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Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Durante la siguiente hora exploraremos tanto nuestro privilegio como nuestra responsabilidad de asemejarnos al carácter de Cristo. Acompáñenos en esta poderosa hora de renovación personal mientras el Pastor Stephen Wallace nos lleva “De Gloria en Gloria”.

Buenas noches queridos amigos, y feliz Sábado a todos. Ustedes sí que se están esmerando para hacerme sentir como en casa. Hasta hay nieve en las calles, y supongo que esto ha sido un poco atemorizante para algunos, ya que acá en el sur esto no es común. Pero gracias por hacerle frente a los elementos y elegir venir esta noche.

Es un privilegio estudiar con ustedes la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. La cual es ¿qué, alumnos? La edificación del carácter. La Educación, página 225. Recuerden que es un requisito del curso; deben tenerla memorizada para cuando lleguemos al fin de estos estudios. Vamos: “La edificación del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos y nunca antes ha sido su estudio diligente tan importante como ahora.” A muchos les fue mejor en la última palabra, que en el resto de la declaración. Sin duda la edificación del carácter es la obra más importante, y nunca ha sido tan importante como ahora porque el Rey viene pronto.

Pero tenemos mucho que hacer. Tenemos que predicar el Evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y tenemos que preparar nuestras vidas. Pero otra vez, el cumplimiento exitoso de ambas tareas depende de la misma cosa, y es del desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo. Porque no podemos ser ni testigos eficaces del Rey, ni ciudadanos idóneos para el reino a menos que nuestro carácter se asemeje al de Cristo. Queridos amigos, no queda mucho tiempo. Pero lleva tiempo desarrollar un carácter que se asemeje al de Cristo. {5T 618.1} No tenemos tiempo que perder. Gracias por regresar y estudiar diligentemente conmigo lo que dice el Señor con respecto a nuestro papel cooperativo en este proceso de la edificación del carácter.

Nosotros no podemos hacernos semejantes a Cristo, debemos ser cambiados “de gloria en gloria por” ¿quién? “Por el Espíritu del Señor.” {2 Cor 3:18} Pero el Espíritu Santo no puede cambiarnos a menos que cooperemos con Él. Y es imperativo que sepamos cómo cooperar. Y hemos llegado a esa coyuntura en nuestra serie, a la condición doble y a lo que hace posible. La condición doble que encontramos al arrodillarnos al pie de la cruz, la cual está simbolizada en la sangre y el agua que fluyen del costado abierto de Jesús. {Juan 19:34} Hemos estudiado cuidadosamente que por la sangre somos justificados. Por el agua somos santificados. Y es mediante esta ofrenda doble de gracia, que la gloria de Cristo es restaurada en nosotros. La sangre provee el fundamento. El agua provee el poder. Y al aprender a cooperar con el Espíritu Santo, que es lo que el agua simboliza, podemos edificar un templo de carácter para la gloria de Dios que no solamente sobrevivirá este tiempo, sino que durará por la eternidad. ¿Amén? {Amén} …que durará por la eternidad. Pero tal carácter debe ser edificado sobre la base de la justificación por la fe… En Cristo.

Y queridos amigos, para edificar tal carácter exitosamente, debemos estar motivados poderosa y correctamente. Quiero repetir eso: debemos estar motivados poderosa y correctamente. ¿Por qué? Porque se requiere un esfuerzo diligente y perseverante para cooperar con el poder transformador del Espíritu Santo. Como ya lo hemos señalado, debemos aprender a guardar el corazón ¿cómo? Con toda diligencia. {Pr 4:23} ¿Implica “con toda diligencia” un cierto esfuerzo? Por supuesto que sí. ¿Y por qué es que debemos aprender a guardar el corazón diligentemente? Porque “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. {Pr 23:7} Y recuerden, en realidad eso es lo que es el carácter. Es la actividad del corazón. Y el corazón, como lo hemos definido, es en realidad el alma ya que comprende tanto el intelecto como las emociones.

¿Cómo se llama la actividad del intelecto? Los pensamientos.

¿Cómo se llama la actividad de las emociones? Los sentimientos.

Y recuerden, ¿cuál es nuestra definición básica de “carácter”? “Los pensamientos combinados con los sentimientos constituyen el carácter moral.” Testimonios para la Iglesia, Tomo 5, página 310. Entonces es lógico que si vamos a desarrollar un carácter que se asemeje al de Cristo debemos aprender a gobernar diligentemente nuestros pensamientos y sentimientos. ¿Amén? {Amén} Debemos aprender a tener la mente de Cristo. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Esto es lo que significa ser cristiano. Es mucho más que hablar como corresponde y conducirse como corresponde. Principalmente, es pensar como corresponde. ¿Amén? {Amén} Y queridos amigos, a menudo nos engañamos pensando que somos cristianos porque hacemos un buen papel en hablar como corresponde y nos conducirnos como corresponde, cuando en realidad puede ser que no lo seamos en absoluto. Puede ser que no seamos lo que pensamos que somos, pero lo que pensamos, eso somos. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Aprender a gobernar los pensamientos demanda un esfuerzo diligente y perseverante.

Y eso demanda una motivación poderosa. Ni usted ni yo perseveraremos en aprender a someter todo pensamiento a la obediencia a Cristo, lo cual, recuerden, es nuestra meta. Nunca perseveraremos en alcanzar esa meta a menos que seamos motivados poderosamente. Y esta noche quiero considerar con ustedes aquello que, por sí mismo, es motivación suficientemente poderosa y adecuada. El estudio de esta noche es muy importante. Vamos a estudiar la comisión del Señor para nosotros. Habiendo provisto a un precio infinito para sí mismo la sangre y el agua, esa provisión doble absoluta de gracia, por la cual la gloria de Dios puede ser restaurada en nosotros por causa de Cristo, nos comisiona con palabras extraordinarias y familiares. El título del estudio de esta noche es: “Así También Yo Os Envío”. En la importancia de esa frase, de esa comisión sencilla, pero extraordinariamente comprensiva, necesitamos fijar nuestra atención.

Pero antes de abrir la Biblia, ¿para qué debemos detenernos? Para abrir nuestros corazones… ¿Recuerdan nuestro elemento de reflexión? Nunca abran la Biblia, a menos que ¿qué? Que hayan abierto su corazón. Así que por favor arrodíllense conmigo para orar en silencio por unos momentos, personalmente invitando al Espíritu de Dios a que entre a nuestros corazones. Y por favor, anhelo sus oraciones esta noche. También oren por este hermano suyo.

Padre nuestro que estás en los cielos, te agradezco por estas horas santas a las que hemos entrado en éste tu día santo. Y también te agradezco por este lugar, esta casa de oración. Y te agradezco porque el tiempo y el lugar se vuelven santos cuando tu Espíritu Santo está presente. Y es a tu Espíritu a quien invitamos justamente en este momento. Entra en este lugar… Llena cada momento de esta hora. Pero más importante aún, entra a nuestros corazones. Sabemos que estás aquí, entre nosotros, como congregación, pues Lo has prometido: “donde están dos o tres congregados en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.” Pero no estamos conformes con sólo tenerte aquí entre nosotros, como congregación. Queremos tenerte en nosotros como individuos. De modo que abrimos la puerta de nuestros templos corporales, y decimos: “Entra Huésped celestial, entra, por favor”. Despierta y llena de energía nuestras facultades mentales y espirituales. Danos ese discernimiento espiritual que debemos tener para poder captar la verdad con el intelecto, abrazarla con las emociones, y más importante aún, someter a ella la voluntad. Señor Dios, por favor ayúdanos a entender, especialmente esta noche, cómo podemos y debemos estar motivados correctamente para perseverar en la edificación de un carácter que se asemeje al de Cristo para gloria de nuestro Salvador y para gloria tuya, la edificación de un carácter que perdure por las edades y por la eternidad. Por favor guía y dirige mis pensamientos y mis palabras. Quiero hablar la verdad y solamente la verdad en Tu nombre. Que mi lengua se pegue a mi paladar si dijere algo que pudiese representar falsamente la verdad. Pero libra mi lengua y guíala y dirígela para que pueda proclamar, con claridad y con precisión, la verdad que está en Jesús. Te entrego todo mi ser con ese fin. Por favor consiente a usarme. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

El título de nuestro estudio, “Así También Yo Os Envío”, viene de Juan 20:21. Estamos en la página 34, en la lección 15, “Así También Yo Os Envío”. Juan 20:21: “Entonces Jesús les dijo otra vez: ‘Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.'” Ahora, esto es según la Nueva Versión de la Biblia del Rey Jacobo. La versión antigua, la cual es más conocida, dice: “también os envío yo”. Queridos amigos, por favor consideremos juntos la importancia y profundidad de esa comisión. Jesús nos está comisionando a hacer por Él lo que Él hizo por el Padre. ¿Está claro? “Como me envió el Padre, así también Yo os envío.”

¿Pare qué envió el Padre al Hijo? Eso ya lo estudiamos: Lo envió a una misión doble. ¿Cuál era? Para revelar la gloria de Dios al hombre, y para restaurar la gloria de Dios en el hombre.

Queridos amigos, por favor dense cuenta que eso es precisamente lo que Cristo nos está comisionando a hacer por Él. “Como me envió el Padre, así también Yo os envío.” Jesús está a punto de regresar al Padre. Y está muy consciente de que debe seguir habiendo una representación correcta de su carácter en el planeta Tierra. Porque después de todo, Satanás seguirá mintiendo a la raza humana y procurará representar falsamente el carácter de Dios. Por lo tanto, debe de haber alguien quien ponga las cosas en su lugar. ¿Amén? Debe de haber alguien que revele la verdad con respecto al carácter de Dios. ¿Y quién debe ser ese alguien? Los discípulos… aquellos quienes se someten a Su Señorío y Su disciplina, que es lo que significa ser un discípulo. Significa estar bajo la disciplina y el Señorío de Cristo Jesús. Significa ser su pueblo.

El Camino a Cristo, página 115; escuchen esta declaración extraordinaria: “Los hijos de Dios están llamados a ser representantes de Cristo y a mostrar siempre la bondad y la misericordia del Señor. Como Jesús nos reveló el verdadero carácter del Padre, así tenemos que revelar a Cristo a un mundo que no conoce su ternura y piadoso amor. ‘De la manera que tú me enviaste a mí al mundo -decía Jesús-, así también Yo los he enviado a ellos al mundo’.” ¿Ven el paralelismo entre la misión de Cristo para la raza humana, la cual le fue dada por el Padre, y nuestra misión, la cual nos fue dada por Jesús? Es clara, es directa. Queridos amigos, por favor entiendan la responsabilidad tan seria que uno asume cuando uno afirma ser “cristiano”. Como tales, hemos de ser los embajadores de Cristo. Hemos de representarle en este mundo.

Y por favor dense cuenta de que el mundo tiene derecho a sacar conclusiones con respecto a quién es Cristo Jesús partiendo de la base de cómo actúan los cristianos. ¿Amén? ¿No es así? Sí, así es. Hemos de ser epístolas vivientes, conocidas y leídas por todos los hombres. Y el mensaje que damos ha de ser una revelación de quién es Cristo Jesús. Ésta es una responsabilidad solemne, ¿no es así? Les suplico, hermanos, ¡no tomen el nombre de Cristo en vano! Y no estoy hablando de maldecir, ¿o sí? Estoy hablando de una forma mucho más sutil de tomar Su nombre en vano. Estoy hablando de afirmar ser cristiano siendo desemejante a Cristo en carácter. ¿Es eso tomar Su nombre en vano? Oh, por supuesto que lo es.

Una de las acusaciones más aterradoras y solemnes que se encuentran en las Escrituras es aquella que Dios pronuncia con respecto a Su pueblo escogido. Dice de ellos: “Mi nombre es blasfemado entre los gentiles a causa de vosotros.” “Mi nombre es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.” {Rom 2:24} Es que, ellos eran conocidos como el pueblo escogido de Dios, pero ¿lo representaban correctamente? ¿Decían la verdad con respecto a Su carácter? No, y Dios recibió muy mala prensa por causa de esas epístolas muertas. Queridos amigos, Dios no permita que a alguien aquí se le deba pronunciar tal acusación. “Mi nombre es blasfemado a causa de vosotros.”

E insisto en que la responsabilidad que cae sobre nosotros como Adventistas Cristianos del Séptimo Día es especialmente grande porque… afirmamos no sólo ser cristianos, sino que afirmamos ser el pueblo remanente de Dios, el cual tiene que cumplir una misión muy especial y solemne en estas últimas horas de la historia de este mundo. ¿Amén? {Amén} Y lo creo con todo mi corazón, queridos amigos. Esto no nos hace mejores que los demás, pero sí nos hace mucho más responsables que los demás. {Amén.} Tenemos una responsabilidad muy solemne.

Hemos sido levantados y denominados y se nos ha dado un mensaje muy especial para predicarlo a toda nación, tribu, lengua y pueblo. ¿Cuál es ese mensaje? Es el mensaje de los tres ángeles. ¿Y cómo empieza? “…que tenía el Evangelio eterno…” {Apoc 14:6} Oh, por favor no olviden ese contexto. No es posible que prediquemos correctamente el mensaje de los tres ángeles a menos que tengamos el Evangelio eterno. “…que tenía el Evangelio eterno… diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle… {gloria} gloria”. ¿Qué significa darle gloria a Dios? Significa revelar su carácter en el nuestro, amigos. ¿Cómo, les ruego que me digan, podemos cumplir nuestra misión exitosamente y predicar tal mensaje si nosotros mismos no estamos revelando el carácter de Dios? ¿…y si, por consiguiente, no estamos dándole gloria a Dios? De modo que insisto en que la responsabilidad cae aún con mayor peso sobre los hombros de los Adventistas Cristianos del Séptimo Día.

Aquí hay otra declaración; Review and Herald, 30 de abril, 1889: “Cristo vino a representar al Padre ante el hombre. Le reveló al mundo la naturaleza de Dios. Satanás había representado falsamente al Padre. Lo había pintado como un ser lleno de venganza, en quien no había tolerancia, misericordia, paciencia o amor. Lo vistió de sus propios atributos; pero Cristo vino y asumió la humanidad de manera que pudiera revelarle a la humanidad el carácter verdadero del Padre; y nosotros hemos de representar a Cristo ante el mundo de la misma manera que Cristo representó al Padre.” ¿Ven el paralelismo? Oh hermanos… qué responsabilidad tan solemne. Qué pensamiento tan solemne.

Ahora, ¿cómo podemos cumplir esta comisión? ¿Cómo? ¿Cómo podemos hacer por Cristo lo que Él hizo por el Padre? ¿Cómo podemos ser usados por Él para revelarle Su gloria al hombre, y cooperar con Él, para que Su gloria pueda ser restaurada en el hombre? ¿Cómo? Solamente, insisto, solamente viniendo diariamente al pie de la cruz y recibiendo por la fe la condición doble de gracia, la cual está simbolizada en la sangre y el agua. Y amigos, en el contexto inmediato de la comisión, tenemos ambas ofrendas. Y quiero que observen cuidadosamente el orden en el que se presentan. Es profundamente significativo. Veamos el contexto mayor de la comisión.

La comisión se encuentra en Juan 20:21. “Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Pero obsérvenla en un contexto mayor; empecemos desde el versículo 19. Juan 20:19: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.” Oh, qué bellas palabras de salutación. ¿Las escucharon? “Paz a vosotros.” ¿Cuál es la importancia de esas palabras? Por favor observen el versículo 20: “Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las”, ¿qué? “Las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez”, versículo 21: “Entonces Jesús les dijo otra vez: ‘Paz a vosotros.'” ¿Cuál es la importancia de repetir esa garantía, de decirla dos veces… De que tuvieran paz? ¿Cuál es la importancia de esto? Queridos amigos, les está asegurando que sobre la base de la sangre, son justificados, y que por consiguiente están en paz con Dios.

Vean Romanos 5:1, ¿qué nos dice? “Justificados, pues, por la fe, tenemos”, ¿qué? “Paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. ¿Cuál es la única base sobre la cual tenemos paz con Dios? Siendo justificados por, ¿qué? Por la fe. Fe en Su, ¿qué? Romanos 5:9: “estando ya justificados en Su sangre”. Es por la fe en la sangre de Cristo que estamos en paz con Dios. Yo creo que es por eso que después de que Jesús dijo “Paz a vosotros” la primera vez… ¿qué hizo? Les enseñó Su ¿qué? Su mano. ¿Qué fluyó de Su mano traspasada? Sangre. Y les enseñó Su ¿qué? Su costado. ¿Qué fluyó de Su costado abierto? Sangre. Es como si estuviera diciendo: “Esta paz está basada en el derramamiento de Mi sangre. Y debido a lo que he hecho y a lo que han recibido por fe, están en paz con Dios.” Por favor dense cuenta amigos, éste es el fundamento sobre el cual debemos edificar nuestro templo de carácter. Y ésta es la única motivación adecuada para hacerlo.

Ahora escuchen atentamente lo que quiero decir con eso. Es profundamente importante que antes de que Cristo les pida a Sus discípulos que hagan cualquier cosa por Él, les asegure dos veces que ya están en paz con Dios sobre la base de lo que Él ha hecho por ellos. Insisto en que esto es profundamente importante. Quiero repetirlo. Antes de enviar a los discípulos y, de la misma manera, antes de enviarnos a nosotros con esta comisión extraordinaria: “Como me envió el Padre, así también yo os envío”, ¿de qué nos asegura dos veces? …De que tenemos ¿qué? Paz con Dios sobre la base de lo que Él ha hecho por nosotros. Ahora, ¿por qué es eso tan importante? ¿Por qué es eso tan importante?

Porque mis queridos amigos, Jesús quiere que tengamos la motivación correcta para hacer por Él lo que Él hizo por el Padre. Ésta es la razón por la cual no dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío, y si hacen una obra tan buena para Mí como la que Yo hice por Él, estarán en paz con Dios”. Alabado sea el Señor por no haberlo dicho de esa manera. ¿Amén? Si así lo hubiera dicho, ¿qué habríamos hecho nosotros? Nos habríamos remangado la camisa para ir a trabajar y tratar de ganar nuestra aceptación, nuestra paz con Dios, sobre la base de nuestro rendimiento. ¿Están siguiendo esto? Y Jesús sabe muy bien que la naturaleza humana está totalmente predispuesta a hacer eso de todas formas. De modo que para protegernos de esa tendencia humana, antes de pedirnos que hagamos cualquier cosa por Él, nos asegura dos veces que ya somos aceptados y que ya estamos en paz con Dios sobre la base de lo que Él ha hecho por nosotros. Ahora queridos amigos, hemos de ir a trabajar por Él, no para ganarnos nuestra aceptación, sino porque ya somos aceptados. ¿Decimos “amén”? {Amén}

Y a propósito, ésta es la motivación más poderosa que el corazón humano pueda conocer. Por favor entiendan… y a propósito, la psicología moderna y la psiquiatría están reconociendo esto. Por favor entiendan que la mayor necesidad del corazón humano es la aceptación. ¿Escucharon? La mayor necesidad del corazón humano es la, ¿qué? La aceptación. Y además, por favor entiendan que aquello que nos motiva más poderosamente es aquello que satisface nuestras mayores necesidades. ¿Siguieron ese paso? Aquello que nos motiva más poderosamente es aquello que satisface nuestras mayores necesidades. ¿Y cuál es nuestra mayor necesidad? El ser aceptados. Ahora, esta necesidad es tan poderosa que todos nosotros nos esforzamos en gran medida en referencia a esta necesidad.

Pero cada uno de nosotros puede estar en uno de dos grupos. Sólo hay dos grupos, uno de dos grupos: Aquellos que se esfuerzan por merecer u obtener aceptación, y aquellos que se esfuerzan debido a la gratitud y apreciación por el hecho de que ya son aceptados. ¿Entienden? Esta necesidad de ser aceptado es tan grande, que todos trabajan en referencia a ella, pero todos estamos en una de estas dos categorías. Aquellos que trabajan para ganarse la aceptación, o aquellos que trabajan porque ya son aceptados.

¿Ha de esforzarse el cristiano para cumplir esta comisión? Por supuesto que sí, queridos amigos. Se necesita un esfuerzo perseverante para hacer por Cristo lo que Él hizo por el Padre. Y cada vez que empezamos a hablar acerca del esfuerzo en la experiencia cristiana, ¿qué comienza a hacer la gente, casi inevitablemente? Empiezan a incomodarse y a concluir que nos estamos metiendo en ¿qué? En la justificación por las obras. Hermanos, por favor entiendan esto. ¿Es el esfuerzo humano categóricamente igual a las obras? ¿Lo es? ¿Es el esfuerzo humano categóricamente igual a las obras? ¿Es siempre igual a las obras? Absolutamente no. Es decir, a la justificación por obras, rotundamente no. ¿Qué hace que el esfuerzo humano se vuelva legalismo? ¿Qué es lo que hace que sea o que no sea justificación por obras? El motivo detrás de ello, ¿cierto? El motivo es lo que hace la diferencia. Si nos estamos esforzando para merecer nuestra aceptación, eso es ¿qué? Eso es igual a las obras, eso es legalismo.

Pero si estoy esforzándome porque amo y aprecio tanto a Jesús por el regalo gratuito de la aceptación que Él, a un precio infinito para sí mismo, me ha dado como un regalo, y quiero ser y hacer todo lo que pueda, para manifestarle cuánto Lo amo y Lo aprecio por eso, ¿es eso legalismo? Mil veces no. Ésa es la fe que obra por amor y que purifica el alma. {Gál 5:6, 1 Pe 1:22} ¿Amén? {Amén; alabado sea el Señor.}

Y queridos amigos, estoy aquí para decirles que nadie trabaja más duro que alguien que está motivado por amor. Y ellos ni siquiera lo consideran como una tarea u obligación. Ciertamente es un deleite. ¿Amén? Es un deleite.

Oh hermanos, por favor, evitemos esta reacción visceral que tenemos cuando empezamos a hablar acerca del esfuerzo humano en la experiencia cristiana. No es, categóricamente, igual a la justificación por las obras o al legalismo. Es el motivo detrás de algo lo que hace que lo sea o no. Cuando escuchamos y aceptamos esa garantía de paz que se dice dos veces, y sabemos que somos aceptados enteramente, justificados por la fe en la sangre de Jesús, y nos regocijamos en el hecho que somos aceptados en el Amado, y cuando empezamos a entender el precio que Dios Padre pagó, y que Dios Hijo pagó, para que así fuera, nuestros corazones responden, por lo menos deberían responder, con amor y gratitud. ¿Amén? Y queremos ser y hacer todo lo que podamos para manifestarle cuánto le amamos.

¿Y qué le escuchamos decir? “Como me envió el Padre, así también Yo os envío.” {Juan 20:21} “Si Me amáis, guardad Mis mandamientos”, {Juan 14:15} y por consiguiente permíteme restaurar en ti Mi carácter mediante una obediencia que viene del Espíritu y que es motivada por amor; puesto que Mi ley es el trasunto de Mi carácter. “La ley de Jehová es perfecta, convierte el alma”, {Sal 19:7} cuando la amamos y guardamos su Espíritu, lo cual significa tener amor supremo por Dios y amor desinteresado por los demás. ¿Amén? El amor supremo por Dios nos habilita para obedecer los primeros cuatro. El amor desinteresado por los demás nos habilita para obedecer los últimos seis. “El cumplimiento de la ley es el amor.” {Rom 13:10} Y cuando nosotros, en gratitud, amamos a Cristo por todo lo que ha hecho para salvarnos ni siquiera vemos la obediencia como una obligación, la vemos como ¿qué? Como un privilegio y un deleite. Y somos cambiados de adentro hacia afuera… Cambiados de gloria en gloria.

Oh amigos, espero que entendamos la profundidad y la importancia de la garantía de paz que se dice dos veces y la cual precede a la comisión: “Como me envió el Padre, así también Yo os envío.” Es sólo al entender esto que podemos estar poderosa y adecuadamente motivados para hacer por Cristo lo que Él hizo por el Padre. Ahora, después de haber provisto un fundamento seguro, y después de haber provisto una motivación adecuada, nos da la comisión. “Como me envió el Padre, así también Yo os envío.”

Entonces, inmediatamente después de la comisión, ¿qué hace? Aquí viene el agua. ¿Qué hace? Juan 20:21: “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también Yo os envío.” Versículo 22: “Y habiendo dicho esto,” ¿qué hizo? “sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.” Ahí tienen el agua. Recuerden que el agua simboliza al Espíritu Santo. De modo que en el contexto inmediato de la comisión, ¿qué encontramos? La sangre y el agua.

Mediante la sangre tenemos paz con Dios. Y mediante el agua tenemos el poder de Dios.

Y queridos amigos, con la paz y el poder, podemos hacer por Cristo lo que Él hizo por el Padre. ¿Amén? {Amén} Podemos hacerlo… Sí podemos. El Espíritu Santo que sopla sobre nosotros, ¿cuál es su obra? ¿Qué hace el Espíritu Santo? Colosenses 1:19 y 20: “Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud, y por medio de El reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la Tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de Su cruz.” Ahí está la paz, y eso acarrea el motivo de ¿qué? De amor. 2 Corintios 5:14 y 15: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si Uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos.” La paz es el fundamento. El poder es el Espíritu Santo; ¿y qué hace el Espíritu Santo? 2 Corintios 3:18, ése es el texto: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta…”, nuestro texto clave, “como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por” ¿quién? “el Espíritu del Señor”, amigos. Solamente el Espíritu Santo puede cambiarnos. Nosotros no podemos cambiarnos. Es por eso que para cumplir la comisión, Cristo tenía que darnos un poder sobrenatural. Tenía que inspirarnos. Tenía que inspirar Su Espíritu dentro de nosotros para que pudiéramos tener suficiente poder para hacer por Él lo que Él hizo por el Padre.

¿Qué dice Cristo con respecto a Su Espíritu? Juan 16:13 y 14: “Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él Me glorificará; porque tomará de lo Mío, y os lo hará saber.” Qué interesante; ¿qué dice Jesús que el Espíritu hará? “Él Me glorificará”. Por favor observen que el Padre envía al Hijo para que lo glorifique a Él. Jesús envía el Espíritu Santo para glorificarse Él mismo.

Pero tengo una pregunta: ¿Glorifica el Espíritu Santo a Jesús exactamente de la misma manera que Jesús glorificó al Padre? No. ¿Por qué? Jesús glorificó al Padre en su persona visible. ¿Cierto? Él podía decir: “El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre”. {Juan 14:9} Y era el resplandor de la gloria de Su Padre. ¿Es el Espíritu Santo una persona visible aquí en el planeta Tierra? No. Entonces, obviamente el Espíritu Santo glorifica a Cristo de una manera diferente a cómo Cristo glorificó al Padre. ¿Cómo es que el Espíritu Santo glorifica a Cristo? Al restaurar la semejanza del carácter de Cristo en nosotros amigos, así es, sin duda. Al restaurar la semejanza del carácter de Cristo en Su pueblo. Así es como el Espíritu Santo glorifica a Cristo.

Observen esta declaración extraordinaria. El Deseado de Todas las Gentes, página 671: “Acerca del Espíritu dijo Jesús: ‘El me glorificará.’ El Salvador vino para glorificar al Padre demostrando Su amor; así el Espíritu iba a glorificar a Cristo revelando Su gracia al mundo. La misma imagen de Dios se ha de reproducir en la humanidad. El honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de Su pueblo.” Oh, hermanos… Por favor entiendan lo que está en juego. Primeramente, ¿cómo es que el Espíritu Santo glorifica a Cristo? La misma imagen de Dios se ha de reproducir en la humanidad… Se refiere a nosotros. El Espíritu Santo glorifica a Cristo al cambiarnos de gloria en gloria, a la semejanza del carácter de Cristo. Al transformarnos, por la renovación de nuestro entendimiento, y habilitándonos para revelar la gloria, el carácter de Cristo Jesús, con nuestras palabras y con nuestras acciones y sí, aún con nuestra apariencia, a la plenitud de nuestra capacidad manchada por el pecado.

Ahora, recuerden, cuando damos lo mejor de nosotros aún con el poder del Espíritu Santo, de todas formas ¿qué? De todas formas estamos destituidos… de todas formas estamos destituidos. Pero eso no debería desanimarnos. Vean esta declaración acá en la página 34, hacia el final de la página; Testimonios para la Iglesia, Tomo 2, página 618: “Él, Cristo, ejercía una poderosa influencia, porque era el Hijo de Dios. Nosotros estamos tan por debajo de Él, y somos tan deficientes, que [aún] si hiciéramos lo mejor posible, nuestros esfuerzos serían insuficientes. No podemos obtener y poseer la influencia que Él tenía; pero, ¿Por qué no nos educamos a nosotros mismos, para llegar a estar lo más cerca posible del Modelo, y ejercer sobre la gente la mayor influencia posible?” Queridos amigos, aún los más piadosos de Su pueblo de todas formas son tan sólo un pálido reflejo.

¿De qué manera lo dijo la pluma inspirada en una declaración que compartimos anoche? “Los hombres más nobles y más amables son tan sólo un”, ¿qué? “Un pálido reflejo de la belleza divina del carácter de Cristo”. {MB 49.2} Pero eso no debería desanimarnos. Dios no espera que brillemos con el mismo esplendor del Sol. Pero sí espera que brillemos con el mayor esplendor posible. ¿Amén? Jesús es el resplandor de la gloria de Su Padre. {Heb 1:3} Él reveló un carácter infinitamente perfecto, Él es el Sol de Justicia. En el mejor de los casos, nosotros sólo somos lunas llenas. ¿Amén? Somos perfectos en nuestra esfera, así como Él es perfecto en Su esfera, brillando a la plenitud de nuestra capacidad manchada por el pecado. Pero aún una luna llena es tan sólo un pálido reflejo de la belleza divina del carácter de Cristo. Pero que Dios nos ayude a esforzarnos, por amor a Cristo, a ser lunas llenas, ¿amén? …a ser lo mejor que podamos por amor a Él.

Regresemos a la declaración de El Deseado de Todas las Gentes. La última oración es tan importante. “El honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de su pueblo.” Oh hermanos, para cualquier persona que ama a Cristo, esto tiene que ser una motivación poderosa. Porque si de verdad amamos a Cristo querremos honrarle, ¿no es así? ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Querremos honrarle. ¿Y cómo lo honramos? Al representarlo correctamente. Es por eso que se nos dice que el honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de Su pueblo. Aquí todo está en juego… todo está en juego.

Permítanme compartir una historia con ustedes. Mi padre me la contó, y su padre se la contó a él. Mi abuelo era ministro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y también mi padre lo era. Mi querido abuelo dio clases de Biblia en la Academia durante todo su ministerio, y era un maestro de Biblia muy eficaz. Lo sé porque a menudo personas mayores se acercan a mí y me preguntan: “¿De casualidad hay un parentesco entre usted y Lyle Wallace?” Y siempre sonrío y contesto: “Sí, es mi abuelo”. Y típicamente se les llenan los ojos de lágrimas y me dicen: “No puedo expresarle el impacto que tuvo en mi vida en la clase de Biblia, en la Academia”. Se lo conocía por las historias que contaba para ilustrar verdades espirituales. Y mi padre me contó ésta. Y desearía poder contarla tan bien como mi padre la contaba, y mi padre deseaba poder contarla tan bien como su padre la contaba. De modo que probablemente se ha deteriorado al pasar de una generación a otra, pero voy a hacer lo mejor posible, porque dice e ilustra la verdad que quiero dejar bien clara en sus corazones esta noche.

Jesús llevó a cabo su misión en el planeta Tierra de revelar la gloria de Dios al hombre, y de restaurar la gloria de Dios en el hombre. Llevó a cabo ambas etapas al momento de Su exclamación de victoria: “Consumado es”. {Juan 19:30} Ustedes recuerdan… Aún la segunda, al haber restaurado completamente la gloria de Dios en sí mismo en nuestro favor, pero también al haber hecho ofrenda plena y completa y suficiente, mediante la cual Su gloria podría ser restaurada en nosotros en Su nombre. Y al haber cumplido Su misión plenamente y sin falla alguna, regresa al cielo, a la adulación de todo el universo que no tiene pecado. Y al acercarse se oye una exclamación: “¿Quién es este Rey de gloria?” {Sal 24:8, 10} ¿Quién es este Rey de carácter? Y se oye una respuesta. Y entonces se repite la pregunta, no porque no hayan escuchado la primera vez o porque no la entendieron, sino porque solamente quieren escuchar alabanzas a Su Señor, a Quien aman con todo su corazón. Y se abren las puertas, y Él entra, y todas las huestes angelicales se apresuran a inclinarse ante Él y a adorarle, pero Él… levanta Sus manos; y no está dispuesto a recibir su adoración sino hasta tener la garantía del Padre, de que Su sacrificio ha sido suficiente para que nosotros nos unamos con Él.

Se tiene que amar esa clase de Señor. ¿Decimos “amén”? {Amén} Se tiene que amar esa clase de Señor.

Y cuando va al Padre y recibe la plena seguridad de que ha hecho todo lo necesario para hacer posible que quienquiera que viniera al pie de la cruz recibiera por la fe esa ofrenda doble de gracia y esté ahí con Él por toda la eternidad, y Lo vea como es, vea Su gloria, y la refleje a través de las interminables edades. Cuando recibe esa garantía, entonces sale y recibe la adoración y culto de las huestes angelicales… pero sólo hasta entonces. Y entonces prosiguieron a hacerle preguntas con respecto a Su misión. Y les encanta escuchar Sus historias, cómo tan perfecta y convincente e irrefutablemente desacreditó todas las mentiras del diablo con respecto al carácter de Dios, y cuán perfectamente reveló la verdad. Y hay gran regocijo en los corazones de todas las huestes angelicales al darse cuenta de cuán hermosamente Cristo ha revelado el carácter de Dios a la raza caída.

Pero entonces, después de un período de tiempo, hay un grupo de ángeles, y obviamente han estado hablando algo entre ellos. Y uno de ellos levanta su mano, y el Señor le concede la palabra, y dice: “Señor, estamos tan agradecidos por la manera tan perfecta en la cual cumpliste tu misión de revelar el carácter del Padre. Estamos tan agradecidos por la manera en la que refutaste y desmentiste todas las acusaciones del diablo con respecto al carácter de Dios. Pero tenemos una preocupación, y nos estábamos preguntando, ¿quién va a seguir haciendo eso en el planeta Tierra ahora que Tú estás aquí? Porque sabemos que Satanás no ha cambiado. Él ahora sigue mintiendo con respecto a Tu carácter, así como el del Padre. Y continuamente procura representarte falsamente y alejar a la gente de Ti, convenciéndoles de que en realidad no eres un Dios de amor. Y estamos plenamente conscientes de que hay una verdadera necesidad en el planeta Tierra de que alguien continúe revelando la verdad con respecto a Tu carácter. ¿Quién va a hacer eso ahora Señor, por favor? Estamos preocupados… dinos, ¿quién va a hacer eso ahora?

Y Jesús dice: “Bueno, no tienen que preocuparse. He dejado allá algunos hombres y mujeres escogidos. Está Pedro y está Santiago y está Juan y está Tomás y…”

Entonces los ángeles dijeron: “Bueno Señor, sabes, eso es lo que nos preocupa. Conocemos a esos hombres. Señor, Tú sabes, Pedro… no fue hace mucho tiempo que te negó con maldiciones. Y Santiago y Juan, esos hijos del trueno… querían que bajara fuego del cielo para incinerar toda una ciudad porque no los trataron bien. Y Tomás, Tú sabes cuánto tiempo le lleva creer cualquier cosa. Seguramente no estás contando con ellos. ¿Qué si te fallan? Es decir, ¿acaso no… tienes un plan B? Seguramente lo tienes, debes tener una alternativa, un plan de respaldo. Es decir, no puedes en realidad contar con ellos, ¿o sí?”

Y el Señor dijo: “Bueno, no sólo con ellos. También hay otros… hay otros. Está David… está María… y está Esteban y está Jeff… Está Phil y está Les”.

Y el ángel interrumpió y dijo: “Bueno Señor, Tú sabes que no tenemos tu presciencia, así que no conocemos a esas personas, pero ¿no son todos ellos seres humanos los que estás nombrando?”

Y el Señor dijo: “Sí”.

Y el ángel dijo: “Bueno, sabes, todavía estamos preocupados. Todavía estamos preocupados, porque… Tienen muy malos antecedentes, Señor, Tú lo sabes. Todos pecaron y por lo tanto están destituidos de la gloria. Ciertamente no puedes depender de los seres humanos para revelar la verdad con respecto a Tu carácter. Y Tú sabes, al final de esta gran controversia tiene que haber alguien que revele al mundo Tu carácter. Eso es lo que se va a requerir para que todo llegue a un gran clímax y se termine. De modo que por favor dinos, tienes un plan de respaldo, ¿no es así? ¿Qué si te fallan? ¿Cuál es el plan B, Señor? Dinos… Seguramente tienes un plan de respaldo.”

Y hay silencio por un período de tiempo, y finalmente el Señor dice: “No”.

“No tengo un plan de respaldo. Estoy contando con ellos. No pueden fallarme. Todo está en juego”.

¿Podrían ponerse de pie para orar?

Padre nuestro que estás en los cielos, por favor ayúdanos a no fallarte en estas horas finales de la historia de este mundo, cuando debes tener un pueblo que predique un mensaje vital a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y que revele Tu amor a ellos. Señor, es tan crucial que seamos tal pueblo. Ayúdanos, por amor a Cristo, a venir al pie de la cruz y recibir la sangre y el agua, la paz y el Espíritu Santo, el perdón y el poder, la gracia perdonadora y la gracia habilitadora, para que podamos hacer por Cristo lo que Él hizo por Ti, por favor Señor. Ayúdanos a no fallarle. Es nuestra oración en Su nombre. Amén.

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