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Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Durante la siguiente hora exploraremos tanto nuestro privilegio como nuestra responsabilidad de asemejarnos al carácter de Cristo. Acompáñenos en esta poderosa hora de renovación personal mientras el Pastor Stephen Wallace nos lleva “De Gloria en Gloria”.

Buenos días, buenos días queridos amigos, y feliz Sábado a todos. Qué día de invierno tan hermoso tienen aquí. ¿Llegaron sin ningún contratiempo, con estas calles resbalosas? Gracias por ese nivel de compromiso, el cual se manifiesta con su presencia. Gracias por resistir la tentación de quedarse en casa a causa del tiempo y de tomar el descanso del Sábado quizás muy literalmente. Gracias por estar dispuestos a venir y estudiar juntos diligentemente la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. {Ed 225.3} ¿Y cuál es esa obra, amigos? La edificación del carácter.

Ahora, algunos de ustedes son nuevos, acaban de unirse al grupo, y estoy realmente preocupado porque hemos estado desarrollando diligentemente un contexto y un entendimiento y principios fundamentales sobre los cuales estamos ahora edificando. ¿Y en qué lección vamos, clase? Los que han estado con nosotros. En la 17… En la 17. Estamos en el piso diecisiete de este edificio. Y para aquellos que acaban de unirse a nosotros, están, están hasta arriba sobre un lote vacío y estoy preocupado por ustedes. Pero tengo que confiar en que el Espíritu Santo permitirá, hasta donde sea posible, un entendimiento para que puedan apreciar y personalmente poner en práctica lo que estamos compartiendo en los estudios de hoy. Estamos estudiando la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos, la cual es la edificación del carácter. Y anoche estuvimos estudiando la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones.

Y esta mañana, hemos hecho una transición y nos hemos estado enfocando en nuestro papel cooperativo, con la obra del Espíritu Santo. Y el estudio de esta mañana se tituló: “Sobre Toda Cosa Guardada, Guarda tu Corazón” {Pr 4:23} Y realmente eso resume concisa y precisamente nuestro papel cooperativo. Después de todo, ¿qué es carácter? Es “cual es su pensamiento en su corazón”. {Pr 23:7} Y recuerden que la palabra corazón se traduce mejor como alma, y comprende tanto el intelecto como las emociones… En otras palabras, tanto los pensamientos como los sentimientos. Y según las palabras de la pluma inspirada, Testimonios, Tomo 5, página 310: “Los pensamientos y sentimientos combinados constituyen el carácter moral.” Es lo que ocurre en nuestros corazones lo que determina quién realmente somos. El carácter determina quién realmente somos. Muchos de nosotros nos hemos engañado y pensamos que somos algo que no somos. Debido a que nos conducimos bien, pensamos que somos gente buena y quizás aun pensamos que somos cristianos. Pero puede ser que no seamos quienes pensamos que somos. Pero les aseguro, somos lo que pensamos. ¿Decimos “amén”? {Amén} Lo que determina quién realmente somos es lo que ocurre entre el oído izquierdo y el derecho, donde sólo usted y Dios saben lo que está ocurriendo, queridos amigos.

No es lo que ocurre acá afuera. Eso puede ser o no una caracterización o representación precisas de lo que ocurre acá arriba. La hipocresía es hacer una buena actuación, es tener una buena fachada religiosa y podemos engañar a otros, podemos aun engañarnos a nosotros mismos y pensar que somos cristianos porque tenemos una apariencia de piedad. Pero queridos amigos, es posible que todo sea motivado por un hombre egoísta. Una tumba blanqueada {Mt 23:27}, o según la versión antigua de la Biblia del Rey Jacobo, un sepulcro blanqueado que tiene un exterior hermoso. De hecho, el Señor dijo que es hermoso por fuera. Pero ¿qué hay detrás de todo? Un hombre muerto. Hacemos todo lo correcto pero por todas las razones incorrectas, somos motivados por el egoísmo.

Así que lo que determina quién realmente somos, no es lo que ocurre acá afuera. Es lo que ocurre acá arriba entre el oído izquierdo y el derecho. Y ésa es la razón por la cual, si vamos a cooperar con el poder transformador del Espíritu Santo, necesitamos aprender a hacer mucho más que sólo mantener nuestra conducta a raya Sobre toda cosa guardada, necesitamos guardar el corazón. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} Necesitamos aprender a mantener nuestros pensamientos y sentimientos conforme al espíritu de la ley, no solamente que nuestras palabras y acciones cumplan con el régimen de la ley. Y eso demanda una diligencia total. “Guarda tu corazón con” ¿qué? “Con toda diligencia.”

Y señalamos cinco razones por las cuales es nuestro deber, nuestra responsabilidad hacer eso. ¿Cuál es la razón número uno? Vamos alumnos, los que estuvieron aquí, ¿cuál es la primera razón por la cual debemos “guardar el corazón con toda diligencia”? “Porque de él mana la vida.” {Pr 4:23} El corazón, la mente, es el manantial o la fuente de todas nuestras palabras y acciones. Nuestra conducta entera procede de lo que ocurre en la mente. Y por lo tanto para que lo de ahí procede, sea genuino y puro y semejante a Cristo, lo que ocurre acá arriba debe ser genuino, puro y semejante a Cristo. ¿Amén? Eso simplemente tiene sentido. Es la condición del manantial lo que determina la condición del agua que de él procede.

La segunda razón por la cual debemos guardar el corazón con toda diligencia, ¿cuál es? Porque lo que ocurre en nuestro corazón es lo que determina quién realmente somos. El sabio nos dice: “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” {Pr 23:7} Y a causa de eso, queridos amigos, es imperativo que gobernemos cuidadosamente lo que ocurre en la mente. Eso es lo que realmente somos. Estamos tan predispuestos a pasar esto por alto. Estamos tan predispuestos a evaluarnos en base a nuestra conducta, y como señalamos esta mañana, tendemos a hacer eso porque nosotros mismos somos evaluados en base a nuestra conducta, durante toda nuestra vida. Y entonces tendemos a usar el mismo criterio para evaluar la pureza de nuestra experiencia cristiana.

Pero ¿es prudente usar ese criterio? No. ¿Por qué? Porque podemos estar haciendo todo lo correcto por todas las razones incorrectas. Podemos estar viviendo conforme al régimen de la ley. De hecho, como Saulo de Tarso podía decir con respecto a su experiencia “A.C.” – antes de su conversión, antes de conocer a Cristo camino a Damasco – en Filipenses, dijo de sí mismo antes de su conversión, que era “por las obras de la ley” ¿qué? “…sin culpa”. {Flp 3:6} Como hombre no convertido, su conducta era irreprochable. Es aterrador lo que se puede lograr si hay suficiente motivación del ego, ¿no es así? Tomen en cuenta que una voluntad férrea también ayuda. Pero lo que quiero decir es que podemos hacerlo, si hay suficiente motivación del ego. Ésta es precisamente la razón por la cual nunca es prudente evaluar nuestra experiencia cristiana en base a nuestra conducta. No es suficiente usar ese criterio.

Debemos ver más profundamente, porque es lo que ocurre acá arriba lo que determina quién realmente somos. Y concluimos el estudio de esta mañana con una pequeña operación a corazón abierto. Permitimos que el bisturí de la verdad abriera las fosas internas de nuestro ser, y miramos muy de cerca, ¿no es así? Y quizás algunos de nosotros nos quedamos un poco consternados por lo que descubrimos. Oh, queridos amigos, tengo que desafiarles otra vez a que hagamos hoy otra operación a corazón abierto. Y permítanme ponerlos sobre aviso, ésta no va a ser una experiencia muy cómoda. Pero queridos hermanos, si solamente compartiera lo que nos va a hacer sentir cómodos, no les estaría haciendo ningún favor. ¿Decimos “amén”? {Amén} Nosotros los pastores, tenemos que amarlos lo suficiente para decirles las cosas como son. Y entonces debemos confiar en ustedes y en el Espíritu Santo para que respondan correctamente a la verdad. De modo que no se molesten conmigo si les inflijo un poco de dolor. No soy yo; solamente soy Su mensajero hoy. Por favor permítanle hablarles al corazón, a su mente. Pero hermanos Laodiceanos, quienes están tan engañados y piensan que somos ¿qué? Ricos y que nos “hemos enriquecido de bienes y que de ninguna cosa tenemos necesidad {Apoc 3:17}” y ni siquiera sabemos que somos ¿qué? “Desventurados, pobres, miserables, ciegos y desnudos”. Es un auto engaño bastante grave, ¿no es así?

¿Por qué estamos tan terriblemente engañados? Porque nos evaluamos en base a un criterio falso, a nuestra conducta relativamente buena. Y ya que nos conducimos mejor que casi todos los demás, sin duda debemos ser el pueblo elegido de Dios. Tengan cuidado, puede ser que no sean quienes piensan que son. Pero tengan la seguridad de que sí son lo que piensan. “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” {Pr 23:7} ¿Y qué necesitamos para ver cómo realmente somos? Hermanos Laodiceanos, auto engañados, llenos de justicia propia, ¿qué necesitamos? Necesitamos el colirio. ¿Cuántos dicen “amén”? {Amén} El Testigo Fiel nos anima específicamente a recibir de Él ¿qué? Colirio, colirio para que podamos ¿qué? Ver. {Apoc 3:18}

¿Qué es el colirio? Es el discernimiento espiritual sobrenatural que es nuestro, por el poder y como un regalo del Espíritu Santo. Solamente el colirio puede ayudarnos a ver más allá del blanqueamiento. ¿Escucharon lo que dije? Solamente el colirio puede ayudarnos a ver más allá del blanqueamiento, y a reconocer qué hay detrás. De modo que ¿orarían conmigo esta mañana para que se unjan nuestros ojos con colirio? ¿Por favor lo harían? Para sus propios ojos… ¿Y orarían por mí, al orar por ustedes, para que el Espíritu Santo unja a esta pobre vasija de barro para que pueda hablar la verdad y solamente la verdad, aunque duela, aunque se vuelva impopular? ¿Podrían pedirle a Jesús que me dé suficiente amor por ustedes como para correr el riesgo de ofenderlos? ¿Por favor lo harían? ¿Me acompañarían de rodillas por unos momentos para orar en silencio?

Padre nuestro que estás en los cielos, te agradezco tanto por la quietud de este hermoso Sábado. Te agradezco por cada una de las personas que han venido. Y sin importar los motivos o las razones por las que están aquí, es mi oración que los bendigas, por favor Señor. Quizás algunos están aquí porque se les ha pedido que vengan, quizás algunos están aquí porque tienen que mantener cierta reputación, y si no estuviesen aquí, la gente se preguntaría dónde están. Quizás algunos están aquí porque realmente te aman, y quieren rendirte adoración, y quieren llegar a conocer mejor cómo ser más semejantes a ti. Pero Padre, cualquiera que sea la razón por la que estamos aquí, es mi oración que abras nuestros ojos y anos ayudes a ver la verdad que nos liberará, que nos santificará que nos hará más semejantes a Jesús quien es la Verdad. Ayúdanos a contemplar la verdad, que al contemplar seamos cambiados por la verdad, por el Espíritu de Verdad, a semejanza de Aquel quien es la Verdad. Por favor Padre, haz que éste sea más que un simple ejercicio intelectual, haz que sea una experiencia transformadora. Es mi oración que me des la fortaleza, a pesar de ser una pobre vasija de barro, débil y manchado por el pecado, e incapaz de valerme por mí mismo, por favor úsame, por un milagro de gracia, para elevar a Jesús. Dame la fortaleza para elevar a Jesús, y reclamo su promesa: “Y yo, si fuere levantado… a todos atraeré a mí mismo.” Acércanos a Jesús y acércanos unos a otros como resultado de haber pasado este tiempo juntos en el estudio de Tu Palabra, es mi oración en Su nombre. Amén.

Siguiendo nuestros cuadernos, sólo llegamos al final de la página 37 de la Lección 17. A propósito, si no tienen una copia, la tendrían, si hubiesen venido. Y pueden recibir una esta tarde si regresan. Estarán disponibles sobre la mesa. Pero son para aquellos que tienen la intención de asistir regularmente, por lo menos de hoy en adelante, ¿está bien? Es una carpeta como la que tengo en mi mano.

Llegamos hasta la segunda razón por la cual debemos guardar el corazón con toda diligencia. La cual es, porque lo que ocurre en el corazón es lo que determina quién somos. Hay otra declaración bajo ese encabezamiento que simplemente debo compartir con ustedes; no puedo saltármela. Se encuentra en “Mensajes para los Jóvenes”.

Observo que tenemos varios jóvenes aquí esta mañana; bienvenidos. Que bueno que se hayan unido al grupo; los espero esta tarde. ¿Amén? Vamos, denme una respuesta… bien. Y a propósito, si necesitan permiso para venir, hablen conmigo, y lo arreglaremos; ¿está bien? Haremos un arreglo.

Mensajes para los Jóvenes, página 144: Y cito: “El hombre, ‘cual es su pensamiento en su corazón, tal es él’. Muchos pensamientos”, presten atención, “muchos pensamientos forman la historia no escrita de un solo día, y estos pensamientos tienen mucho que ver con la formación del carácter.” Escuchen: “Debemos vigilar estrictamente nuestros pensamientos,” “Debemos vigilar”, ¿qué, alumnos? “…estrictamente nuestros pensamientos”. ¿A qué les suena eso? “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”. ¿Por qué deben ser vigilados estrictamente nuestros pensamientos? Escuchen: “Debemos vigilar estrictamente nuestros pensamientos, pues un”, ¿cuántos? “…un pensamiento impuro hace profunda impresión en el alma. Un pensamiento malo deja una mala”, ¿qué? “…impresión en la mente.” ¿Cuántos pensamientos malos se requieren para dejar una profunda, mala impresión en el alma y la mente? Uno… Uno.

Y a propósito, cada vez que ese pensamiento malo se permita nuevamente, ¿qué ocurre con esa impresión? Vamos, ¿qué ocurre? Se profundiza y profundiza y profundiza, hasta que eventualmente puede ser grabada permanente e indeleblemente en corazones de piedra, y en realidad eso es la marca. Oh amigos, con razón debemos guardar el corazón con toda diligencia. Un pensamiento malo deja una impresión profunda.

Pero alabado sea Dios, lo opuesto también es verdad. Los pensamientos puros dejan impresiones puras, ¿amén? Y cada vez que sometemos nuestros pensamientos al espíritu de la ley, {2 Cor 10:5} ¿qué ocurre con esa impresión? Se profundiza y profundiza, y es así, precisamente, como cooperamos con el proceso re-grabador que Dios, mediante Su Espíritu, está haciendo en nuestros corazones, en las tablas de carne de nuestros corazones. Cooperamos con ese proceso al llevar nuestros pensamientos y sentimientos a una armonía con el espíritu de la ley. Y más y más completamente, la ley de Dios, la cual es un trasunto de Su carácter, se vuelve el fundamento sobre el cual edificamos un templo de carácter para la gloria de Dios.

¿Y qué es el carácter? Los pensamientos y sentimientos combinados. Y al permitir que nuestro carácter, nuestros pensamientos y sentimientos, esté más y más consistentemente en armonía con el espíritu de la ley, somos transformados más y más completamente por la renovación de nuestro entendimiento. Logramos que estos programas, amigos jóvenes, logramos que estas computadoras sean re-programadas. Re-programadas, recibimos un sistema operativo nuevo. Porque, la computadora que recibimos como herencia natural de nuestros padres humanos, está programada con el sistema operativo del egoísmo. Pero cuando nacemos de nuevo, recibimos un corazón nuevo, el cual está programado por ¿qué sistema operativo? El sistema operativo del amor. Y al aprender a manejar el software de Dios, particularmente Su Palabra, nuestras mentes se disciplinan para funcionar en armonía con el espíritu de la ley, que es el amor, y así es como nuestras computadoras son re-programadas, así es como somos transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento. Y cuando aprendemos a pensar y sentir, siendo motivados y gobernados por el amor, entonces nuestras palabras y acciones serán expresiones genuinas de amor por primera vez, ¿amén?

Si tratamos de hacer obras “de amor” entre comillas con un corazón egoísta, es solamente hipocresía; es solamente hipocresía. Pero cuando hacemos obras de amor porque de verdad amamos a Dios supremamente y a los otros desinteresadamente, entonces serán una revelación genuina del amor de Cristo, y entonces se volverán atractivas y bellas y ganarán el corazón. Y eso es lo que nos hace eficaces conquistadores de almas … ¿Amén? Porque, el amor genuino es algo tan poco común hoy en día, que cuando las personas lo ven, realmente se asombran y toman nota. Casi sin excepción hoy en día, en el mundo, cuando la gente hace buenas obras, es porque tienen intenciones ocultas. ¡Vamos, ustedes lo saben! Tienen motivos ocultos. Lo hacen con el fin de ser admirados. Lo hacen porque al fin y al cabo pueden clasificarlo como gasto deducible. Lo hacen porque aparecerá en el periódico local. Todos son motivos egoístas. Pero queridos amigos, cuando la gente empieza a hacer buenas obras simplemente con el fin de ser una bendición para alguien, y no demanda ningún crédito, la gente se asombra y empieza a tomar nota, ¿no es así? Eso es muy raro.

Y a propósito, tengo que sondearlos un poco en esto. Una de las mejores maneras para determinar cuáles son nuestros motivos cuando hacemos buenas obras, es analizando cómo nos sentimos si nadie se da cuenta. ¿Entienden lo que estoy intento sugerirles? Queridos amigos, inevitablemente si nos molestamos cuando nadie se da cuenta de lo que hicimos, ¿cuáles son nuestras intenciones? ¿Cuáles son nuestros motivos? Es egoísmo. Ustedes lo saben; les estoy diciendo la verdad, ustedes lo saben. Si hacemos buenas obras porque realmente amamos a alguien, entonces encontramos gozo simplemente en hacerlo… Y en representar a Cristo correctamente en el proceso, aun cuando nadie lo aprecie salvo Jesús. A propósito, para un hombre, para una mujer que realmente aman a Jesús, Su aprobación compensa la desaprobación del resto del mundo. ¿Amén? Del resto del mundo. Escudriñen su corazón, amigos. ¿Cuál es el motivo? ¿Cuál es el motivo?

La segunda razón, no, la tercera, la tercera… La tercera razón por la cual debemos guardar el corazón con toda diligencia es porque si nosotros no lo hacemos, Satanás lo hará. ¿Escucharon lo que acabo de decirles? La tercera razón por la cual tenemos el deber, la obligación, de gobernar la mente con toda diligencia es porque si nosotros no lo hacemos, ¿quién lo hará? Satanás. Quiero leerles la declaración de donde obtenemos nuestra definición básica de carácter. Y escucharán la frase… ¿Recuerdan la definición de carácter? “Los pensamientos y sentimientos combinados”. Quiero leer esa declaración, pero dentro de un contexto más amplio. Se encuentra en Testimonios, Tomo 5, página 310; al principio de la página 38: “Hasta sus malos pensamientos…” “Hasta sus”, ¿qué? “…malos pensamientos deben sujetarse a la voluntad de Dios, y sus sentimientos bajo el control de la razón y la religión. No se les dio la imaginación para que se descarriara  e hiciera su voluntad, sin que hagan ningún esfuerzo para imponerle restricción o disciplina. Si los pensamientos son malos, los sentimientos también lo serán. Los pensamientos y sentimientos combinados constituyen el carácter moral.” Tenemos que detenernos aquí.

Por favor observen, ¿de qué está constituido el carácter? De los pensamientos y sentimientos combinados. Pero de estos dos, ¿cuál es el más importante? Los pensamientos. Observen que, “Si los pensamientos son malos, los”, ¿qué? “Los sentimientos también lo serán.” Y a propósito, permítanme agregar algo. En la segunda parte de la serie “De Gloria en Gloria”, a la cual no vamos a entrar en esta sesión que estamos estudiando juntos, tenemos un estudio que se enfoca en el gobierno de los sentimientos. ¿Es importante gobernar nuestros sentimientos? Por supuesto que lo es. Pero por ahora, por favor entiendan que si vamos a aprender a gobernar nuestros sentimientos, tenemos que reconocer que el problema… ¿Cuál es el origen del problema con los sentimientos que están fuera de control? Son los malos ¿qué? Los malos pensamientos. ¿Entendemos esto? De modo que si tenemos sentimientos que no deberíamos tener, lo que necesitamos hacer es pedirle a Dios que nos ayude a identificar los malos pensamientos que llevan a ellos. Y entonces sujetemos esos pensamientos a la obediencia a Cristo, y Él detendrá a nuestros sentimientos en el proceso. ¿Decimos “amén”? {Amén} Cerremos ese paréntesis; alguien necesitaba eso esta mañana. “Si los pensamientos son malos, los sentimientos también lo serán. Los pensamientos y sentimientos combinados constituyen el carácter moral”, ¿quedó claro?

Esta es la razón por la cual estoy compartiendo este párrafo, siguiente oración: “Cuando Uds. deciden que como cristianos no se les requiere que restrinjan sus pensamientos y sentimientos, caen bajo la influencia de los malos ángeles e invitan su presencia y su control.” ¿Entienden eso hermanos? Por favor no decidan que no es un requisito que restrinjan sus pensamientos y sentimientos, porque si así lo deciden, caen bajo la influencia de los malos ángeles e invitan su presencia y su control.

A propósito, ¿tienen que realmente invitar a Satanás diciéndole: “Escucha, entra y controla mis sentimientos”? No, lo hará por defecto… Por defecto. y queridos amigos, en realidad no le es difícil hacerlo. Porque por naturaleza, entiéndanlo, de todas formas, nuestra mente está en armonía con la de él. ¿Dije eso? Sí, lo dije. ¿En qué me baso? En las Escrituras. No me atrevo a decirles nada salvo en base a las Escrituras. Romanos 8:7: “Por cuanto los designios de la carne…” a propósito, ¿cuáles son los designios de la carne? Se refiere a la mente natural. Lo que naciere de la carne, carne es, carnal. {Juan 3:6} Y ésa es la única mente que tenemos hasta que nacemos de nuevo, del Espíritu. Entonces recibimos una mente espiritual. Pero hasta que nazcamos de nuevo, “los designios de la carne son” ¿qué? “enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.” ¿De verdad? Sí, de verdad.

¿Por qué está la mente carnal tan peleada con Dios, ciertamente odiándolo y resintiéndolo y rebelándose en contra de Su ley? ¿Por qué hace eso la mente carnal? Porque la mente carnal es gobernada por la ley o el espíritu de Satanás… el cual es egoísmo. Y en la caída, queridos amigos, el hombre natural no solamente se desarmonizó con Dios, sino que cayó en armonía con ¿quién? Con Satanás. Y ésa, a propósito, es precisamente la razón por la cual la primera promesa que Dios da en el Edén es ¿qué? “Pondré enemistad entre ti y la mujer”. {Gn 3:15} Enemistad… Porque nuestra enemistad natural es hacia ¿quién? Hacia Dios. Pero, alabado sea Su nombre, ¿qué promete hacer? Promete poner enemistad entre Satanás y nosotros.

Pero por favor dense cuenta que tiene que ponerla sobrenaturalmente, porque no se encuentra naturalmente. ¿Entendemos esto, alumnos? Y debo confirmar eso con la pluma inspirada. Signs of the Times, 11 de junio, 1894: “Hemos de conocer el significado de las palabras: ‘Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón.’ La enemistad que existe en el corazón contra el mal no tiene existencia natural, mas es una enemistad que ha sido creada mediante la acción del Espíritu Santo.” En otras palabras, el origen es sobrenatural. ¿Decimos “amén”? {Amén} Sigamos leyendo: “‘Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.'” {Juan 1:12} Ahora escuchen esta última oración: “El hombre natural está en trasgresión, y su naturaleza está en armonía con la del primer trasgresor. No hay una enemistad natural entre hombres caídos y ángeles caídos; ambos son partícipes del mismo espíritu a través de la complacencia del mal.” ¿Cuál es ese espíritu del cual somos partícipes junto con los ángeles caídos? Es el espíritu de egoísmo. Y es ese espíritu el que gobierna el corazón natural. ¿Entendemos esto? Alabado sea Dios por el regalo prometido de la enemistad. ¿Decimos “amén”? {Amén}

Seríamos completamente impotentes para hacer cualquier cosa salvo para seguir siendo esclavos voluntarios de la tiranía del pecado, del yo y de Satanás, hasta terminar destruyéndonos a nosotros mismos a causa de la complacencia. Y a propósito, eso es lo que la gran mayoría de la raza humana está muy ocupada haciendo. Vamos, ¿lo entendemos así? Necesito escuchar un “amén”; pueden responder. {Amén} La gran mayoría de la raza humana está ocupada autodestruyéndose mediante la complacencia porque son esclavos del pecado, del yo y de Satanás. ¿Por qué? Porque están siendo tiranizados por la ley de egoísmo. Alabado sea Dios porque podemos ser liberados de esa tiranía, ¿amén? Alabado sea Dios porque podemos recibir un corazón nuevo que es gobernado por la ley de amor. Y empezar a vivir por otros en lugar de vivir por nosotros mismos. Y es por eso que Jesús dice en Ezequiel 18:31 y 32: “Echad de vosotros todas vuestras trasgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.” ¿Escuchan su súplica ferviente? “Y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.” Esto es lo que está diciendo: “Por favor regresa a mí antes de que te destruyas por tu complacencia. ¡Por favor! Recibe un corazón nuevo… Yo tengo uno. Quiero dártelo, pero debes convertirte y pedírmelo. No puedo forzarte a que lo recibas. ¿Me permitirías dártelo?”

La cuarta razón… La cuarta razón por la cual debemos guardar el corazón con toda diligencia es porque es dentro del corazón donde Dios busca y requiere nuestra obediencia. ¿Lo entendemos? ¿Cuál es la cuarta razón por la cual debemos guardar el corazón con toda diligencia? Porque es dentro del corazón donde Dios busca y ¿qué? Requiere nuestra obediencia. ¿Dónde requiere nuestra obediencia? Entre el oído izquierdo y el derecho, principalmente. Se llama obediencia espiritual. Se llama ¿cómo? …obediencia Espiritual. ¿Y qué es obediencia espiritual? Es aprender, por amor a Cristo y con el poder del Espíritu Santo, a llevar nuestros pensamientos y sentimientos a una armonía con el espíritu de la ley, que es amor… ¿amén? Dios requiere esto… Dios lo requiere.

Observen cuán claramente las Escrituras lo manifiestan. 1 Samuel 16:7; conocen la historia. Dios comisiona a Su profeta Samuel, a ir a la casa de Isaí, y ungir, entre sus hijos, al sucesor de Saúl. De modo que los muchachos vienen, y se presentan delante del profeta por orden de edad. El primogénito se presenta primero: apuesto, 6 pies 5 pulgadas de estatura, cabello largo y oscuro, ancho de hombros, angosto de caderas… obviamente tenía madera de rey. Y Samuel toma su frasco y está a punto de ungirlo, a este candidato que obviamente reemplazaría a Saúl, cuando repentinamente Dios tiene que decirle algo. ¿Qué le dice? “No, no tan rápido…” “Y Jehová respondió a Samuel: ‘No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho”. ¿De verdad? Pero Dios, es de buen parecer y es tan amable y se conduce tan bien. No… “Yo lo desecho”. ¿Por qué, Señor? “Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira”, ¿qué? “El corazón'”. Por lo tanto, queridos amigos, sobre toda cosa guardada, guarda el corazón. ¿Decimos “amén”? {Amén} Dios está viendo; ve cada pensamiento que cruza por la conciencia justamente con la misma claridad y seguridad, de hecho aun más, con la que ustedes ven el movimiento de mi brazo. Dios no ve de la misma manera que nosotros vemos. Nosotros sólo vemos lo exterior. Él ve lo interior. No hay siquiera un pensamiento que cruce nuestra mente del cual Dios no tenga pleno conocimiento. ¿Decimos “amén”? {Amén} Sus ojos penetran precisamente en el centro de nuestro ser. Es omnisapiente; lo sabe todo.

David, el pastorcito esquelético quien ni siquiera estaba en el grupo porque andaba afuera cuidando ovejas… Sus hermanos mayores lo habían dejado allá para hacer el trabajo a fin de que ellos pudieran entrar y presentarse ante el profeta. David es a quien Dios había elegido por su ¿qué? Por su corazón. Deseaba con toda su alma conocer y amar a Dios. Este mismo David, antes de pasarle las riendas de su autoridad real a su hijo Salomón, ¿qué era lo que tenía que decirle? 1 Crónicas, esta vez, 28:9: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con…”, ¿qué? “…con corazón perfecto y con…”, ¿qué? “…con ánimo voluntario”. ¿En dónde pone el énfasis David? ¿En obedecerle externamente, a nivel de la conducta? No, sino en obedecerle acá arriba entre el oído izquierdo y el derecho. Y cuando lo hagamos ahí, entonces la conducta se ocupará de sí misma. ¿Amén? {Amén} Así es… Así es. ¿Por qué lo exhorta a servirle con corazón perfecto y con ánimo voluntario? “Porque JEHOVÁ escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos.” “Todo”, ¿qué? “Todo intento de los pensamientos.” ¿Qué es el intento de los pensamientos? Son los motivos detrás de los pensamientos. Queridos amigos, Dios los entiende todos; los entiende todos.

Jesús trataba constantemente y de diferentes maneras de ayudar a Su pueblo elegido de esos tiempos, los judíos, a llegar a entender la naturaleza espiritual de la obediencia que Él desea. Porque, se habían vuelto unos profesionales en cumplir con el régimen de la ley, ¿no es así? Y solamente para asegurarse de que lo estaban haciendo, los escribas y fariseos, los rabinos, pasaban mucho tiempo detallando minuciosamente lo que constituía una conducta correcta. De hecho, se habían escritos volúmenes sólo en cuanto a cómo guardar el Sábado, hasta los más pequeños detalles de lo que era y lo que no era una conducta adecuada para el día Sábado. Y a propósito, capten esto; mientras menos tengamos el espíritu de la ley gobernando nuestro corazón, más vamos a necesitar el régimen de la ley para gobernar nuestra conducta. Por el contrario, mientras más tengamos el espíritu de la ley gobernando nuestro corazón ni siquiera necesitaremos el régimen de la ley porque nuestra conducta naturalmente cumplirá con él. ¿Decimos “amén”? {Amén}

Pero debido a que el espíritu de la ley no gobernaba sus corazones, se tomaron muy en serio el definir hasta los detalles más remotos y diminutos, de lo que determinaba la conducta correcta e incorrecta. Y debido a que eran tan buenos en cumplirlas, estas numerosas reglas, estas normas y reglamentos, se habían convencido de que eran ¿qué? Ricos y que estaban enriquecidos de bienes y que de ninguna cosa tenían necesidad. {Apoc 3:17} ¿Les suena eso familiar? ¿Será posible que algunos de nosotros también hayamos tomado esa ruta? De modo que ¿cómo va a ayudar Jesús a salir del foso, del foso del legalismo, a estos escribas y fariseos auto engañados y llenos de justicia propia?

Bueno, ¿qué se les predica a los legalistas? ¿Qué se les predica a los legalistas? ¿Se les predica el Evangelio? Cuidado, es una pregunta capciosa. ¿Se le predica el Evangelio a los legalistas? No… No hasta que se les predique primero la ley. ¿De verdad? Sí, de verdad. ¿Por qué? Bueno, ¿qué es el Evangelio? El Evangelio son las buenas nuevas de que hay un Salvador del pecado, quien nos perdona por nuestros pecados. Pero todo buen legalista lleva mucho tiempo sin pecar. ¡Vamos! De modo que no necesita ser perdonado por sus pecados; los dejó hace mucho tiempo. Pero esos gentiles desagradables que viven allá, del otro lado de la frontera, quienes, ustedes saben, se conducen vergonzosamente y no guardan el Sábado, ¡ellos son los que necesitan ser perdonados, no yo! Amigos, el Evangelio son las buenas nuevas de que hay un Salvador, pero el legalista está muy convencido de que es capaz de salvarse a sí mismo. Y decirle que necesita un Salvador es algo ofensivo para él. ¿Entienden lo que les estoy diciendo? De modo que antes de siquiera esperar llegar al primer escalón con la predica del Evangelio, tenemos que ayudarle al legalista a reconocer que necesita un Salvador, en otras palabras, a reconocer su estado pecaminoso. ¿Entienden esto?

¿Y cómo le ayudamos a entender su pobre condición caída y pecaminosa? “Yo no conocí el pecado sino por la ley”. {Rom 7:7} Es por eso que Pablo dice que la ley es nuestro maestro, para llevarnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe. {Gál 3:24} ¿Lo entienden? Por naturaleza, todos tratamos de ser justificados por ¿qué? Por obras. Y lo aterrador de esto es que si somos lo suficientemente buenos para cumplir con el régimen de la ley, nos engañamos y pensamos que somos salvos en base a nuestras buenas obras.

De modo que el Predicador Maestro, cuando les predica a los escribas y fariseos, ¿qué les predica? Les predica la ley… Sí, les predica la ley. Y si no lo creen, leámoslo juntos. Mateo capítulo 5, Mateo capítulo 5, el Sermón del monte. El registro clásico de Su discurso que con mayor frecuencia se predica. Mateo 5, empecemos a leer desde el versículo 20. “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor…” “si vuestra justicia no fuere…” ¿qué, alumnos? “…mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.” Por favor observen que los escribas y fariseos tenían una justicia; ¿cuál era? La obediencia al régimen de la ley, cumplían con la letra de la ley. ¿Dice Jesús que no necesitamos eso? ¿Dice Jesús que no necesitamos eso? No, Jesús dice que necesitamos, ¿qué? Más que eso. ¿Entendemos esto? Si vuestra justicia no fuere mayor al cumplimiento externo del régimen de la ley, de ninguna manera entrarán en el reino de los cielos. ¿Por qué? Porque sin santidad nadie verá al Señor. {Heb 12:14} Y si vamos a ser santos, ¿dónde tenemos que ser santos? Bueno, ¿dónde es que somos? “Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” {Pr 23:7} De modo que si vamos a ser santos, tenemos que ser santos entre el oído izquierdo y el derecho. Tenemos que tener pensamientos y sentimientos que cumplan con el espíritu de la ley, como también palabras y acciones que cumplan con el régimen de la ley. Ésta es la razón por la cual Jesús dice en el mismo sermón: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” {Mt 5:8} ¿Quieren ver a Dios? Por Su gracia tenemos que ser ¿qué? Limpios de corazón. Eso no es opcional: “Sin santidad nadie verá al Señor.” Por favor dense cuenta de eso, queridos amigos.

Saben, una de las cosas que más me aterran es que va a haber muchos Adventistas del Séptimo día concienzudos, que guardan el régimen de la ley, que van a tener que escuchar ese terrible juicio cuando Jesús venga: “Apartaos de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí.” {Mt 7:23} Y se asombrarán, y dirán: “Un momento, me estás confundiendo con otro. Yo guardé tu ley por tantos años. ¡Fui a la iglesia todos los Sábados! ¡Y logré privarme de hacer cosas indebidas en Sábado! Hasta me privé de ver televisión en Sábado. Vamos, me estás confundiendo con otro”. “Apartaos de mí, hacedores de maldad.” Queridos amigos, si hacemos lo correcto por las razones incorrectas, a la vista de Dios, es maldad. ¿Me escucharon? No importa cuán concienzudo sea su cumplimiento con el régimen de la ley, si no lo está haciendo por amor a Dios, ni siquiera es obediencia, es maldad. Y les suplico que se den cuenta de eso ahora, mientras aún tenemos la oportunidad de ser sinceros si acaso no lo somos. ¿Decimos “amén”? {Amén}

Dios no permita que sigamos adelante llenos de justicia propia y auto engañados hasta que sea demasiado tarde para volvernos genuinos. Es por eso que no pueden, por favor no deben, molestarse por lo que estoy haciendo aquí. Yo sé que no es cómodo que alguien sugiera que quizás ni siquiera estamos convertidos, sobre todo si tenemos el cabello plateado y nos hemos sentado en la misma banca con camisa y corbata por años. A nadie que ha guardado el régimen de la ley tan concienzudamente le gusta que alguien le sugiera que ni siquiera es convertido. Pero queridos amigos, ¡es muy posible que así sea! Por favor no lo descubran cuando sea demasiado tarde para hacer algo al respecto. Por favor. Por su propio bien y por el amor de Cristo, por favor. Dios requiere más, una justicia mayor a la de los escribas y fariseos. Sí, la obediencia al régimen de la ley es un requisito, pero queridos amigos, debemos tener algo más. Debemos tener una obediencia espiritual. Debemos estar enamorados del Dador de la ley si realmente vamos a guardar la ley. ¿Decimos “amén”? {Amén}

No podemos guardar el Sábado a menos que amemos al Señor del Sábado. No importa cuán técnicamente correcta sea su conducta. Si no está aquí porque ama a Jesús, no está guardando el Sábado. Tengo que hablarles con la verdad. Amigos jóvenes, por favor escúchenme. Quienes verdaderamente guardan el Sábado, se deleitan en el Sábado. ¿Por qué? Porque se deleitan en el Señor del Sábado. Y desean con más entusiasmo que llegue la puesta del sol el viernes por la noche que la puesta del sol del sábado por la noche. Muy diferente del resto de nosotros. ¿Entienden lo que les estoy diciendo? {Amén} Les estoy hablando directamente, queridos amigos. Por favor no se molesten conmigo. Si usted espera con mayor entusiasmo la puesta del sol el sábado a la noche que la puesta del sol el viernes a la noche, estoy aquí para decirle que no ha guardado el Sábado… No lo ha guardado. No importa cuán apropiada fue su conducta por 24 horas, no ha guardado el Sábado. ¿Por qué? Porque guardar el Sábado es principalmente un deber para usted, y se siente tan aliviado porque terminó por esa semana. Y ahora puede regresar a lo que realmente estaba deseando hacer las últimas 24 horas, pero a lo cual se privó de hacer porque tenía que guardar el Sábado. Y saben que les estoy diciendo la verdad.

Y si eso siquiera se acerca a su experiencia, queridos amigos, por favor dense cuenta que no van a estar listos para ir al hogar, a la casa del Padre, para guardar el Sábado milenario. Hablamos de esto anoche. ¿Qué es el milenio? Es el séptimo día Sábado según los juicios de Dios. Con Dios un día son ¿qué? Mil años. {2 Pe 3:8} ¿Cuántos años tiene el planeta tierra? 6,000 años. Bueno, ¿qué les parece? ¿Qué suponen que es el milenio? El séptimo día Sábado de la semana salvífica. Y queridos amigos, necesitan ser realmente sinceros consigo mismos. Si apenas pueden guardar un Sábado de 24 horas, ¿van a ser felices guardando un Sábado de mil años?

Y como lo he dicho antes, escuchen esto: Dios no va a llevar a nadie al cielo que no sería feliz allá. Porque vamos a estar en el cielo por mucho tiempo. ¿Decimos “amén”? {Amén} Y yo no sé ustedes, pero yo no creo en un Dios que cree en un tormento eterno. Pero estoy aquí para decirles que si Dios se llevara a una persona no convertida al cielo, sería para esa persona un infierno… sería un infierno. Y vamos a estar allá por mucho tiempo. Queridos amigos jóvenes, y los más maduros también, por favor, por favor les suplico, aprendan a ser felices en la santidad ahora, porque la santidad es el todo del cielo. Y si no han encontrado la felicidad en la santidad, no van a ser felices allá , y no podrán ir… Porque sin santidad, nadie verá al Señor. ¿Quedó claro? {Amén} Debemos tener más que un cumplimiento externo de la ley, queridos Laodiceanos… Debemos tener más que eso.

Y después de decir esto, ¿qué prosigue a hacer Jesús? Prosigue a extenderse en la naturaleza espiritual de la ley. Y aquí vamos; esto no va a ser divertido, pero tenemos que hacerlo. Empecemos a ver cómo habla de nuestros sentimientos, nuestros sentimientos. Empecemos con nuestros sentimientos primero. Quiere ayudarnos a ver cómo la ley tiene jurisdicción sobre nuestros sentimientos. ¿Cuál ley escoge? Mateo 5:21: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No…”, ¿qué? “No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.” Ahora, el fariseo o escriba lleno de justicia propia que estaba escuchando, hizo un repaso rápido de su vida: “¿Le he clavado un cuchillo a alguien? No. ¿Alguna vez le di una paliza a alguien y le quité la vida? No, por lo tanto en cuanto a esa ley, soy justo.” Si solamente tomamos en cuenta el régimen de la ley, probablemente no hay nadie en este lugar que haya quebrantado la ley que dice, “No matarás”. {Éx 20:13} ¿Entienden lo que les estoy diciendo? Entonces ¿qué hizo el Dador de la ley? Vamos, obsérvenlo, escúchenlo. ¿Qué hizo? Pasó a decirnos lo que en realidad quiso decir. Y a propósito, ¿tiene la autoridad para hacer eso? Sí, Él fue quien la escribió con Su dedo en las tablas de piedra. Tiene derecho a decirnos lo que quiso decir. Y escúchenlo. “Pero yo os digo…”, Yo, el Dador de la ley, “…os digo…” “que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: …” segunda etapa, “…cualquiera que diga: Necio, a su hermano,” …traducido libremente como estúpido, “será culpable ante el concilio; y…”, tercera etapa, “…cualquiera que le diga: Fatuo,” …palabras bastante fuertes que significan “impío malvado…” “cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” Por favor observen que el grado de culpabilidad aumenta mientras más aparente, abierto y rotundo sea el enojo u odio.

Pero por favor dense cuenta que aún en la tercera etapa permanecemos significativamente de este lado del homicidio real, ¿no es así? Pero lo que tenemos que reconocer esta mañana, es que, ante la vista de Dios, podemos quebrantar la ley que dice: “No matarás”, aún si sólo tenemos sentimientos de enojo, aún antes de expresarlos con una sola palabra, “estúpido”. Ésa es la segunda etapa. ¿Por qué? Porque la ley es espiritual, ésa es la razón. Tiene jurisdicción sobre nuestros sentimientos, nuestros sentimientos más íntimos, no sólo sobre nuestra conducta. Algunos de ustedes estarán diciendo: “Oh, vamos, no sea tan duro con nosotros. Después de todo dice: ‘cualquiera que se enoje contra su hermano sin causa, será culpable de juicio’. Eso me deja libre del problema; nunca me enojo sin una razón. Siempre tengo una muy buena razón para enojarme. Es decir, me dijeron algo muy feo, me hicieron una maldad, es por eso que estoy enojado. Sin duda esto no se aplica a mí, ¿o sí?” Escuchen, queridos amigos, a quienes les gusta encontrarle una excusa a todo… Escúchenme, por favor.

Esa frase que se encuentra en la versión en inglés, “sin causa”, no se encuentra en algunos de los manuscritos más antiguos que se cree que son más precisos. no está ahí, no está ahí. Y algunas de las traducciones más nuevas que siguen esos manuscritos antiguos sólo dicen lo siguiente: “Cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio”. Y a propósito, si quieren ver el mismo concepto básico pero sin excusas, y estoy seguro que todos desean verlo, ¿cierto? Bien, dejen a un lado todas sus excusas. Abran su Biblia en 1 Juan 3:15: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida…” ¿Encuentran alguna excusa en ese texto? No. Podemos quebrantar la ley que dice: “No matarás”, si albergamos sentimientos de odio hacia nuestro prójimo. ¿Se dan cuenta de eso amigos? ¿Entendemos esto?

Ahora, la frase “sin causa”, si quieren insistir en incluirla, por favor dense cuenta que lo único que permite es ¿qué? La justa indignación. ¿Hay una clase de enojo que no es pecado? Sí, se llama justa indignación. Pero ¿qué es la justa indignación? Tengan cuidado con lo que tratan de poner debajo del encabezamiento de justa indignación. ¿Qué es la justa indignación? Es odio por el pecado. ¿Odiaba Jesús el pecado? Oh, odiaba el pecado con un odio perfecto, pero a la misma vez amaba al pecador con un amor perfecto. ¿Decimos “amén”? {Amén} Nosotros lo tenemos al revés, ¿no es así? Nosotros amamos el pecado y odiamos al pecador, ¿y a eso le llamamos justa indignación? No, no se atrevan… Por favor no se atrevan. Conducción del Niño, página 95: “Es un pecado hablar con impaciencia o mal humor, o sentir ira aun cuando no hablemos.” Eso es lo que Jesús está diciendo en el Sermón del monte. De modo que simplemente por ser capaces de mordernos la lengua y abstenernos de decir “estúpido”, eso no quiere decir necesariamente que no hayamos quebrantado la ley que dice: “No matarás”, ¿o sí? No.

Y tengan cuidado con eso, tengan cuidado de no entrar en razonamiento carnal. Ustedes saben, la mente carnal podría decir: “Bueno, si de todos modos soy culpable de quebrantar la ley que dice: ‘No matarás’, cuando solamente tengo sentimientos de enojo y odio hacia un hermano, entonces da lo mismo si opto por sacarle todo el jugo al asunto y le doy un puñetazo; después de todo soy culpable. O ¿por qué no matarlo?” Oh, queridos amigos, por favor dense cuenta de que nuestra culpabilidad aumenta significativamente, ¿no es así? Aumenta significativamente, así que no vayan por ese camino.

Aquí hay otra declaración: Signs of the Times, 5 de junio, 1901: “En sus enseñanzas, Cristo desarrolló totalmente los principios de la ley, estableciendo claramente que no tiene que ver simplemente con las acciones externas, sino con el…”, ¿qué? “…con el corazón, abarcando aún los pensamientos no hablados.” Sí, es mejor morderse la lengua y no decir “estúpido”, pero la ley abarca aún los pensamientos y las emociones no habladas en la privacidad del corazón, y si uno ha albergado sentimientos de odio y enojo hacia un hermano, uno ha quebrantado la ley que dice: “No matarás…” y la razón es porque la ley es espiritual.

Efesios 4:26 dice: “Airaos, pero…” ¿qué? “…no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. ¿De qué estamos hablando aquí? Review and Herald, 18 de febrero, 1890: “El texto bíblico ‘Airaos, pero no pequéis’, se refiere a la justa indignación contra el pecado, que surge del celo por la gloria de Dios, y no al enojo promovido por la ambición del amor propio herido.” ¿Cuál es la única clase de enojo que no es pecado? La justa indignación. ¿Decimos “amén”? {Amén} Oh amigos, que Dios nos ayude a aprender a gobernar nuestros sentimientos mediante el espíritu de la ley, que es amor. ¿Decimos “amén”? {Amén}

Y estoy aquí para decirles que al aprender a hacer eso, somos personas más felices al fin de cuentas. ¿Es agradable sentirse enojado y tener sentimientos de odio hacia otros? ¿Lo es? No, nos hace miserables; los hace miserables a ellos. El pecado nos hace miserables. ¿Es agradable tener sentimientos de amor hacia otros? Sí, lo es. ¿Quieren ser felices? Entonces aprendan a ser santos. Aprendan a ser santos entre el oído izquierdo y el derecho. Aprendan a guardar el corazón con toda diligencia. Aprendan a llevar sus pensamientos y sentimientos conforme al espíritu de la ley.

Se nos acabó el tiempo. Así que vamos a tener que enfocar nuestra atención en la ley que se aplica a nuestros pensamientos cuando nos reunamos otra vez después de nuestra comida de confraternidad, y todos van a regresar, ¿no es así? {Amén} Ése no fue un “amén” unánime; les voy a dar una segunda oportunidad. Todos van a regresar, ¿no es así? {Amén} Si no regresan, tendré que pedirle a mi hermano que ponga otra cinta y tendremos que seguir con la predica ahora mismo. Entonces sí regresarán, ¿verdad? Pongámonos de pie para cerrar con una oración.

Padre nuestro que estás en los cielos, te agradezco tanto porque nos estás ayudando a entender nuestro papel cooperativo en el desarrollo de un carácter que se asemeje al de Cristo. Consiste en guardar el corazón con toda diligencia. Ése es nuestro deber; ésa es nuestra obligación. Debido a que la ley es espiritual, debemos aprender a llevar nuestros pensamientos y sentimientos a una armonía con el espíritu de la ley, que es amor, no solamente que nuestras palabras y acciones cumplan con el régimen de la ley. Pero Padre, puede que éste sea todo un nuevo concepto para algunos de nosotros aquí presentes, pero es algo que no sólo debemos entender, sino algo que tenemos que experimentar, si vamos a estar listos para cuando Jesús venga. Gracias Señor, porque lo harás, con un corazón nuevo y con el poder del Espíritu Santo, y con una motivación de amor, nos habilitarás para guardar nuestros pensamientos y sentimientos en armonía con el espíritu de la ley. Y por consiguiente experimentaremos mayor gozo y felicidad, al experimentar una mayor santidad. Y por consiguiente nos convertiremos en ciudadanos idóneos, ciertamente en ciudadanos felices para el cielo. Por favor, que sea ésa nuestra experiencia, es mi oración en el nombre de Jesús, y la congregación dice: “amén”. Que Dios los bendiga, amigos; que Dios los bendiga.

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