Select Page

Aquí puede descargar la lección en pdf.

Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Durante la siguiente hora exploraremos tanto nuestro privilegio como nuestra responsabilidad de asemejarnos al carácter de Cristo. Acompáñenos en esta poderosa hora de renovación personal mientras el Pastor Stephen Wallace nos lleva “De Gloria en Gloria”.

Buenas tardes; bienvenidos otra vez. Qué alegría tenerles aquí al continuar con nuestro seminario, nuestro seminario de renovación, titulado “De Gloria en Gloria…” Un seminario acerca de los principios del desarrollo de un carácter cristiano. Estamos estudiando diligentemente la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. ¿Y cuál es esa obra? La edificación del carácter. Si aún no pueden contestar esa pregunta, están en serios problemas. ¿Pueden recitar de memoria la declaración clave con la que iniciamos esta serie y a la cual seguimos regresando? ¿La Educación, página 225? Intenten recitarla conmigo de memoria, ¿está bien? Veo que rápidamente están abriendo sus libros para ver su ayuda-memoria. La Educación, página 225; intentémoslo, vamos: “La edificación del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos; y nunca antes ha sido su estudio diligente tan importante como ahora.” ¿Por qué es tan importante ahora? Porque el Rey viene pronto. Oh, lo creo, queridos amigos, con todo mi corazón.

Y todavía tenemos mucho que hacer, y poco tiempo para hacerlo. ¿Y cuál es nuestra tarea? Es doble. Tenemos que predicar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo {Apoc 14:6}, y tenemos que preparar nuestras propias vidas. {Heb 12:14}.

Pero por favor dense cuenta de que el cumplimiento exitoso de ambas tareas depende de una misma cosa, y es del desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo. Porque solamente con un carácter que se asemeje al de Cristo es que podemos ser tanto testigos eficaces para el Rey como ciudadanos idóneos para el reino. Y puesto que el Rey viene pronto, amigos, insisto en que no hay un tema más importante para estudiar diligentemente que el que estamos tratando noche tras noche. Y gracias por estar dispuestos a invertir el tiempo que han dedicado a este estudio. Es mi oración que les traiga una cosecha de dividendos eternos, y que les sea de gran bendición personal. Y ése puede ser y será el caso si estudiamos la palabra de Dios bajo la influencia, guía y dirección del Espíritu Santo. Es la única manera por la cual el estudio de la Palabra de Dios puede ser una bendición. Y la única manera por la cual yo puedo ser un canal de bendición de Dios, es si Él… es si Él concede usarme y hablar a través de mí, a pesar de mis imperfecciones. Solicito sus oraciones para que Él haga eso esta noche, y también los invito a que oren por ustedes. Iniciemos, como acostumbramos, de rodillas, con unos momentos en oración en silencio.

Dios Padre, en el nombre de Jesús, el Señor nuestra Justicia, venimos ante tu presencia esta noche, primeramente para agradecerte por el privilegio de llamarte Padre. Es un placer ser tus hijos e hijas. No apreciamos ese privilegio como debiéramos, pero cuando empezamos a entender mejor el precio pagado, lo apreciamos aún más. Somos tus hijos comprados con sangre. Gracias Padre, gracias por Jesús, por haber pagado ese precio. Y gracias Padre, porque a través de nuestro Hermano Mayor y Su mérito, podemos venir ante Tu presencia con la seguridad de que nos recibes, tan completa y libremente como recibes a tu propio Hijo, porque eliges vernos no como somos en nosotros mismos, sino como somos en Él. Somos aceptados en el Amado y oh, cuánto nos motiva eso y cuánta seguridad nos da justamente ahora al acercarnos a Ti y pedirte aquello que necesitamos por sobre todas las demás cosas, que es el derramamiento del Espíritu Santo. Por favor Padre, nos hemos reunido aquí con el propósito de estudiar tu palabra, pero no podemos tener éxito en nuestra búsqueda de un conocimiento de la verdad que transforme nuestras vidas a menos que el Espíritu de Verdad esté aquí con nosotros. No sólo en la proclamación de la verdad, sino también en el recibimiento de la misma, que tu Espíritu se manifieste poderosamente. Y Padre también quisiera pedirte que crearas aquí para nosotros un santuario espiritual, libre de interferencias del enemigo de la verdad. Satanás conoce mejor que ninguno de nosotros aquí presentes esta noche el poder de la verdad para liberarnos, y es por eso que le teme más que a ninguna otra cosa. Y hará todo lo que esté dentro de su poder para impedir que la escuchemos, que la entendamos, que la apreciemos, y que la apliquemos a nuestras vidas. Pero Padre, quiero reclamar la sangre de Cristo contra el enemigo, y coloco esa sangre sobre la puerta de esta iglesia, y reclamo que este lugar sea un refugio. Envía ángeles que se destaquen en poder, para que detengan los poderes del mal. Y crea aquí para nosotros un santuario espiritual en donde, sin interferencia, podamos escuchar la verdad. Por favor concédenos esta oración, pues lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Han recibido la siguiente entrega del material, espero. Y esta noche necesitamos comenzar en la página 31 ¿no es así?, con la lección 14, titulada: “Jehová, Justicia Nuestra”. {Jer 23:6} Amo ese nombre. Ése es uno de mis nombres favoritos para nuestro Señor y Salvador, Cristo Jesús. Y es profundamente significativo, lo cual espero lleguemos a descubrir, al estudiar juntos la Palabra de Dios esta noche.

Hemos estado señalando cómo es que al recibir la condición doble de gracia que encontramos al pie de la cruz, la gloria de Dios, o Su carácter, puede ser restaurado en nosotros. Esta condición doble de gracia se simboliza en la sangre y en el agua. Mediante la sangre somos justificados. Esto nos da el fundamento sobre el cual edificar el carácter. Ésa es la base. Y queridos amigos, por favor dense cuenta de que un carácter no puede permanecer en las dificultades que están por venir, a menos que esté edificado sobre la base de justicia por la fe en la sangre de Jesús. No puede permanecer. Todos los demás fundamentos son como arenas movedizas. Y aunque podamos edificar un sepulcro blanqueado muy sofisticado en arenas movedizas… ¡escúchenme! Cuando desciendan lluvias y vengan ríos, {Mt 7:25} ¿qué va a pasar con esa edificación de carácter? Se va a desplomar. Recuerdan la canción que todos solíamos cantar en la Escuela Sabática… acerca del hombre prudente y el hombre insensato. La sangre nos da el fundamento sobre el cual podemos edificar.

Y entonces el agua nos da el poder para edificar un carácter para la gloria de Cristo Jesús. El agua simboliza el Espíritu Santo. Y cuando recibimos la impartición del Espíritu de Cristo, recuerden que ésa es la justicia de Cristo impartida a nosotros, eso es lo que nos santifica. La justicia de Cristo imputada a nosotros – eso es lo que nos justifica. Pero cuando recibimos la justicia impartida de Cristo, al recibir Su Espíritu, podemos pues ser cambiados… en el hombre interior de adentro hacia afuera, “transformados por la renovación de nuestro entendimiento”, {Rom 12:2} “cambiados… de gloria en gloria”, según lo dice nuestro texto clave de todo el seminario, “como por el Espíritu del Señor.” {2 Cor 3:18} Y de gloria en gloria, es simplemente otra manera de decir de una etapa de desarrollo del carácter a otra. Procedemos a edificar un templo de carácter para la gloria de Dios, mediante el poder del Espíritu Santo.

Ahora queridos amigos, En este momento debo advertirles sobre una trampa muy, muy peligrosa en la cual es tan fácil caer en lo que respecta al desarrollo del carácter. Por favor estén advertidos… ¡por favor escúchenme! Y tengo un interés particular de que estén advertidos de esto porque temo que muchos, muchos de mis queridos hermanos en la fe – Adventistas del Séptimo Día – se han tropezado y han caído en esta trampa. Y no me atrevo a decir tal cosa con autoridad propia, pero lo digo con la autoridad del veredicto del testigo fiel en relación a la iglesia de los últimos días. ¿Cuál es la trampa? Nuestra primera referencia de la Lección 14: Signs of the Times, 27 de marzo, 1893, identifica esta trampa con precisión. “Una experiencia genuina resultará en el desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo.” Detengámonos. ¿En qué resultará una experiencia genuina? En el desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo. De modo que si no hay desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo, ¿qué debería decirnos eso en cuanto a nuestra experiencia? Que no es genuina. ¿Seguimos esto? “Una experiencia genuina resultará en el desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo. Pero, pero…” Aquí está la trampa, cuidado. “A menos que a cada instante…” ¿qué? “dependamos de Jesús, el aumento del conocimiento y de los privilegios puede fortalecer el yo y la justicia propia. Es indispensable renunciar a todo mérito personal, y confiar completamente en el de Aquel que es demasiado sabio para equivocarse.” Queridos amigos, ¿cuál es esta trampa mortal en la que es tan fácil caer? …al crecer en la vida santificada, al crecer de gloria en gloria… ¿Cuál es? Es la confianza en el yo y en la justicia propia. La confianza en el yo y la justicia propia. Y queridos amigos, éste ha sido un problema a través de la historia del Cristianismo.

El apóstol Pablo frecuentemente trataba este asunto, ¿no es así? Por ejemplo, Gálatas 5:4: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Empezaron siendo justos por la fe, pero al crecer y al madurar, y al aprender a conducirse como corresponde, y a hablar como corresponde, empezaron a ¿qué? A confiar en el yo y a depender de la justicia propia.

Y queridos amigos es tan fácil que nosotros hagamos justamente lo mismo. Ésta es la tendencia de la naturaleza humana, y todos tenemos esto en común. ¿Y a qué nos lleva esto? Nos lleva a esos desagradables complejos de superioridad que tenemos en nuestros corazones. Los cuales son evidentes en las palabras del fariseo, Lucas 18:11: “El fariseo, de pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres.”

Queridos amigos, por favor dense cuenta de que mucho de esto está sucediendo, aún en nuestra iglesia amada. Signs of the Times, 21 de octubre, 1897: “‘Dios, te doy gracias, porque no soy como los otros hombres. Esta oración representa las oraciones de muchos.” ¿Entienden esto? Esta oración representa las oraciones de ¿cuántos? ¡De muchos! “Creen que porque cumplen con sus deberes religiosos abiertamente, tienen derecho a la aprobación de Dios. Como el fariseo, dicen: ‘Dios, te doy gracias, porque no soy como los otros hombres.” Pero son egocéntricos y autosuficientes… En otras palabras, han caído en esta trampa mortal, ¿no es así? Han caído en esta trampa mortal. Y queridos amigos, saben, he descubierto que mientras más conocemos con respecto a lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer, y mientras más logramos que al menos nuestra conducta cumpla con la letra de la ley, más predispuestos estamos a caer en esta trampa. Y nosotros, más que nadie, hemos recibido mucha luz y verdad. ¿Amén? {Amén} Hemos recibido mucha luz y verdad, y poseemos, algunos de nosotros conscientemente y otros inconscientemente, este complejo de superioridad.

A causa de todo lo que poseemos, más que otros, y creemos que somos ¿qué? Ricos y que nos hemos enriquecido y que de ninguna cosa tenemos necesidad. Y a propósito, la pluma inspirada cita Apocalipsis 3:17 justamente después de esa declaración que leí: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad.” ¿Y quién dice esto? La iglesia Laodicea. ¿Y cuál es la iglesia Laodicea? Vamos, acéptenlo junto conmigo. Es la iglesia del tiempo final. ¿Estamos viviendo en el tiempo final? Es tan evidente que es un problema que nos afecta a nosotros. ¿Estarían dispuestos a reconocerlo? Evidentemente nosotros también hemos caído en esta trampa.

Signs of the Times, 9 de mayo, 1892: “El gran peligro que hay para la gente que profesa creer la verdad en este tiempo…” ¿De quién está hablando? De nosotros. “El gran peligro que hay para la gente que profesa creer la verdad en este tiempo, es que lleguen a sentirse como si tuviesen derecho a la bendición de Dios porque han hecho algún sacrificio, o alguna buena obra para el Señor.” Detengámonos. ¿Qué es lo único que nos da derecho a las bendiciones de Dios? La justicia imputada de Cristo Jesús – ¿Decimos “amén”? {Amén} La justicia impartida no nos da derecho a nada. Solamente nos da una idoneidad para disfrutar aquello que Cristo ha comprado para nosotros, ¿amén? Por favor nunca empiecen siquiera a pensar que la vida santificada es de alguna manera meritoria, que nos da derecho a algo – no es así. Y es nuestra predisposición a pensar eso, lo que causa que caigamos en esta trampa de la cual estoy tratando de advertirles esta noche. Leámoslo otra vez: “El gran peligro que hay para la gente que profesa creer la verdad en este tiempo, es que lleguen a sentirse como si tuviesen derecho a la bendición de Dios porque han hecho algún sacrificio, o alguna buena obra para el Señor. ¿Se imaginan que porque han decidido guardar el Sábado del Señor, Dios está obligado para con vosotros, y que han merecido su bendición?” Está haciendo una pregunta incrédula. “¿Les parece que el sacrificio que han hecho es mérito suficiente para darles derecho a los ricos dones de Dios? Si estiman la obra que Cristo hizo por vosotros, verán que no hay mérito alguno en vosotros o en vuestra obra.” ¿Decimos “amén”? {Amén} “Verán vuestra condición perdida y llegareis a ser pobres en espíritu. Sólo hay una cosa que los pobres en espíritu pueden hacer, y es el contemplar a…” ¿quién? “a Jesús continuamente, creer en Aquel a quien el Padre envió.”

¿Se dan cuenta queridos amigos? Esto es lo único que evitará que caigamos en esta trampa. Es contemplando continuamente y dependiendo exclusivamente de la justicia de Cristo Jesús. {Amén} Solamente eso nos mantendrá fuera de esta trampa. Cuando dejamos de fijar nuestros ojos en Jesús y empezamos a fijarlos en nosotros, y a admirar nuestro progreso, ahí es cuando nos metemos en un gran problema. Por favor estén advertidos. Romanos 3:20 en adelante: “Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado. Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios…” “… la justicia de…” ¿quién, amigos? “de Dios.” ¿Qué clase de justicia es ésa? Infinita… justicia infinita. “Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado…” ¿Dónde se ha manifestado? En la persona de Cristo Jesús. ¿Amén? {Amén} “testificada por la ley y por los profetas: La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él: porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron…” ¿Y qué, queridos amigos? “y están destituidos de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús.” Todos nosotros, sin importar quienes seamos, sin importar cuánta luz hemos recibido, sin importar cuán piadosamente hemos vivido, “Todos pecaron y” ¿qué? “están destituidos”. Por lo tanto, todos nosotros, para ser justificados, para cumplir la norma infinita de la ley de Dios, la cual se requiere para ser justificados, debemos tener una justicia, mejor, más grande, que cualquier cosa que jamás encontremos en nosotros. Debemos tener la justicia de Dios y solamente la encontramos ¿dónde? En Cristo Jesús… en Cristo Jesús… en Cristo Jesús.

Ahora, esa pequeña frase: “todos pecaron, y están destituidos…” Lo hemos señalado anteriormente, pero tengo que reiterarlo dentro de este contexto. El verbo griego que se traduce como “están destituidos” está en tiempo presente activo. ¿Recuerdan que les dije esto anteriormente? El tiempo presente activo: ¿Cuál es el tiempo presente activo? Quiere decir que es una acción continua, en curso, cualquiera que sea la acción. En este caso es estar destituidos. Pablo nos está diciendo literalmente que todos hemos pecado, quebrantado la ley, y todos estamos ¿qué? Continuamente destituidos de la gloria de Dios. Y recuerden, la gloria de Dios es Su carácter {ST Sept 3, 1902 par. 6}, y la ley es Su trasunto. {COL 315.1} De modo que nos está diciendo que en realidad, todos hemos quebrantado la ley, y todos estamos destituidos de la norma infinita. Con razón debemos depender de la justicia de alguien más para ser justificados. Con razón, “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado”.

¿Se dan cuenta de esto? ¿Quién, únicamente, tiene una justicia que cumple la norma infinita? ¿Quién, únicamente, tiene la justicia de Dios? Cristo Jesús… Cristo Jesús. Hebreos 1:3: “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…” Jesús no está destituido de la gloria, ¿o sí? Nosotros estamos destituidos continuamente, pero Él es el resplandor de Su gloria. ¿Hay una diferencia? Sí. Jesús es la brillantez absoluta del carácter de Su Padre. Tenía un carácter infinitamente perfecto. Él es el único que no está destituido. ¿Y qué del resto de nosotros en comparación con Él? Escuchen: Mount of Blessings, página 49: “La belleza divina del carácter de Cristo, de quien los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido reflejo… era una representación viva del carácter de la ley de Dios.” ¡Qué maravilloso! ¿Entienden?

Primeramente, ¿qué era el carácter de Cristo? Era una representación viva del carácter de la ley de Dios. Era la manifestación de la belleza divina. Pero por favor observen, los hombres más nobles y más amables son tan sólo un ¿qué? En comparación con Cristo son tan sólo un… ¿qué? …un pálido reflejo. Esto sí que es una lección de humildad. Los hombres más nobles y más amables… Bien, ¿quién esta noche quiere afirmar ñeque es parte de ese grupo ilustre? ¿Alguien aquí? Bien, me alegra que nadie tuviera la osadía de levantar la mano. ¿Quienes podrían ser candidatos para este grupo ilustre? ¿…los hombres más nobles y más amables? Nómbrenme algunos. Enoc, Daniel, Moisés, Juan, Elías, sí, ustedes saben… los campeones, los hombres más piadosos de la antigüedad. Pero aún este grupo, queridos amigos, aún este grupo es tan sólo un… ¿qué? …un pálido reflejo de la belleza divina del carácter de Cristo Jesús. Con razón, con razón la vida santificada nunca es suficiente para justificarnos. No importa cuán santificados lleguemos a ser, aún… ¿qué? …estamos destituidos… aún estamos destituidos. ¡Aún Daniel! A propósito, Daniel es el único que conozco, aparte de Cristo Jesús, de quien las Escrituras no registran falta alguna o error. Sin duda él sería un candidato para pertenecer a este grupo, de los hombres más nobles y más amables. Pero aún así, comparado con Cristo, es tan sólo un… ¿qué? …un pálido reflejo. Ésta sí que es una lección de humildad, ¿no es así? Un pálido reflejo.

Pero eso es simplemente razonable. ¿Recuerdan Testimonios para la Iglesia, Tomo 6, página 60? “La vida de Cristo revela un carácter infinitamente perfecto.” Por supuesto que los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido reflejo comparados con el resplandor de la gloria del Padre. El libro devocional, A Fin de Conocerle, página 44: “Su carácter era absolutamente perfecto.” “Absolutamente perfecto.” Ahora, queridos amigos, la norma que debemos cumplir para ser justificados es la norma infinita de la ley de Dios. Por lo tanto, el único carácter perfecto que cumplirá la norma es el carácter infinitamente perfecto de Cristo Jesús. ¿Decimos “amén”? {Amén} Ése es el único carácter que cumplirá la norma y por consiguiente que nos justificará. Y por consiguiente ¿qué alumnos? Nos justificará. Pero por favor entiendan esto… por favor entiéndanlo. Hay una norma de la cual Dios nos responsabiliza, mediante Su gracia, para que cumplamos en el ámbito del desarrollo de nuestro carácter. ¿Cuál es esa norma? ¿Cuál es?

Escuchen esta declaración extraordinaria; es tan profundamente significativa. Testimonios para la Iglesia, Tomo 2, página 549: “Él es nuestro modelo…” ¿De quién estamos hablando? De Cristo Jesús. “Él es el ejemplo perfecto y santo que se nos ha dado para imitarlo. Nunca podremos igualar al modelo”, ¿escucharon? Voy a repetirlo. Nunca ¿qué? “Nunca podremos igualar al modelo”. Es decir, esto es lógico cuando reconocemos que Cristo reveló un carácter infinitamente perfecto. ¿Alguien aquí propone revelar un carácter infinitamente perfecto? ¿Alguien aquí propone ser el resplandor de la gloria de Dios? Cuando aún el impecable Adán era sólo una semejanza. Bueno, bien. “Nunca podremos igualar al modelo”. Y a propósito, todos los que están en este foso… ¿Recuerdan quienes están en este foso? Los “antinomianos”, los de la gracia barata. A todos les agrada lo que he estado diciendo. Se inclinan a decir: “Predique hermano, amén”. Y a propósito, los legalistas de verdad se están sintiendo incómodos con lo que estoy diciendo aquí. Escuchen, necesito seguir leyendo. “Nunca podremos igualar al modelo, pero no tendremos la aprobación de Dios si no lo imitamos y lo reflejamos, según la habilidad que Dios nos ha dado.” ¿Decimos “amén”? {Amén} Ésta es la norma de la cual Dios nos responsabiliza en el desarrollo de nuestro carácter. Nos pide que reflejemos, a la plenitud de nuestra capacidad, el modelo infinitamente perfecto. ¿Decimos “amén”? {Amén} ¿Es eso justo? Sí. ¿Es irrazonable? No. Quiere que, por amor a Cristo, brillemos con el mayor esplendor que podamos, con la luz que Su carácter refleja. Pero no espera que brillemos con el esplendor del sol. Sin embargo, sí espera que seamos lunas llenas para Jesús. ¿Decimos “amén”? {Amén} Amigos, quiero repetirlo. Dios no espera que brillemos con el esplendor del sol. Pero sí espera que brillemos con el mayor esplendor que podamos. En otras palabras, espera que seamos, ¿qué? Lunas llenas.

¿Recuerdan nuestro primer estudio, cuando hablamos de Isaías capítulo 60? Jesús está simbolizado por el sol. La iglesia está simbolizada por la… ¿qué? …por la luna. ¿Cuál es la única forma por la cual la luna puede brillar? Reflejando la luz del sol. Y debemos aprender a brillar “de gloria en gloria”, de una luna creciente a un cuarto de luna, “en gloria” – a media luna, “en gloria” – a tres cuartos de luna, hasta que finalmente seamos ¿qué? Una luna llena. Pero aún una luna llena es tan sólo un ¿qué? Un pálido reflejo de la belleza divina del sol de justicia. ¿Decimos “amén”? {Amén} Pero, por amor a Cristo, Dios espera que brillemos con el mayor esplendor que podamos… dependiendo de dos cosas – sigan este concepto, por favor entiéndanlo – de toda la luz que poseemos y dependiendo de nuestra habilidad para reflejar esa luz. Estos son las dos calificaciones. ¿Cuáles son las dos cosas de las cuales Dios nos responsabiliza? La luz que poseemos, y la capacidad que tenemos para, ¿qué? Para reflejar esa luz.

¿Varía esto de una persona a otra? Vamos, ¿varía? Pero por supuesto. Entonces, ¿Dios nos hace a todos responsables de la misma norma? No. Pero sí nos hace responsables por la luz que hemos recibido, y por la habilidad que tenemos para reflejar esa luz. Y ésta, a propósito, es precisamente la razón por la cual no nos atrevemos a juzgar a otros. ¿Decimos “amén”? {Amén} Porque todos poseemos diferente luz, y tenemos diferentes habilidades para caminar en esa luz y reflejar esa luz. Y a propósito, por favor dense cuenta de que tanto la luz como la habilidad siempre han de estar ¿qué? Aumentando. ¿Amén? Por lo tanto, lo que pueda ser para nosotros hoy perfección de carácter… Y en realidad, perfección de carácter es caminar según toda la luz que poseemos, dependiendo de todas nuestras habilidades, para reflejar esa luz. Pero la perfección de carácter de hoy no será suficiente para ¿cuándo? Para mañana, porque mañana recibimos más luz. Y al reflejar esa luz, nuestra capacidad para reflejar aumenta. ¿Amén? De modo que crecemos de ¿qué? De gloria en gloria. Pero en toda etapa podemos ser una luna llena. ¿Amén? ¿Les parece que tiene sentido? ¿Lo estamos comunicando claramente? Podemos ser perfectos en toda etapa… en toda etapa. Pero nuestra perfección no es estática, es dinámica; crecemos en perfección.

Observen cómo la pluma inspirada habla de esto con mayor profundidad. Review and Herald, 1ro de noviembre, 1892: “Se desalentarán los que esperan contemplar un cambio mágico en su carácter sin que haya un esfuerzo decidido de su parte para vencer el pecado. Con nuestras facultades limitadas…” Por favor observen el lenguaje. “Con nuestras” ¿qué? “facultades limitadas… hemos de ser tan santos en nuestra esfera como Dios es santo en la Suya. Hasta donde alcance nuestra capacidad, hemos de manifestar la verdad, el amor y la excelencia del carácter divino; y por esta razón debemos extraer de la fuente viva.” ¿Y qué fluye de la fuente viva? El agua, la cual es ¿qué? El Espíritu Santo, el cual, solo, puede cambiarnos de gloria en gloria. ¿Se dan cuenta cómo todo encaja? “Con nuestras facultades limitadas hemos de ser tan santos en nuestra esfera como Dios es santo en la Suya.” Una luna llena. Es tan santa en su esfera como Dios, el Sol de Justicia, es santo en la Suya. ¿Seguimos esto? Pero es tan sólo un… ¿qué? …un pálido reflejo. ¿Se dan cuenta de cómo funciona?

Ahora, Mensajes Selectos, Tomo 3, página 195: Escuchen esta declaración extraordinaria, y sean humildes, queridos amigos. Estamos compartiendo estas cosas porque queremos asegurarnos, de que mediante la verdad, nos mantendremos fuera de esta trampa mortal a la cual estamos tan predispuestos a caer, la trampa de la autosuficiencia. Mensajes Selectos, Tomo 3, página 195: “Jesús ama a sus hijos, aunque ellos yerren.” Se que muchos dudan ante esa palabra, pero búsquenla en el diccionario. Jesús ama a su pueblo aunque cometa errores. “Él mantiene sus ojos sobre ellos y cuando hacen lo mejor que pueden”, cuando hacen lo mejor que, ¿qué? “cuando hacen lo mejor que pueden, clamando a Dios por su ayuda, estad seguros de que su servicio será aceptado, aunque sea imperfecto.” ¿Han recibido su debida lección de humildad? Cuando hacemos lo mejor que podemos, clamando a Dios por su ayuda, el servicio aún es ¿qué? Vamos, es ¿qué? Acéptenlo. Es aún imperfecto. Y cualquiera de nosotros que de verdad es sincero, con nosotros mismos y con Dios, sabe que ése es el caso… sabemos que ése es el caso… ¡lo mejor que podemos hacer, fortalecidos por Dios! No estamos hablando de nuestra propia fortaleza. Lo mejor que podemos hacer, movidos por el Espíritu, aún es… ¿qué? …imperfecto. Con razón no podemos depender de la vida santificada, o aún de la obediencia que viene del Espíritu, para justificarnos. ¿Seguimos todos esto? Porque aún la obediencia que viene del Espíritu, de la vida más santificada… aún es ¿qué? Vamos ¡acéptenlo! Aún es imperfecta… aún es imperfecta.

Entonces ¿cuál es la solución? Siguiente oración: “Jesús es perfecto.” ¿Decimos “amén”? Vamos, ¡todos deberían decir “amén”! Jesús es perfecto. {Amén} “La justicia de Cristo les es acreditada a ellos”. ¿Cómo, alumnos? ¿Cómo nos es dada la justicia de Cristo? Nos es ¿qué? Acreditada. “La justicia de Cristo les es acreditada a ellos, y él dirá: ‘Quitadle las vestiduras viles, y vestidlo de ropas de gala.’ Jesús compensa nuestras inevitables deficiencias.” Oh, ¡ésta es una frase importante! Pensemos en ello. Jesús compensa nuestras ¿qué? “inevitables deficiencias”. Esto es tan protector. Si lo entendiéramos, esto haría muchísimo para mantenernos fuera de ambos fosos. Vamos, pensemos en ello. ¿Cómo es que esta frase, “inevitables deficiencias”, nos mantiene fuera de este foso, del foso del legalismo? Cuando hacemos lo mejor que podemos, aún hay ¿qué? Deficiencias, aún es imperfecto. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado.” {Rom 3:20} Queridos legalistas, su obediencia santificada, la cual viene del Espíritu, aún está destituida, por lo tanto nunca pueden depender de ella para ser justificados. ¿Entendemos esto?

¿Qué hay en esa frase para ayudarles a mantenerse fuera de su foso? Jesús compensa ¿qué tipo de deficiencias, queridos “antinomianos”? ¿Qué tipo? “Inevitables deficiencias”. Jesús compensa ¿qué tipo de deficiencias? “Inevitables deficiencias”. Ahora, ¿qué son inevitables deficiencias? En seguida trataremos eso. Pero por favor, en este contexto, reconozcan una verdad preciosa y tengan valor. Jesús es… ¿qué? …perfecto. Conflicto y Valor, página 111. También se encuentra en Historia de los Patriarcas y Profetas, página 480, si quieren una referencia más accesible. Historia de los Patriarcas y Profetas, página 480: “Nuestro Redentor no manifestó las imperfecciones ni las debilidades humanas.” ¿Decimos “amén”? ¿Tenía Jesús alguna imperfección? No. ¿Estaba destituido? No, alabado sea Dios. Por lo tanto, en Él tenemos una perfección absoluta que cumple la norma infinita. ¡Así es! Alabado sea Dios. Y escuchen: Review and Herald, 16 de junio, 1896: “Mediante el misterioso plan de redención, se ha provisto gracia de modo que la obra imperfecta del instrumento humano pueda ser aceptada en el nombre de Jesús, nuestro Representante.” ¿Decimos “amén”? Esto debería emocionarnos hasta el centro de nuestro ser, queridos amigos. Y si de verdad somos sinceros con nosotros mismos, sabemos que lo mejor que hacemos se queda corto, y esto debería emocionarnos.

Pero ¿saben a quién esto no le está causando emoción? Esto no les está causando emoción a aquellos que han estado convencidos por mucho tiempo de que poseen lo que la ley requiere, y que son justos a causa de su obediencia. No les agrada esta verdad porque deja la gloria del hombre ¿dónde? En el suelo. Y al corazón orgulloso por naturaleza, no le agrada el hecho de no poder llevarse crédito alguno por su posición correcta delante de Dios. “Mediante el misterioso plan de redención, se ha provisto gracia de modo que la obra imperfecta del instrumento humano pueda ser aceptada en el nombre de Jesús, nuestro Representante.” Alabo a Dios por el nombre de Jesús, nuestro Representante. ¿Y cuál es ese nombre? El Señor nuestra Justicia. ¡Cuánto amo ese nombre! Más adelante seguiremos hablando de esto; Resistiré ir ahora a ese punto.

Hebreos 13:20. “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.” ¿Cómo es agradable delante de Dios? Por ¿quién? Por Jesucristo. ¿Decimos “amén”? {Amén} Ésta es la única manera por la cual cualquiera de nosotros puede agradar, o cualquier cosa que hagamos puede agradar a Dios. Es al ofrecérsela por medio de Cristo Jesús. ¿Decimos “amén”? {Amén} No hay otra manera por la cual podemos ser agradables. Él dice de nosotros: “éste es mi hijo amado en quien tengo contentamiento” {Mt 3:17} solamente cuando no nos ve a nosotros, sino a Él. Y alabado sea Dios, eso es lo que elige hacer cuando estamos en… ¿quién? …en Cristo. Pero si estamos en Cristo, entonces Cristo está…¿dónde? …en nosotros. Y caminamos a la plenitud de nuestra habilidad en toda la luz que resplandece sobre nosotros porque amamos a Jesús. ¿Se dan cuenta cómo todo esto encaja?

Ahora, estas inevitables deficiencias, ¿qué son? ¿Qué son? Tengamos mucho cuidado de lo que tratamos de poner debajo del encabezado “inevitables deficiencias,” ¿está bien? Cuando usted está muy cansado, y su nivel de azúcar es bajo, y pierde los estribos con su cónyuge, ¿es esa una inevitable deficiencia? No; lo siento, pero no lo es. Porque podría y debería haber dormido suficiente, y podría y debería haber comido correctamente y podría y debería, por la gracia de Dios, haber gobernado su temperamento. No es una inevitable deficiencia.

¿Qué es una inevitable deficiencia? Bueno, una inevitable deficiencia se debe a dos deficiencias principales. Una es nuestro entendimiento de la voluntad de Dios, y la segunda es nuestra capacidad de ejecutar aún lo que entendemos. Primeramente, nuestra deficiencia debido a nuestro entendimiento inadecuado. ¿Qué nos dice Pablo en 1 Corintios 13:12? “Ahora vemos por espejo, oscuramente;” o como dice la Biblia del Rey Jacobo, “con luz tenue”. Queridos amigos, por favor entiendan que en nuestra condición manchada por el pecado, poseemos capacidades tan limitadas que ni siquiera entendemos la voluntad de Dios para nosotros, ya que es una norma infinita de justicia, y esta mente humana manchada por el pecado no la entiende plenamente, de ningún modo. De modo que nuestro entendimiento de la voluntad de Dios se queda corto, ¿no es así? Seguro que sí. Pero alabado sea Dios, cada día podemos conocer más la voluntad de Dios. ¿Cierto? Y el mismo hecho que cada día crecemos es una clara indicación de que en todo momento, no lo sabemos todo. Aprendemos más y más sobre la voluntad de Dios al crecer en la vida santificada.

Pero recuerden, Dios no nos hace responsables por lo que no conocemos. Sin embargo, sí nos hace responsables por lo que conocemos. Y queridos hermanos, permítanme explicarlo: Lo que podríamos haber conocido, si hubiéramos buscado entendimiento diligentemente. Por favor no jueguen con este concepto. ¿Podemos ser responsables por una norma menos exigente, simplemente dejando la Biblia en un estante acumulando polvo? ¿Y también dejando ahí esos libros rojos para que acumulen polvo? ¿Podemos jugar con Dios y decir el día del juicio: “No sabía porque no tenía tiempo para leer”? ¿Podemos hacer eso? No, queridos amigos. Por favor sepan que somos responsables delante de Dios, no solamente por lo que conocemos, sino también por lo que pudimos haber conocido, si con diligencia hubiéramos procurado entender cuál es su voluntad para nosotros. Pero aún cuando con diligencia procuramos entender su voluntad, seguimos viendo por un espejo oscuramente, así que ésta es una inevitable deficiencia.

En el ámbito de ejecutar o llevar a cabo lo que sí entendemos sobre la voluntad de Dios, también hay una deficiencia, una deficiencia que es inevitable. ¿Cuál es? Permítanme leerles una declaración extraordinaria de la pluma inspirada, que describe esto extraordinariamente bien. Se encuentra en Mensajes Selectos, Tomo 1, página 344. “Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza, la confesión arrepentida del pecado ascienden desde los verdaderos creyentes como incienso ante el santuario celestial”. Detengámonos. Analicemos esto juntos. ¿De qué estamos hablando? Estamos hablando de actos de obediencia generados por el Espíritu, y de buenas obras que los verdaderos creyentes ofrecen a Dios, ¿está claro? Y a propósito, en el párrafo anterior ella dice específicamente que han sido inspiradas y generadas por el Espíritu Santo. Regresemos a la declaración: “Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza, la confesión arrepentida del pecado ascienden desde los verdaderos creyentes como incienso ante el santuario celestial, pero…” ¡Pero! Escuchen: “…pero al pasar por los canales corruptos de la humanidad, se contaminan de tal manera que, a menos que sean purificados por la sangre, nunca pueden ser de valor ante Dios.” ¿Entienden? Nuestros mejores actos de adoración y obediencia, generados por el Espíritu, como verdaderos creyentes, ascienden al cielo tan contaminados que a menos que sean purificados por la sangre, nunca pueden ser de valor ante Dios. ¿Cuál es la causa? “Al pasar por los…”, ¿qué? “por los canales corruptos de la humanidad”. Es nuestra condición caída y pecaminosa la que causa esta contaminación.

Y a propósito, ¿por cuánto tiempo seremos canales corruptos? Hasta que lo corruptible se vista de incorrupción, y lo mortal se vista de inmortalidad {1 Cor 15:53}, queridos amigos. Mientras retengamos esta naturaleza corruptible, somos canales que contaminan aún lo que el Espíritu Santo hace a través de nosotros. ¿Están entendiendo esto? No lo estoy inventando, simplemente se los estoy leyendo. Escuchen, sigamos leyendo: “No ascienden…” ¿qué cosa? Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza, etc. “No ascienden en pureza inmaculada y a menos que el Intercesor, que está a la diestra de Dios, presente y purifique todo por su justicia, no son aceptables ante Dios.” No son aceptables. “Todo el incienso de los tabernáculos terrenales debe ser humedecido con las purificadoras gotas de la sangre de Cristo. El sostiene delante del Padre el incensario de sus propios méritos, en los cuales no hay mancha de corrupción terrenal.” Detengámonos. Esta declaración dice mucho con respecto a la naturaleza humana de Cristo Jesús. ¿Ascendieron al Padre las oraciones y alabanzas de Cristo tan contaminadas que a menos que fueran purificadas por la sangre, no podían ser de valor ante Dios? Oh, queridos amigos, absolutamente, categóricamente, no. ¿Por qué? Porque Él no era el mismo canal corrupto que nosotros somos. ¿Decimos “amén”? {Amén} Y alabado sea Dios, a causa de eso, tiene una justicia que cumple la norma infinita por nosotros. ¿Decimos “amén”? {Amén}

“El sostiene delante del Padre el incensario de sus propios méritos, en los cuales no hay mancha de corrupción terrenal. Recoge en ese incensario las oraciones, la alabanza y las confesiones de su pueblo, y a ellas les añade su propia justicia inmaculada. Luego, perfumado con los méritos de la propiciación de Cristo, asciende el incienso delante de Dios plena y enteramente aceptable. Así se obtienen respuestas benignas.” ¡Alabado sea Dios por el Intercesor! ¿Qué dicen ustedes amigos? ¡Alabado sea Dios por el Intercesor! Oh, estaríamos en serios problemas sin Él. Y luego el último párrafo. “Ojalá comprendieran todos…” Está exclamando, “Ojalá comprendieran todos que toda obediencia…” Que toda ¿qué, alumnos? “toda obediencia, todo arrepentimiento, toda alabanza y todo agradecimiento deben ser colocados sobre el fuego ardiente de la justicia de Cristo. La fragancia de esa justicia asciende como una nube en torno del propiciatorio.” Toda nuestra obediencia, nuestra obediencia que viene del Espíritu y que es motivada por amor, como creyentes santificados, debe ser colocada ¿dónde? sobre el fuego ardiente de la justicia de Cristo.

¿Por qué? ¿Qué hace el fuego? Purga, purifica. ¿Ahora entienden mejor por qué la vida santificada nunca va a producir una obediencia que pueda justificarnos? Es decir, aún esa obediencia debe ser lavada con la sangre de Cristo, y añadirle a ella la justicia de Cristo, antes de que sea siquiera aceptada como ofrenda de agradecimiento. Y por favor dense cuenta que la participación de Cristo como nuestro Intercesor, el lavado con su sangre, y la añadidura de su justicia, no se hace para que por consiguiente se vuelva meritoria – mil veces no. Se hace para que por consiguiente se vuelva aceptable como ofrenda de agradecimiento. ¿Seguimos todos esto? Este lavado tiene que hacerse antes de que nuestra obediencia siquiera pueda ser aceptada como ofrenda de agradecimiento. ¿Entienden mejor cómo y por qué es que simplemente no tenemos lo que se necesita para justificarnos, en lo que respecta a la obediencia? Aún la obediencia que viene del Espíritu y la cual es motivada por amor, aún se queda corta, ¿no es así? Aún es imperfecta, ¿no es así? Ciertamente, como lo dice la pluma inspirada, está tan contaminada que tiene que ser lavada con la sangre de Cristo, y debe añadírsele Su justicia. Éstas sí que son lecciones de humildad ¿no es así? Pero queridos hermanos, esto arranca de raíz la forma más sutil de legalismo, la cual es como una plaga en esta iglesia amada.

¿Y cuál es la forma más sutil de legalismo? No es, “Soy justo mediante mis propios esfuerzos para guardar la ley”. No, no, no, no; no conozco ningún Adventista que enseñe y crea eso. Pero hay muchos que estamos atrapados en esta forma muy sutil y mortal de legalismo que dice así: “Oh, no soy justo partiendo de la base de mi obediencia, soy justo partiendo de la base de que el Espíritu Santo obedece a través de mí.” Queridos amigos, ¿es ésa la base por la cual somos justos delante de Dios? ¿Es así? Vamos, ¿es así? ¿Es ésa la obediencia que nos justifica? ¿Aún la obediencia que viene del Espíritu? No. ¿Por qué? Porque al pasar por los canales corruptos de la humanidad, se contaminan de tal manera que a menos que sean purificados por la sangre, nunca pueden ser de valor ante Dios. Por supuesto que esto no es suficiente para justificarnos. ¿Decimos “amén”? {Amén} Y si entendemos esta verdad nos mantendremos fuera de esta trampa mortal de la cual estoy tratando de advertirles esta noche. Al crecer en la vida santificada, siempre recuerden que cuando hacemos lo mejor, aún es ¿qué? Imperfecto, aún se queda corto. De hecho, está tan contaminado que sólo tiene valor delante de Dios al ser lavado por la sangre y al añadirle la justicia del Intercesor, y entonces, solamente así es aceptado como ofrenda de agradecimiento. ¿Entendemos esto? Y queridos amigos, ésta es precisamente la razón… Entiendan esto: Esto es precisamente por qué nunca llegamos a ser tan santificados que ya no necesitemos orar “en el nombre de Jesús, amén.” ¿Seguimos esto?

¿Oraba Dios en el nombre de alguien cuando oraba al Padre? No. ¿Hay una diferencia entre Él y nosotros? Sí. Alabado sea Dios por la diferencia. Alabado sea Dios porque hay un Ser quien no es un canal corrupto, cuya obediencia no estaba contaminada, cuya obediencia no estaba destituida, cuya obediencia era perfecta en su totalidad, libre de toda imperfección humana. Alabado sea Dios de que hay un Ser que ha cumplido la norma infinita, y alabado sea Dios por lo que hizo por nosotros. ¿Decimos “amén”? {Amén} Ésa es nuestra justicia; ¡mantengamos la vista en eso! Y nunca cuenten o dependan siquiera de lo que el Espíritu Santo y ustedes hacen para permanecer justos delante de Dios. Eso no es lo que nos justifica; eso es lo que nos santifica. ¿Debemos ser santificados? Sí. Debemos tener una idoneidad para el cielo, pero eso no nos dará el derecho al cielo. ¿Entendemos eso? Oh, es mi oración que haya quedado claro, queridos amigos. ¿Es esto bíblico? Es totalmente bíblico. Es totalmente bíblico.

Éxodo 28:36: “Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, SANTIDAD A JEHOVÁ. Y la pondrás con un cordón azul, y estará sobre la mitra; por la parte delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las cosas santas…” y llevará Aarón las faltas cometidas en todas las… ¿qué? “las cosas santas, que los hijos de Israel hubieren consagrado en todas sus santas ofrendas; y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Jehová.” ¿Se dan cuenta? Ésa es la verdad. Esa mitra en la frente de Aarón, ¿qué es? “Santidad a Jehová.” ¿A quién representa Aarón? Al Sumo Sacerdote. ¿Y qué representa esa “Santidad a Jehová” sobre su frente? El carácter infinitamente perfecto de Cristo Jesús. Y es debido a ese carácter infinitamente perfecto, que nuestras ofrendas son aceptables delante de Dios. ¿Decimos “amén”? {Amén} ¡Alabado sea Dios por el Intercesor! Pongámonos de pie para cerrar con una oración.

Padre nuestro que estás en los cielos, te agradezco tanto por ayudarnos a darnos cuenta de cómo debemos depender totalmente de la justicia de Cristo. Aún cuando crecemos de gloria en gloria, de gracia en gracia en semejanza al carácter de Cristo, seguimos estando destituidos. Lo mejor de nosotros es imperfecto. Ciertamente nuestros actos de amor y obediencia, generados por el Espíritu, se contaminan tanto, al pasar por este canal corrupto, que ellos mismos tienen que ser purificados con sangre, y la justicia de Cristo debe ser añadida a ellos antes de ser siquiera aceptados como ofrendas de agradecimiento. Oh Padre, que no se nos olviden estas verdades, para que no caigamos en esta trampa mortal que tiene atrapados a muchos de nosotros. Ayúdanos a mantener los ojos en el Señor nuestra Justicia. Porque Él, únicamente, tiene una justicia que puede presentarnos infinitamente perfectos delante de Ti. Gracias por Jesús. Te alabamos en Su nombre. Amén.

Si usted desea, usted puede enrollar la traducción y leerla mientras que mira el video. Si usted interrumpe su estudio en cierto minuto y si usted perdió su lugar en la traducción, puesto simplemente en CTRL-F (APPLE-F) pocas palabras usted acaba de escuchar. La búsqueda le traerá exactamente allí, enseguida.

Email, Print, Bookmark, or Share
  •  
  •   
  •  
  •  
  •  
0

Your Cart