jóvenes, página 35. Si tienen uno de estos dos libros, ahí la encontrarán. O pueden leerla en las copias que repartimos. Se las voy a leer, y después la analizaremos. “La justicia por la cual somos justificados es”, ¿qué, alumnos? “imputada”. “La justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra”, ¿qué? “idoneidad para el cielo.” Esta declaración es tan profunda. Tan equilibrada. Tan protectora. Si tan sólo pudiéramos entender esta verdad, nos ayudaría en gran manera a mantenernos en el camino recto y angosto y fuera de ambos fosos. Analicemos esto juntos; por favor traten de entenderlo. Por favor observen que tanto nuestro derecho como nuestra idoneidad se encuentran en la justicia de Cristo.

El Deseado de Todas las Gentes, página 300: “El corazón orgulloso lucha para ganar la salvación; pero tanto nuestro derecho al cielo como nuestra idoneidad para él, se hallan” ¿dónde? “en la justicia de Cristo.” Pero por favor observen con atención; observen con atención: La justicia de Cristo nos es dada de una manera diferente en cuanto a darnos el derecho al cielo, y en cuanto a hacernos idóneos para el cielo. ¿Se dieron cuenta? ¿Cómo nos es dada la justicia de Cristo para justificarnos? ¿…para darnos el derecho al cielo? Es ¿qué? Imputada. ¿Cómo nos es dada la justicia de Cristo para santificarnos? ¿…para darnos una idoneidad para el cielo? Es ¿qué? Impartida. ¿Está bien? ¿Quedó claro? Para ser justificados debemos tener la justicia imputada de Cristo, y ése es nuestro derecho al cielo. Para ser santificados debemos tener la ¿qué? La justicia impartida de Cristo, y ésa es nuestra idoneidad para el cielo. Ahora, estas dos provisiones de gracia deben distinguirse claramente, pero nunca deben ser, ¿qué alumnos? Separadas! …nunca deben separarse.

Bien, vamos a asegurarnos de que lo entendemos. Primeramente, la justicia por la cual somos justificados es imputada. ¿Qué significa ser justificado? Espero que lo entiendan porque ya lo estudiamos. Aquí les doy unas definiciones muy concisas: Justificar: perdonar, declarar o ser contado como justo. ¿Está bien? Eso es lo que significa ser justificado. La justicia por la cual somos santificados es, ¿qué? Impartida. ¿Qué significa ser santificado? Esencialmente, ser santificado es ser hecho santo, hacer santo… restaurar a la semejanza de Dios. ¿Está bien? Ahora, por favor veamos estas palabras: imputar e impartir. Cuando imputamos algo, ¿cómo se lo damos a alguien? Cuando imputamos algo, ¿cómo se lo damos a alguien? Definición: Acreditar o atribuir a la cuenta de uno lo que justamente le pertenece a otro. A propósito, esto lo saqué de un diccionario que Elena de White tenía en su biblioteca. Quería ver la definición que pudo haber buscado, y esto fue lo que encontré. “Acreditar o atribuir a la cuenta de uno lo que justamente le pertenece a otro.” Esto es lo que significa imputar. ¿Lo están siguiendo? Entonces la imputación es algo objetivo, está fuera de nosotros. Es acreditada a nuestra cuenta.

Es de la imputación de lo que Elena de White hablaba en El Camino a Cristo, página 62, cuando dijo: “El carácter de Cristo toma el lugar del vuestro”. ¿Dónde se hace? Se hace en los registros del cielo. Es acreditado a nosotros; es atribuido a nosotros como si fuera nuestro. ¿Está bien? Ahora, esto nos da derecho al cielo – justificación. La justicia imputada nos da derecho al cielo. ¿Qué es un derecho? Es una “facultad legítima de posesión, título justo o facultad. Lo que concede facultad legítima de posesión.”

Ustedes saben que si en un momento de debilidad queremos comprar un automóvil nuevo, pero no tenemos dinero, vamos al banco y sacamos un préstamo. Y ellos con mucho gusto nos lo dan con cierta tasa de interés predeterminada, y además, sólo para asegurarse que van a recibir su dinero, ¿qué hacen? Se quedan con el título. En el pasado de hecho se quedaban con él. Ahora sólo le imponen un derecho de retención. Pero en el pasado de hecho se quedaban con el título. Y uno no recibía el título, ese documento que dice que uno es el dueño legítimo del automóvil, ¿hasta cuándo? Hasta que uno saldaba la cuenta. Entonces el banco le daba a uno el título, y uno tenía un documento que decía que el automóvil era suyo.

Ahora, la justificación, la justicia imputada de Cristo, nos da derecho a la vida eterna, al cielo. Pero queridos amigos, ¿quién ha saldado esa cuenta? ¿Nosotros? No, la vida y muerte de Cristo Jesús nos han comprado la vida eterna. ¿Amén? {Amén} Ésta es precisamente la razón por la cual, aunque la paga del pecado es la muerte, el regalo de Dios es ¿qué? La vida eterna. {Rom 6:23} Lo único que en realidad hemos ganado es, ¿qué? Muerte eterna – porque todos pecaron. {Rom 3:23} Y lo que merecemos, como pecadores, es muerte eterna. De modo que tengan cuidado. Tengan cuidado en no insistir en recibir lo que merecen, o en ganarse algo. Porque si insisten en ganarse algo, tendrán que ¿qué? Morir… eternamente.

Sólo Cristo Jesús, por sí mismo, ganó la vida eterna para nosotros, mediante Su vida y muerte. ¿Decimos “amén”? {Amén} Y sólo puede recibirse como un regalo mediante la fe en la sangre de Jesús. ¿Estamos todos siguiendo esto? …sólo mediante la fe en la sangre de Jesús. Ahora vayamos a “impartir”. Ésa es la base mediante la cual recibimos… Así es como recibimos la justicia que nos santifica. Es mediante la impartición. Cuando impartimos algo, ¿cómo lo impartimos? “Impartir: Dar u otorgar una porción de algo; hacer a alguien partícipe de algo.” Cuando impartimos algo, en realidad se lo damos a la persona, de modo que esa persona lo recibe, y participa de ello. Forma parte de la persona. Y a propósito, aquí hay una pequeña clave que quizás les ayude a entender estas palabras:

En imputar tenemos el concepto de: PONER, esto nos ayuda a entender lo que significa imputación. Lo que se imputa es lo que se pone en nuestra cuenta.

Impartir: PARTE, esto nos ayuda a entender lo que significa. Cuando algo se nos imparte, forma parte de nosotros. ¿Es esto útil?

Forma parte de nosotros; está situado en nuestro interior. Aquello que se imputa cambia nuestra posición legal. No se pierdan, alumnos, esto es importante. Aquello que se imputa cambia ¿qué? Nuestra posición legal. Aquello que se imparte cambia ¿qué? Nuestra condición moral. ¿Estamos todos juntos en esto? Cambiar nuestra posición legal mediante la justicia imputada de Cristo significa ser justificados. Cambiar nuestra condición moral mediante… Perdón, ¿dije impartida? Cambiar nuestra posición legal mediante la justicia imputada de Cristo significa ser justificados. Cambiar nuestra condición moral mediante la justicia impartida de Cristo significa ¿qué? Ser santificados. ¿Seguimos el desarrollo?

Ahora, por favor dense cuenta de que la imputación de la justicia de Cristo en nosotros, es posible sólo por lo que ya sucedió en la cruz. Ahora sigan este concepto, queridos amigos. Permítanme hacerles esta pregunta: ¿Qué le da el derecho a Dios de imputarme a mí lo que Cristo hizo, y por consiguiente justificarme? ¿Qué le da el derecho a hacer eso? ¿A justificarme a la vida eterna? ¿Qué le da el derecho a hacer eso? Lo que hizo en la cruz. ¿Qué hizo en la cruz? Tomó todos nuestros pecados y se los imputó a Cristo, y por consiguiente lo condenó a Él. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Esto es un hecho histórico, esto ya sucedió. ¿Qué sucedió en la cruz? Todos nuestros pecados fueron imputados. Fueron ¿qué? Fueron imputados, fueron acreditados, fueron atribuidos a Cristo Jesús. Y Él, a causa de nuestros pecados imputados, fue condenado a ¿qué? A la muerte. Y porque Dios ya hizo eso, ahora a quienquiera que venga al pie de la cruz y acepte a Cristo por fe, Dios puede completarle el intercambio.

¿Y cuál es la segunda mitad? A aquellos que acepten la sangre de Cristo por fe, Dios puede tomar Su justicia, la justicia de Cristo, e imputársela al creyente y por consiguiente justificarlo o justificarla. ¿Ven cómo funciona? Hay imputación en ambos lados de la transacción. Observen como la pluma inspirada habla de esto tan claramente. Signs of the Times, 14 de abril, 1898: “Siendo inocente, Cristo fue tratado como pecador para que, por sus méritos, los pecadores, siendo culpables, pudieran ser tratados como hijos fieles y obedientes de Dios. Cristo murió con los pecados del mundo”, ¿qué? “imputados a Él, para que su justicia pudiera ser”, ¿qué? “imputada al pecador.” ¿Se dan cuenta? ¿Qué hay en ambas partes de la transacción? Imputación. ¿Estamos juntos en esto? Imputación: Nuestros pecados fueron imputados a Cristo para que Su justicia pudiera ser ¿qué? Imputada a nosotros… así es.

Ahora, amigos, aquí hay algo muy, muy importante que tenemos que entender. Por favor analicemos esto juntos. Y por favor entiendan que no estoy, no estoy solamente… cubriendo pequeñeces y detalles insignificantes, innecesariamente. Estamos hablando de verdades vitales y fundamentales. Quizás ustedes no se den cuenta, pero estamos hablando del corazón y el meollo de lo que lanzó la gran reforma. Estamos hablando del corazón y el meollo de los asuntos que distinguen al verdadero protestantismo del Catolicismo Romano. De manera que no estamos hablando de un asunto secundario. No estamos hablando de un asunto secundario. Analicemos esto.

La imputación, ¿qué cambia la imputación? ¿Cambia la posición legal de uno, o su condición moral? Bien; la imputación cambia la posición legal de uno. La imputación por sí misma, presten atención: la imputación por sí misma no cambia la condición moral de uno. Hace posible un cambio de condición moral y lleva a un cambio de condición moral, pero la imputación por sí misma no cambia la condición moral de uno. ¿Cómo lo sé? Cuando nuestros pecados le fueron imputados a Cristo en la cruz, ¿cambió eso Su posición legal a la vista de Dios? ¿Lo consideró Dios como pecador? Sí, sí lo consideró. Pero cuando nuestros pecados fueron imputados a Cristo en la cruz, ¿lo hizo eso un pecador? Rotundamente no; no lo hizo pecador. Y no digo esto con autoridad propia. No me atrevo a decirles nada con autoridad propia.

Escuchen: Signs of the Times, 30 de mayo, 1895: “Nuestros pecados fueron depositados sobre Cristo”. “Nuestros pecados fueron”, ¿qué? “depositados sobre Cristo”. ¿Qué tipo de lenguaje escuchan aquí? El lenguaje de la imputación. ¿Está bien? Esto es un sinónimo de “imputar”. “Nuestros pecados fueron depositados sobre Cristo, castigados en Cristo, eliminados por Cristo, a fin de que su justicia nos fuera”, ¿qué? “imputada, a los que no andamos conforme a la carne sino conforme al Espíritu.” Ahora escuchen la siguiente oración: “Aunque el pecado se cargó en su cuenta”, otra vez el lenguaje clásico de la imputación; ¿lo escuchan? “Aunque el pecado”, ¿qué? “se cargó en su cuenta por causa de nosotros, él se mantuvo en una condición de perfecta impecabilidad.” ¿Decimos “amén”? {Amén} Con todos nuestros pecados imputados a Él, se mantuvo en una condición de ¿qué, queridos amigos? perfecta impecabilidad Por lo tanto, es obvio que la imputación no cambia la condición moral de uno.

Pero les pregunto, cuando nuestros pecados le fueron imputados a Cristo, a la vista de Dios, ¿se convirtió en pecador? ¿Y procedió Dios a tratarlo como si fuera pecador? Sí, ciertamente. Sí, ciertamente; a pesar de que por sí mismo era ¿qué? perfectamente impecable. ¿Es esto importante? ¿Es importante? Sí lo es, ¿por qué? Debido a la segunda mitad de la transacción. Vamos, analicémoslo. Todo eso fue hecho a fin de que Dios pudiera hacer ¿qué, con la justicia de Cristo? Imputarla a nosotros. Ahora, cuando la justicia de Cristo es imputada a nosotros, ¿eso nos hace a nosotros justos? ¿Cambia nuestra condición moral? No. Pero ¿qué cambia? Cambia nuestra posición legal. Y cambia la forma como Dios nos considera, y por consiguiente la manera en que Dios nos trata. ¿Decimos “amén”? {Amén}

Es por eso que Pablo dice que Dios justifica a ¿quién? al impío. {Rom 4:5} Dios justifica al impío porque en la cruz, Dios condenó al Justo. ¿Están entendiendo esto? ¿Cómo puede Dios justificar al impío? Porque en el Calvario condenó al Justo. Mediante ¿qué? La imputación de nuestros pecados a Él. Ahora puede justificar al impío mediante ¿qué? Mediante la imputación de la justicia de Cristo a ellos. ¿Están siguiendo esto? Pero queridos amigos, aquí está la cuestión vital – no se la pierdan. Permítanme decirlo de esta manera… y por favor entiendan esto.

Así como la justicia que me justifica no es mi justicia, de la misma manera, el pecado que condenó a Cristo no fue Su pecado. ¿Se dan cuenta de eso? Quiero repetirlo. Así como la justicia que me justifica no es mi justicia, de la misma manera, el pecado que condenó a Cristo no fue Su pecado. ¿De quién era el pecado que condenó a Cristo? De nosotros. ¿Era de Él, aunque sea en parte? ¿Aunque sea una pequeña parte? No. Fue nuestro pecado, exclusiva y completamente, el que condenó a Cristo. ¿Estamos todos siguiendo esto? Bien, ahora vamos al otro lado de la transacción. ¿De quién es la justicia que me justifica? ¿De quién es? De Cristo; ¿es mía aunque sea en parte? Vamos, 50 y 50; me conformo con 50% mía, 50% Suya. ¿No? Vamos, tengo mi orgullo. Es más; me conformo con el 10%. Sólo un diezmo, dénme un diezmo, vamos. 10% mía, 90% suya. ¿No? ¡Oh! Se complica trabajar con usted. Bien, ésta es mi última oferta. Mi última oferta: 1% mía, 99% Suya, vamos. 1%, uno tiene que recibir un poquito de crédito; vamos, 1%, por favor, dénme uno.

No se atrevan, y tampoco se atrevan a atribuírselo a ustedes. Dios tenga misericordia de nosotros. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} La justicia que nos justifica es siempre, solamente, y exclusivamente la justicia de Cristo Jesús. ¿Decimos “amén”? {Amén} No se olviden de esto. ¿De qué foso nos librará, siempre? ¿De qué foso nos librará? Del foso del legalismo, y nos quedaremos en el camino recto y angosto donde pertenecemos, si nos aferramos a esa verdad. ¿Están siguiendo esto?

Ahora, otra cosa que debo resaltar. Por favor concéntrense. Aunque la imputación por sí misma no cambia nuestra condición moral, siempre hace posible legalmente… hace ¿qué, queridos amigos? Hace posible legalmente y siempre nos llevará a un cambio en nuestra condición moral. Ahora, ésta es una verdad que tiene que ser establecida claramente, pero vamos a tener que hacerlo después de la pausa. Así que por favor pónganse de pie para cerrar con una oración.

Padre nuestro que estás en los cielos, te agradezco tanto por ayudarnos a entender estas verdades de vital importancia. Son de vital importancia porque estamos tan predispuestos a caer en uno de esos dos fosos. Señor, Jesús dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Padre, necesitamos ser liberados de los fosos en los que nos revolcamos. Necesitamos salir al camino recto y angosto de la verdad. Así que por favor, ayúdanos a entender estas cosas claramente, y ayúdanos no sólo a entenderlas con el intelecto, ayúdanos a abrazarlas con nuestro corazón y a someter a ellas nuestra voluntad a fin de que podamos vivir por estas verdades. Sigue bendiciéndonos con Tu Espíritu al seguir estudiando, es nuestra oración en el nombre de Jesús, amén.

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