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Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Durante la siguiente hora exploraremos tanto nuestro privilegio como nuestra responsabilidad de asemejarnos al carácter de Cristo. Acompáñenos en esta poderosa hora de renovación personal mientras el Pastor Stephen Wallace nos lleva “De Gloria en Gloria.”

Hermosa, simple pero profunda canción. Esa es en realidad la esencia de nuestro rol cooperativo, ¿no? “Puestos los ojos en Jesús.” “Puestos los ojos en Jesús,” {Heb 12:2} de eso se trata. ¿Recuerdan ese verbo que se traduce “puestos los ojos”? ¿Cómo es en griego? “Apo” que significa desde y “horao” que significa mirar fijamente. Cuando los unimos, tenemos “aphorao,” que significa apartarse de todo lo demás y fijar la mente, o el ojo de la mente, en Cristo. Recuerden que en griego está en tiempo presente activo, eso significa que debemos, ¿qué? Hacerlo continuamente, continuamente. Es solo en tanto aprendemos a hacer esto, queridos amigos, que podemos experimentar una victoria consistente sobre la tentación, o que experimentaremos un crecimiento continuo en la semejanza a Cristo en carácter. Esto no es opcional. Esto es absolutamente esencial. No hay forma de que podamos cambiarnos de gloria en gloria. Pero tampoco existe forma en que el Espíritu Santo pueda cambiarnos a menos que estemos cooperando contemplando la gloria del Señor. Se trata solo de contemplar a Cristo. Al llegar al fin, algo precipitado, de nuestro estudio previo, señalamos que contemplar a Cristo, esencialmente, y en forma práctica y entendible, significa estudiar Su vida como se nos da en Su Palabra. {6BC 1098.1} ¿Verdad? Por lo tanto debemos, queridos amigos, debemos, ¿qué? Hacernos el tiempo. Por favor observen que no dije “encontrar el tiempo. Dije ¿qué? Hacernos el tiempo. Es una cuestión de prioridades, ¿no es verdad? Vamos, admítanlo. Es una cuestión de prioridades e insisto en que no hay prioridad mayor para un cristiano que contemplar a Cristo, y eso significa estudiar Su vida como se nos da en Su Palabra. Por lo tanto debemos hacernos el tiempo para el estudio personal, significativo, de la Biblia. Y todos dijeron: {Amén} Oro porque hayan estado plenamente convencidos y responsables de ello, queridos amigos, y porque tomarán ahora las decisiones adecuadas con respecto a sus horarios cotidianos. Debemos hacerlo si vamos a ser transformados, y a volvernos testigos eficaces para el Rey y ciudadanos aptos para Su Reino. Sí, sí. Bien, debemos continuar para considerar otro principio muy importante en el desarrollo del carácter cristiano. Está esta declaración que no tuve tiempo de compartir que en verdad debo compartir con ustedes. Pero antes de ir al material inspirado, asegurémonos de tener al mismo Espíritu que lo inspiró ayudandonos a entenderlo. ¿Amén? {Amén} Ese es el Espíritu de la Verdad, el Espíritu Santo. Y es nuestro si lo solicitamos. “Pedid, y se os dará.” {Mt 7:7} No hay nada que podamos hacer para ganarlo o merecerlo. Alabado sea Dios, todos Sus buenos y preciosos dones han sido ganados para nosotros con la vida y muerte de Cristo, y están ahora disponibles como dones gratuitos, pero solo pueden recibirse si son solicitados porque Dios nunca fuerza nada a nadie. Por eso toda la economía del cielo funciona sobre el simple principio: “Pedid, y se os dará.” Por favor pasemos un momento arrodillados para pedir por la compañía del Espíritu de Dios. Mientras oran en su nombre, oren por favor también en el mío. Padre nuestro que estás en los cielos, qué valiosa esta oportunidad de reunirnos esta tarde en la quietud de este santuario con el propósito de estudiar Tu Palabra. Pero Padre no nos animamos a continuar con nuestra búsqueda de un conocimiento de la verdad que transforme nuestras vidas, de la verdad como es en Cristo, sin solicitar antes el Espíritu de la Verdad, el Espíritu de Cristo. Por favor vierte ese Espíritu sobre nosotros. Por favor, especialmente viértelo sobre mí porque soy más necesitado que nadie. No soy sino una vasija de barro, no soy sino un mortal manchado de pecado, y deberás obrar un milagro para que sea capaz de proclamar la verdad con algún grado de precisión o belleza. Obra por favor ese milagro a través del Espíritu de la Verdad. Toma posesión de mí, cuerpo, mente y espíritu. Guía mis pensamientos, mis palabras, permíteme decir lo que Tú quieres que diga, nada más, nada menos, por favor. Toca mis labios con carbón. Y que lo que Tú logres decir a través mío, que encuentre corazones y mentes receptivos, y voluntades sumisas para que pueda transformar vidas. Esta es mi oración en nombre de Cristo. Amén. Cerramos nuestro estudio esta mañana, recuerden, previniéndoles que, al contemplar a Cristo, lejos de estar impresionados por el crecimiento y desarrollo de vuestro propio carácter, estarán cada vez más impresionados por sus propias fallas y defectos de carácter. {SC 64.2} ¿Entendemos esto? Ya ven, en todas las Escrituras, aquellos que han estado más cerca de Cristo y han contemplado más plenamente Su gloria son los que han hecho las confesiones más sorprendentes con respecto a sus limitaciones, sus propias fallas, sus propias debilidades, sus propios defectos. Moisés, por ejemplo, en el monte Sinaí, cuando contempló la gloria, ¿cuál fue el resultado, en lo que se refiere a su rostro? Brilló con tanto brillo que los hijos de Israel no podían incluso mirar su reflejo. Pregunta: ¿era Moisés consciente de esto? Muy interesante, no lo era, Y las Escrituras lo señalan específicamente. Éxodo 34:29, “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.” No lo sabía. ¿Por qué señala esto la Escritura? Porque se nos enseña una lección espiritual, queridos amigos. Al contemplar a Cristo seremos cambiados. Nosotros lo reflejaremos, pero no lo sabremos. ¿Recuerdan cómo lo describe la pluma inspirada? En la declaración anterior, Bible Commentary, Tomo 6, página 1097: “Imperceptiblemente para nosotros.” ¿Qué significa “imperceptiblemente para nosotros”? No somos conscientes de ello. “Imperceptiblemente para nosotros somos cambiados día a día de nuestros modos y voluntad a los modos y voluntad de Cristo, a la amabilidad de Su carácter. Así crecemos en Cristo, e inconscientemente reflejamos Su imagen…” Entonces todos los demás son conscientes de ello, pero nosotros no. ¿De qué somos conscientes nosotros? Bien, cuando Isaías tuvo una visión de la gloria, ¿qué dijo? En 6:5: “Entonces dije: ‘¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.'” Ya ven, tuvo una visión de la gloria de Dios, y tuvo una estimación muy humilde de sí mismo, ¿no? ¿Y Daniel? Daniel 10:8: “Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento…” “Mi fuerza,” lo mejor y más admirable acerca de mí, cuando tuve una visión de la perfección infinita del carácter de Cristo, en contraste, se volvió desfallecimiento. Amigos, por favor estén advertidos. Se verán tentados a pensar que están empeorando y no mejorando. Pero, por favor, estén seguros de que no están empeorando. Siempre han sido así de malos. ¿Verdad? Siempre han sido así de malos. Solo están descubriendo como siempre ha sido, pero habían estado auto-engañados, con justicia propia. ¿No es esa la posición y condición de Laodicea? Creemos que somos, ¿qué? Vamos: “soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, pobre, ciego y desnudo.” {Apoc 3:17} Dios nos ayude a salir de la justicia propia, el auto-engaño. ¿Decimos “amén”? {Amén} Bien, no será una experiencia confortable, enfrentar a las cosas como son. Pero, amigos, es una experiencia necesaria. ¿Amén? Y cuando descubrimos esto, por favor no se desalienten. Alaben a Dios por el descubrimiento, quiero decir que deben descubrirlo si ustedes y Él van a enfrentarlo. ¿Verdad? Confiésenlo a Él y reclamen Su promesa, “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarlos y para,” ¿qué? “…limpiarnos de toda injusticia.” {1 Juan 1:9} Pero luego cooperen con Él en el proceso de limpieza contemplando no el problema, sino la solución. He dicho recién algo muy importante. ¿Saben qué hacemos a menudo cuando descubrimos problemas en nuestras vidas? Somos, oh, tan aplicados, decidimos que vamos a enfrentar ese problema. Vamos, admítanlo conmigo. Así que nos ponemos a trabajar, luchamos con el problema y enfrentamos el problema, y terminamos con un problema mucho peor que el que teníamos. ¿Por qué? Al contemplar somos cambiados. Si se enfocan en su problema, ¿qué están contemplando? El problema, y ¿con qué terminarán? Con un problema peor. Vamos, lo han hecho, ¿no es verdad? Algunas veces lo hacemos, oh, tan dedicados, en ignorancia, pero aplicadamente. Entonces, ¿qué haremos? Apartar los ojos del problema y colocarlos sobre la solución. Contemplamos al Cordero {Juan 1:29} y al contemplar somos cambiados por el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se ocupa del problema reemplazándolo con la virtud opuesta en Cristo. ¿Amén? ¿Entendieron esto? Por lo tanto la mejor forma de cooperar no es enfocarnos en el problema, sino pedir a Dios que nos perdone por ello, y enfocarnos luego en la virtud en Cristo opuesta al problema. Por el poder del Espíritu Santo, Él se ocupará del problema desarrollando la virtud opuesta en Cristo. ¿Está esto claro? Es un concepto muy importante. Quería compartirlo esta mañana, pero se nos acabó el tiempo. Hay aquí una valiosa promesa que quiero compartir con ustedes. El Deseado de Todas las Gentes, página 302, al final. El Deseado de Todas las Gentes, página 302: “‘Benditos son aquellos que tienen hambre y sed de justicia.’ {Mt 5:6} La sensación de falta de mérito llevará al corazón a tener hambre y sed de justicia, y este deseo no se verá defraudado. Aquellos que hacen lugar en sus corazones para Cristo,” aquellos que, ¿qué? “…hacen lugar en sus corazones para Cristo, realizarán Su amor. Todos quienes desean alcanzar la semejanza a Cristo en carácter serán satisfechos.” ¿Decimos “amén”? {Amén} “El Espíritu Santo nunca deja sin asistencia al alma que,” ¿qué? “…contempla a Cristo. Él toma de las cosas de Cristo y se las muestra a aquel. Si… Si el ojo se mantiene fijo en Cristo, el trabajo del Espíritu no cesa hasta que el alma se conforma a Su imagen.” ¿No es esta una valiosa promesa, no es así ? “El trabajo del Espíritu no cesa hasta que el alma se conforma a Su imagen.” Pero, ¿cuál es la condición? Todas las promesas de Cristo son condicionales. Si, ¿si qué? “Si el ojo se mantiene fijo en Cristo.” Queridos amigos, ¡qué absolutamente esencial que aprendamos a “aphorao,” apartar el ojo de la mente de todo lo demás y lo mantengamos fijo, unido, a Cristo! {Heb 12:2} Bien, existe otro principio al que necesitamos atender en el desarrollo del carácter. Me gusta denominarlo la ley de la influencia recíproca. La ley de, ¿qué? Influencia recíproca. ¿Y qué es la ley de influencia recíproca? Bien, por la gracia de Dios, es lo que necesitamos entender. Por favor entiendan que nuestro carácter no está solo formado por lo que ingresa a la mente, lo que contemplamos, también está formado por lo que sale de la mente, por cómo nos comportamos. ¿Ven esta relación? Quiero repetir esto: Nuestro carácter no está solo formado por lo que ingresa a la mente, lo que contemplamos, nuestro carácter también está formado por el producido de la mente. ¿Cuál es el producido de la mente? Es nuestro comportamiento, las cosas que decimos y hacemos. Bien, la razón por la que nuestro carácter está formado por el producido de la mente, es debido a la ley de influencia recíproca. ¿Y qué es la ley de influencia recíproca? Bien, ¿qué significa la palabra “recíproca”? Dos vías, dos vías. Ya saben, un motor recíproco tiene un pistón que se mueve, ¿cómo? Adelante y atrás, a diferencia de un motor rotativo en que se mueve en círculos. Recíproco: dos vías. Ahora, vean que existe una influencia recíproca, una influencia en dos vías, en otras palabras, entre nuestros pensamientos y sentimientos, y nuestras palabras y acciones. ¿Me siguen en esto? Por favor díganme que están entendiendo; necesito vuestra respuesta. Existe una influencia de dos vías, una influencia recíproca entre nuestros, ¿qué? Nuestros pensamientos y sentimientos; ¿de qué hablamos aquí? ¿Pensamientos y sentimientos combinados? El carácter. {5T 310.1} Existe una influencia de dos vías entre nuestros pensamientos y sentimientos y nuestras palabras y acciones, nuestro comportamiento. Por esto el producido de la mente, es decir el comportamiento tiene un efecto directo y drástico sobre el desarrollo del carácter, debido a esta ley de influencia recíproca. Todos entendemos que nuestro comportamiento está influenciado por nuestros pensamientos y sentimientos. Pero muchos no llegan a entender que nuestros pensamientos y sentimientos están, a su vez, influenciados por nuestras palabras y acciones, nuestro comportamiento. Hay una, ¿qué? Una influencia recíproca. Y este principio es precisamente la premisa sobre la que se hace esta promesa que estoy por leerles. A propósito, las promesas de Dios son, ¿cómo? Condicionales {2SAT 195.5}, y ¿cuál es la condición? Es la obediencia a los principios de Dios, las leyes de Dios; y la razón para ello, queridos amigos, es debido a que las bendiciones son nuestras solo en la obediencia. {RH, Jan 28, 1875 par. 16} ¿Escucharon esto? Este es un concepto crucial. Quiero repetirlo: Las bendiciones son nuestras solo, ¿cómo? En la obediencia. Ya ven, muchos de nosotros pensamos que Dios nos bendice por la obediencia. ¿Es cierto? No, Dios nos bendice en la obediencia. La bendición es inherente en la obediencia. ¿Entienden esto? Este es un concepto clave. Quiero repetirlo: La bendición es, ¿qué? Inherente en la obediencia. Dios no los bendice por obedecer, Él los bendice permitiéndoles obedecer y cosechar las bendiciones inherentes a esa obediencia. ¿Existe una diferencia? Así es, una gran diferencia. También, por favor, sepan que el sufrimiento es inherente a la desobediencia. Dios no los castiga por desobedecer, uno se castiga a sí mismo al desobedecer. Vamos, necesito una respuesta, ¿entienden esto? Me están mirando fijamente otra vez. Nos acarreamos el castigo al desobedecer, al elegir vivir fuera de ese canal de bendiciones. El canal de bendiciones es la vida en obediencia, porque las bendiciones son inherentes a la obediencia. Precisamente por esta razón todas las promesas de Dios son condicionales, y la condición es siempre la obediencia, porque las promesas son el reaseguro de las bendiciones. Pero, ¿podemos tener bendiciones si no estamos obedeciendo? No, porque las bendiciones son inherentes a la obediencia. Bien, he dicho lo mismo varias veces, pero espero que esté realmente claro. Esta promesa que estamos a punto de leer, se encuentra en Proverbios 16:3 y es de este versículo que tomamos el título del estudio de hoy, está basado en esta ley de influencia recíproca. Escuchen atentamente: “Encomienda a Jehová tus obras.” ¿De qué estamos hablando? “Encomienda a Jehová tus obras.” Ese es vuestro comportamiento. Esa es vuestra palabra y acción. Eso es el producto de la mente, ¿verdad? ” Encomienda a Jehová tus obras, y,” ¿qué sucederá? ¿Qué sucederá? “…tus pensamientos serán,” ¿qué? “…afirmados.” ¿Qué significa “afirmados”? Fortalecidos, alentados, confirmados, establecidos, ¿bien? Vueltos permanentes, eso es lo que significa. Bien, si queremos que se establezcan pensamientos correctos, semejantes a Cristo, ¿qué debemos hacer? Debemos encomendar nuestras obras al señorío de Cristo. Porque nuestro comportamiento, si no es semejante a Cristo, no establecerá pensamientos y sentimientos semejantes a Cristo. ¿Es esto claro? Debido a la ley denominada la ley de, ¿qué? Influencia recíproca. Ahora, Signs of the Times, 14 de noviembre, 1892: “Los hechos diarios de la vida nos dicen la medida y molde de nuestra disposición y carácter…” Ven, revelan mucho de lo que está sucediendo aquí arriba. Pero eso no es todo lo que hacen; ¿qué más hacen? Sigo leyendo: “Los hábitos del habla, el carácter de nuestras acciones, colocan un molde sobre nosotros.” En otras palabras, no solo nuestros pensamientos y sentimientos influencian nuestras palabras y acciones, sino que también nuestras palabras y acciones a su vez influencian nuestros pensamientos y sentimientos; colocan un molde sobre nosotros. ¿Lo ven? Aquí hay otro: Testimonios, Tomo 4, página 657: “Cada acto de la vida…” ¿Qué incluye esto, queridos amigos? Esas son nuestras palabras y acciones. “Cada acto de la vida, no importa qué insignificante, tiene su influencia en la formación del carácter. Un buen carácter es más preciado que las posesiones mundanas, y el trabajo de formarlo es el más noble que los hombres pueden realizar.” No solo el más noble, sino el más importante. {Ed 225.3} Bien, ahora, lo que quiero hacer para que podamos entender esta ley de influencia recíproca, es aplicarla a los actos del miembro más activo del cuerpo humano; y ¿cuál es el miembro más activo del cuerpo humano? La lengua. Ustedes lo saben. ¿Cuál es el miembro más activo del cuerpo humano? La lengua. Y, queridos amigos, esta ley de influencia recíproca, tiene una aplicación particular y especial sobre las obras de la lengua, más conocidas como nuestras palabras. Por favor apliquen este principio conmigo ahora sobre las obras de la lengua. Las obras de la lengua deben encomendarse al Señor si vamos a establecer pensamientos correctos. ¿Escucharon lo que dije? Las obras de la lengua deben encomendarse al Señor si, ¿qué? Se van a establecer pensamientos correctos. Precisamente por esto David ora… ¿Cuál es su oración? “Sean gratos los dichos de mi boca y,” ¿qué más? “…la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” {Sal 19:14} ¿Por qué ora para que ambos sean aceptables? Debido a la ley de influencia recíproca. Uno no puede ser aceptable a menos que el otro lo sea porque tienen una influencia recíproca decisiva uno sobre el otro. ¿Amén? Las obras de la lengua deben estar bajo el señorío de Cristo, si los pensamientos van a ser semejantes a Cristo, amigos. Permítanme intentar explicar y ejemplificar esto. Existe una avenida, llamémosla la avenida de influencia, que lleva del cerebro a la lengua, o de los pensamientos a las palabras, ya sea que hablemos del órgano o su función. ¿Bien? Una avenida llamada, ¿cómo? La avenida de influencia. Todos nosotros reconocemos fácilmente el flujo del tráfico de influencia del cerebro a la lengua, de los pensamientos a las palabras. Como lo expresan las Escrituras, Lucas 6:45, “De la abundancia del corazón habla,” ¿quién? “…la boca. El hombre bueno, del bueno tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Ese es el flujo del tráfico de influencia del cerebro a la lengua, del pensamiento a las palabras. Pero, amigos, por favor entiendan algo muy importante aquí. Esta avenida de influencia del cerebro a la lengua, de los pensamientos a las palabras, es una calle de dos sentidos. ¿Qué es? Es una calle de dos sentidos, y hay tráfico de influencia que fluye en la dirección opuesta que es igual de intenso. Igual de directa y drástica que es la influencia de los pensamientos sobre las palabras, es la influencia de las palabras sobre los pensamientos. Es una influencia recíproca, una influencia en dos sentidos. Debo hacer que entiendan y subrayar este punto. Esta es la clave de todo este estudio. Escuchen, El Deseado de Todas las Gentes, página 323, cito: “Las palabras son una indicación de aquello que está en el corazón. ‘De la abundancia del corazón habla la boca.’ Pero las palabras son más que una indicación del carácter; tienen el poder de reaccionar sobre el carácter. Los hombres son influenciados por sus propias palabras.” ¿Entendemos esto? Queridas hermanas, esto las incluye, este es el uso genérico del término “hombres,” las incluye. Todos somos influenciados por nuestras propias palabras. Por favor, ¿cuántos de nosotros somos influenciados? Todos nosotros. ¿Cuál es el grado de esta influencia? Escuchen: Signs of the Times, 1 de marzo, 1905: “Todos,” ¿cuántos? “…Todos estamos en gran medida,” ¿en qué medida? “…en gran medida bajo la influencia de nuestras propias palabras. Representan los sentimientos expresados en las palabras. Por eso el gobierno de la lengua está muy vinculado con la religión personal. Muchos, por sus propias palabras, son llevados a pensar que el curso erróneo es correcto. Los pensamientos se expresan en palabras, y las palabras reaccionan sobre los pensamientos.” ¿Qué ven allí? La influencia recíproca. “Los pensamientos se expresan en palabras y las palabras reaccionan sobre los pensamientos y producen otras palabras. La influencia se siente, no solo sobre uno mismo, sino también sobre otros.” Amigos, ¿cuán grande es esta influencia? Es tan grande. Escuchen: es tan grande que si decimos algo las veces suficientes, aun cuando inicialmente sabemos bien que no es cierto, podemos hacernos creer que en verdad es cierto. Pueden hacerlo, pueden hacerlo, por esta poderosa ley llamada ley de influencia recíproca. No estamos hablando de algo que es, ya saben, accidental o insignificante aquí cuando se trata del desarrollo del carácter. Aunque este principio, en general, no es entendido por la mayoría de las personas es poderoso y su potencial para ayudar u obstaculizarnos en el desarrollo de un carácter semejante a Cristo es enorme, dependiendo en si lo utilizamos bien o mal. ¿Escucharon lo que dije? Por favor aprendamos cómo no utilizarlo mal, sino bien y cosechar las bendiciones inherentes a la obediencia a este principio. Ese es nuestro objetivo. Probablemente una de las formulaciones mejores y más claras de este principio de encuentra en El Ministerio de Curación, página 251. Quiero compartirlo con ustedes. El Ministerio de Curación, página 251. Cito: “Es una ley de la naturaleza.” Oh, debo detenerme aquí. Es, ¿qué? Una ley de la naturaleza. ¿Qué ley de la naturaleza tenemos aquí? Hice esto antes, pero debo volver a hacerlo. {El pastor deja caer la lapicera.} ¿Respeta la ley de gravedad a las personas? No. ¿A las creencias personales? No. ¿A las preferencias personales? No. Opera siempre ya sea que nos guste o no, que lo creamos o no, sin importar quién somos, es la ley. ¿Entendemos esto? Escuchen ahora, aquí está la ley; aquí hay una ley que siempre opera. “Es una ley de la naturaleza que nuestros pensamientos y sentimientos son,” ¿qué? “…alentados y fortalecidos.” ¿Qué significa esto? “Establecidos,” es la palabra en nuestro texto clave. {Prov 16:3} “Es una ley de la naturaleza que nuestros pensamientos y sentimientos son alentados y fortalecidos si los expresamos.” ¡Guau! ¿Escucharon eso? “Mientras que las palabras expresan pensamientos, es también cierto que los pensamientos siguen a las palabras.” ¿Qué tenemos aquí? Influencia recíproca. “Mientras que las palabras expresan pensamientos, es también cierto que los pensamientos siguen a las palabras. Si,” escuchen, ¡escuchen! “…Si diéramos más expresión a nuestra fe, nos regocijáramos más en las bendiciones que sabemos que tenemos: la gran misericordia y amor de Dios, tendríamos más fe y mayor gozo.” ¿Decimos “amén”? {Amén} Queridos amigos, cada vez que expresan su fe, por la ley de influencia recíproca, ¿qué van a obtener? Una fe más fuerte. Cada vez que expresan su gozo, por la ley de influencia recíproca, ¿qué van a obtener? Más gozo. “Ninguna lengua,” sigo leyendo: “…Ninguna lengua puede expresar, ninguna mente finita puede concebir, la bendición que resulta de apreciar la bondad y el amor de Dios. Incluso en la Tierra podemos tener gozo como de un manantial, que nunca cesa, porque se alimenta de las corrientes que fluyen del trono de Dios.” ¡Guau! ¿Ven el potencial de utilizar esta ley para que nos bendiga en nuestra experiencia cristiana? ¿Ven el potencial? Pero, queridos amigos, debo advertirles, igual a su potencial para asistirnos, si la usamos correctamente, es su potencial para obstaculizarnos, si la usamos mal. Escuchen ahora ambos en la siguiente declaración. Mente, Carácter y Personalidad, Tomo 2, página 579: “Cuánto más hablan de la fe, más fe tendrán.” Por favor observen lo definitivo que es. “Más fe,” ¿qué? “…tendrán.” Es esto condicional. No no es “si…” Es algo seguro. ¿Por qué? ¿Por qué? Porque es una ley. Es la ley. Hablen de la fe y, por la ley de influencia recíproca, tendrán más fe. Utilicen la ley, amigos. Es una gran bendición si la utilizan. Pero, ¡sean cuidadosos! Escuchen su potencial para dañar, para obstaculizar. “Cuánto más,” sigo leyendo: “Cuánto más habiten en el desaliento, hablando a otros de sus pruebas, y extendiéndose en ello, para lograr que se conduelan con ustedes, más desánimo y pruebas tendrán.” “más desánimo y pruebas,” ¿qué? Vamos, ¿qué? “…tendrán.” Por ley, si hablan acerca de su desaliento y sus pruebas, tendrán más desaliento y más pruebas. Saben amigos, estoy muy convencido de que muchos de nosotros hacemos más daño a nuestra experiencia cristiana y a nuestro desarrollo de carácter con nuestras lenguas que con cualquier otra cosa. Muchos de nosotros hacemos más daño a nuestra experiencia cristiana con nuestras lenguas que con cualquier otra cosa. Andamos gimiendo y gruñendo y refunfuñando y quejándonos, hablando de todas nuestras pruebas y de todos nuestros problemas y de todo el desánimo, y por la ley, ¿qué hacemos? Nos volvemos más deprimidos y desalentados. Vean, tengo que compartir esta historia. La resumiré. Tuve el privilegio de reemplazar a un maestro de Biblia que estuvo ausente por razones de salud. Tuve que tomar sus horas, seis clases, durante un trimestre; y llegué a la escuela ese primer día ansioso de ser útil y tener una influencia positiva sobre los estudiantes; y recuerdo que ella se acercó en el salón mientras iba a la clase. Llamémosla Susie. Tenía esta expresión acongojada, triste, como la cara de quien ha perdido a su último amigo, y me conmovió. La pobre niña estaba evidentemente triste e infeliz, se sentía en verdad miserable. Me dijo: “¿Es el nuevo maestro de Biblia?” Y contesté “Sí.” Ella dijo. “Quisiera hablar con usted.” Y yo dije: “Claro , Susie. Ven a mi oficina durante el descanso; y le di un horario.” Y allí estuvo. Abrí la puerta, la invite a sentarse y ella comenzó a desahogarse. Comenzó a hablar sobre todas las cosas que eran tristes y miserables y desafortunadas en su joven vida. Mientras escuchaba, comencé a pensar: “Pobre niña.” Luego, al escuchar más, comencé a darme cuenta de que mucho de lo que decía no era cierto. Lo era para ella, pero decía cosas como, por ejemplo, “Todos mis maestros quieren desaprobarme.” Yo conocía a sus maestros y sabía que no era así, pero ella estaba muy convencida de que era cierto; y estaba tan desanimada que comenzó a llorar mientras se desahogaba; y eso no debió sorprenderme. Esa es la ley de influencia recíproca operando. Quería ayudarla e hice algunas sugerencias y ella decía: “He intentado eso, pero no funciona para mí.” Pasó toda la hora y, ya saben, no llegamos a nada. Entonces le dije: “Sabes, Susie, vamos a necesitar reunirnos otra vez. Ven mañana, a la misma hora. Aquí estaré.” Francamente me resultó un poco difícil hacer esa invitación, porque había sido un completo fracaso, pero pensé que debía hacerlo. Al día siguiente, justo a tiempo, ella llegó. Yo esperaba, por cierto, que hubiéramos cubierto todo lo negativo, ya saben, nos hubiéramos ocupado y que ahora pudiéramos pasar a cosas positivas. Oh, no. No, solo había escuchado la mitad de ellas, y ella siguió desahogándose, y yo seguí tratando de introducir algunas sugerencias esperanzadas algunas cosas útiles que ella podía hacer. “No, eso no funcionará para mí; lo intenté; eso no funcionará.” Dejó la oficina llorando nuevamente y yo estaba realmente desalentado. Estaba deprimido, en verdad no estábamos avanzando. Así que realmente junté coraje y le dije: “Sabes, Susie, vamos a tener que reunirnos otra vez, regresa mañana.” Fue difícil decírselo, pero regresé esa tarde y hablé con el Señor acerca de ello. Dije: “Señor, no estoy ayudando a esta pobre niña. Necesita desesperadamente ayuda. ¿Qué debo hacer?” Él me dio un plan. El día siguiente, justo a tiempo, golpean la puerta, abro y antes de que ella pudiera decir algo, cualquier cosa, con toda la autoridad del nuevo maestro de Biblia de la escuela, la iré a los ojos y dije: “Susie, ni una palabra, ni una palabra acerca de tus problemas hasta que me digas algo por lo que estás feliz y agradecida.” Estaba un poco sorprendida; sabía que hablaba en serio. Dije: “Bienvenida, adelante, siéntate, pero ni una palabra acerca de tus problemas hasta que me cuentes algo, al menos una cosa, por la que estés feliz y agradecida.” Ella se sentó y yo me senté y esperé que me dijera algo porque sabía que ella quería hablar acerca de sus problemas. No podía pensar en nada y, alabado sea Dios, la veía mientras buscaba en su cerebro algo para decir, algo por lo que estuviera feliz. Miraba al piso, miraba al cielorraso, miraba las paredes. Buscaba en su mente algo por lo que estuviera agradecida y no podía pensar en nada. Alabado sea Dios. Esto es lo que pueden hacerse a ustedes mismos, amigos, si usan mal la ley. No podía decir nada, y pasó todo el periodo en silencio en mi oficina. Finalmente le dije: “Sabes, Susie, tengo que aprovechar el tiempo. Voy a corregir y tan pronto como tengas algo, me lo dices y tendrás toda mi atención.” Corregí exámenes todo el tiempo; ella se sentó en silencio todo el tiempo. Se fue y dije: “Ya sabes, Susie, puedes volver mañana, pero lo mismo se mantiene para mañana, ni una palabra acerca de tus problemas hasta que me digas algo por lo que estás agradecida.” Al día siguiente no regresó, y me sentí mal, estuve tentado de decir: “Puedes venir y hablaremos acerca de…” Pero decidí mantenerme firme. Cada vez que la veía, le decía: “Susie, en cualquier momento puedes volver, pero debes decirme algo por lo que estés agradecida.” Con una gran sonrisa. Le conté a mi esposa acerca de la experiencia y cuando estaba en casa, recibimos un llamado. Mi esposa contestó, me dio el teléfono y dijo: “Creo que es Susie.” Así que tomé el teléfono y dije: “Susie, lo mismo vale para el teléfono. Ni una palabra, ni una palabra acerca de tus problemas hasta que me digas algo por lo que estás agradecida.” Silencio. Podía escucharla respirar; podía escucharla sollozar; pero nada. Finalmente, alabado sea Dios, vino con algo. Ya ven, fue hace mucho y no puedo recordar exactamente qué era, era algo muy general. Pero lo tomé y comencé a alentarla a que buscara las implicancias y ramificaciones de esa cosa, y, ¿saben que?, nunca volvimos a sus problemas en esa conversación. Solo hablamos de la verdadera bendición que esa niña disfrutaba cada día. Le dije: “Sabes, Susie, quiero que vengas a mi oficina mañana y me cuentes algo más por lo que estás feliz.” Ella dijo: “Bien, lo haré.” Ya estaba sintiéndose mejor. Vino y pasamos el día siguiente hablando acerca de sus bendiciones. Sus bendiciones. ¿Saben qué?, estuve allí solo un trimestre, pero vi algunas cosas absolutamente sorprendentes que sucedieron en la vida de Susie. Se convirtió en otra persona simplemente utilizando bien esta ley. Ya ven, la mayoría de sus problemas eran puramente imaginarios. {MH 241.2} Ella los había creado al enfocarse en lo negativo y hablar sobre lo negativo, y todo se volvió negativo más allá de la realidad para ella, todo era negativo. Por supuesto que no tenía amigos, era como una sombra negra, era depresivo estar con ella, y nadie quiere pasar tiempo con alguien así. Así ella estaba creando las situaciones que imaginaba, porque era tan depresivo estar con ella que nadie quería hacerlo. Pero cuando ella comenzó a volverse positiva, comenzó a tener amigos. Me fui luego del trimestre; me había vinculado con esos estudiantes y ellos me invitaron a regresar para hacer una semana de oración el año siguiente. Nunca voy a olvidarlo. Entré a la parte posterior de la capilla, y ¿quién suponen que estaba adelante dirigiendo las canciones del servicio con su guitarra y una enorme sonrisa en su cara? Susie. La miré y dije: “Alabado sea el Señor.” Vino corriendo hacia mí apenas me vió, me abrazó y dijo: “Estoy tan feliz de verlo, y, en verdad, estoy tan feliz en la escuela este año.” Amigos, por favor úsenla bien, no lo hagan mal. Este principio; igual a su poder para bendecirlos y ayudarlos, es su potencial para maldecirlos y obstaculizarlos. Eligan pronunciar aquello que los ayudará en el desarrollo de un carácter semejante al del Cristo. ¿Decimos “amén”? {Amén} Ahora, con este principio en mente, lo que quiero hacer es enfocarme en algunos sis y nos en la Biblia con respecto a lo que sí debemos decir y a lo que no debemos decir. Se sorprenderán, al ser conscientes de la importancia de esta ley de influencia recíproca, se sorprenderán de cuántas indicaciones específicas hay en la Biblia con respecto a lo que debemos decir y lo que no debemos decir. Ahora, entendiendo el principio que subyace a los sis y nos, entenderán mejor por qué es importante decir algunas cosas y por qué es importante no decir otras cosas. ¿Entendemos esto? Por esto es tan valioso entender los principios subyacentes. Luego las reglas y regulaciones, los sis y nos, tienen sentido. Ustedes lo entienden. Bien, miremos ahora algunas indicaciones específicas en la Biblia sobre lo que no debemos decir. Encarguémonos primero de lo negativo, y luego pasaremos a lo positivo. a propósito, los estudios de mañana a la mañana tratarán acerca de lo que debemos decir, y todos estaremos aquí mañana a la mañana, ¿verdad? Vamos, eso no fue unánime. Todos estarán aquí mañana a la mañana, ¿verdad? {Amén} Muy bien. Bien, ¿qué es lo que no debemos expresar a la luz de esta ley de influencia recíproca? Primero, no debemos pronunciar nada necio o tonto. Necio o tonto, Efesios 5:4, “ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien,” ¿qué? “…acciones de gracias.” Agradecer. Queridos amigos, por favor, por favor no dejen que nada necio salga de sus labios. En verdad, existen todo tipo de bromas circulando. Saben de lo que hablo. No deben tener ninguna participación en hacer circular este tipo de cosas. Ninguna. Ya ven, si pronunciamos aquello que es necio, por ley nos hacemos más, ¿qué? Vamos, díganlo. Necios. Hasta que, y Dios no lo permita, ¿qué tendrá que decir el Juez? “El que es inmundo, sea inmundo todavía.” {Apoc 22:11} Y eso es para siempre. Por favor no permitan que eso les suceda. Y, amigos, sucederá si pronuncian aquello que es necio, porque, por ley, se volverán más necios aun. No lo hagan, por favor. Guarden con cuidado a la lengua, y no pronuncien nada que sea moralmente impuro. ¿Decimos “amén”? {Amén} Pero también está lo tonto que no debemos pronunciar. Esta es una difícil, y algunos de ustedes se molestarán con lo que tengo que decirles, pueden incluso molestarse conmigo por decirlo. Pero, alabado sea Dios, debo arriesgarme, porque los amo lo suficiente como para decir lo que necesitan escuchar incluso si puede no gustarles. La conversación vana: Si pronunciamos lo tonto, ¿cómo nos volvemos, por la ley? Más tontos. Proverbios 15:2, “La boca de los necios hablará sandeces.” “De la abundacia del corazon,” ¿qué? “…habla la boca.” {Lc 6:45} Pero por la ley de influencia recíproca, cuando pronunciamos sandeces, ¿cómo nos volvemos? Más tontos. Hasta que nos volvemos tan ligeros y superficiales y tontos que somos incapaces de cualquier pensamiento o palabras sustanciales, sobrios o profundos. Pueden hacerlo; pueden volverse completamente payasos. Y saben, lo que lo hace tan fácil para que nosotros lo hagamos, hablar tontamente, es debido a la gran estima que el mundo tiene por quien puede hacer que la gente ría. ¿Escuchan lo que estoy diciendo aquí? En el mundo se cree que una de las virtudes más deseables es, ¿qué? El sentido del humor. Vamos, saben que es así. Se cree que es una de las virtudes más deseables, y cuando queremos realmente decir un cumplido sobre alguien, decimos: “Oh, es muy gracioso; es una fuente de risas.” Pregunta: ¿Es ésta realmente una virtud deseable para un cristiano? Vamos, animémonos. ¿Es esta realmente una virtud deseable para un cristiano? ¿Si fuera una virtud deseable para un cristiano, no lo veríamos manifestado en la vida de Cristo? Vamos. ¿No están todas las virtudes semejantes a Cristo expuestas en Cristo? Sí. Díganme ¿cuándo vemos a Cristo contando cuentos? ¿Bromeando, hablando tontamente para hacer reír, cuándo vemos esto? No; por tanto, ¿qué debemos concluir? No debe ser una virtud cristiana genuina. Quizás sea una falsificación de lo que posee el verdadero cristiano que es verdadera alegría y felicidad. Veamos esto juntos. Por favor entiendan lo que trato de decir aquí. Es una fina distinción que debemos realizar y no quiero ser malintepretado. Sigamos lo que dice la pluma inspirada. El Evangelismo, página 641: “Cuando alguien pueda señalar alguna palabra vana dicha por nuestro Sñor, o alguna ligereza observada en Su carácter, puede pensar que la ligereza y la vanalidad son excusables en sí mismo. Este espíritu no es cristiano; porque ser un cristiano es ser,” ¿cómo? “…semejante a Cristo. Jesús es el patrón perfecto y nosotros debemos seguir Su ejemplo. Un cristiano es el más alto tipo de hombre, un representante de Cristo.” ¿Era Cristo un bromista? No. Por lo tanto un cristiano, quien representa a Cristo, no será un bromista. ¿Decimos “amén”? {Amén} No podemos argumentar contra esto. Pero, por favor no me malinterpreten aquí. No estoy, enfáticamente, no estoy promoviendo un espíritu y una disposición doloridos, tristes. El cristiano debe ser la persona más feliz sobre la Tierra. {LHU 376.5} Pero existe una diferencia entre verdadera alegría y felicidad, que son el efecto de la santidad {RC 161.7}; existe una gran diferencia entre esto y su falsificación, su sustituto barato llamado vanidad o tontería. Sí, decir una broma provoca una risa temporaria, pero luego, ¿qué? Termina. Pero lo genuino, una palabra dicha oportunamente {Prov 15:23}, algo para alentar y elevar, para recordar el amor y la fe de Dios, eso lleva verdadera, duradera felicidad a quien lo escucha. ¿Decimos “amén”? {Amén} ¿Estaba Cristo siempre listo para decir una palabra oportuna? ¿Paa llevar alegría y confortar a los corazones de quienes sufrían, la apenada raza humana? ¿Lo estaba? Sí. ¿Pero andaba Él por allí haciendo bromas, haciendo reír a la gente? No. Hay una diferencia, ¿no es cierto? El Señor nos ayude a elegir lo genuino y no la falsificación. ¿Decimos “amén”? {Amén} Bible Commentary, Tomo 7, página 938: “Es correcto ser alegre, e incluso ser feliz. Es correcto cultivar la alegría del espíritu a través de la santificación de la verdad; pero no es correcto permitir la broma tonta y la necedad, la ligereza y la tontera…” ¿Ven la distinción entre lo genuino y la falsificación? ¿Lo ven? Aquí hay otra. Child Guidance, página 146: “No hay nada triste en la religión de Jesús. Mientras que toda la ligereza, necedad y tonteras, que el apóstol dice que no son convenientes {Ef 5:4}, deben ser cuidadosamente evitadas, existe un dulce descanso y paz en Jesús que se expresará en el semblante. Los cristianos no serán tristes, deprimidos y desalentados. Tendrán mentes sobrias, sin embargo mostrarán al mundo una alegría que solo la gracia puede impartir.” ¿Ayuda esto? ¿Ven la diferencia aquí? Por favor entiendan la diferencia entre la falsificación y lo genuino. Lo que me temo que hemos hecho, sí, incluso en esta iglesia, es que hemos tomado la falsificación y la consideramos una virtud deseable. No lo es. No lo es porque no lo vemos en Cristo. Review and Herald, 29 de octubre, 1903: “Sean cuidadosos con sus palabras. No desperdicien valiosos momentos con vanas conversaciones. Vivan tan cerca de Cristo que siempre estarán listo para decir una palabra oportuna a aquel que está débil. {Is 50:4} Aparten todo orgullo, todo egoísmo, toda ligereza y necedad. La necedad y las bromas son una ofensa a Dios y una negación de vuestra fe. Hacen que la mente no sea adecuada para el pensamiento sólido y el trabajo dedicado, volviendo a los hombres superficiales e ineficientes. Sean circunspectos, y al mismo tiempo alegres y felices, mostrando las alabanzas de Aquel que los llamo de la oscuridad a Su maravillosa luz.” ¿Decimos “amén”? {Amén} Oh, hermanos, hermanas, vean, los cristianos deben ser personas brillantes. ¿Amén? {Amén} Debemos tener una disposición y un espíritu positivos, que eleven y alienten e influencien a todos con quienes tenemos contacto. Pero podemos tener eso solo en tanto contemplamos y hablamos acerca de las virtudes y el poder y la gracia que son nuestras en el Sol de Justicia. Al contemplar somos cambiados; reflejamos Su luz y amor y poder. Así nos volvemos brillantes, al contemplar al Sol de Justicia. ¿Amén? Y hablando sobre Él. Al pie de la página, Review and Herald, 12 de marzo, 1872. Escuchen esto; es para resaltar. “Existen quienes no creen que sea un deber religioso disciplinar la mente para que se ocupe de temas alegres, para que refleje la luz en lugar de la oscuridad y la tristeza. Este tipo de mentes se ocuparán de buscar su propio placer, en la conversación frívola, la risa y las bromas, manteniendo a la mente continuamente entretenida con este tipo de diversiones; o serán deprimidas, con grandes pruebas y conflictos mentales, que, piensan ellas, pocos han alguna vez experimentado o pueden entender. Estas personas pueden pronunciarse cristianos, pero engañan a sus propias almas. No poseen la verdadera constitución.” Amigos, ¿lo ven? Pueden tomar uno de estos dos caminos, ¿no es cierto? Pueden ir por el camino barato de la falsificación, o por el camino de la tristeza y la condena. Pero, ¿cuál es la solución? Contemplar al Sol de Justicia. Contemplarlo. Y al contemplarlo seremos, ¿qué? Seremos cambiados. Seremos la persona más feliz sobre la faz de la Tierra {LHU 376.5}, y tendremos una palabra oportuna para decir {Is 50:4} que será una bendición para otros. Es muy importante entender cómo opera esto. Por favor no se engañen con falsificaciones. No expresen sonseras, bromas, banalidades, sino estén siempre dispuestos para hablar del amor y la gracia y las preciosas promesas de Dios para poder llevar alegría y felicidad duraderas a otros. Pongámonos de pie. Padre nuestro que están en los cielos, te agradezco tanto por ayudarnos no solo a entender este ley de influencia recíproca, sino también ayudarnos a entender porqué es tan importante para guardar cuidadosamente lo que escapa de nuestros labios. Oh Señor, hemos considerado lo que el Apóstol Pablo nos ha prohíbido pronunciar: necesades y palabras vanas. Existen otras cosas, y Padre, ayúdanos a reconocer que cada vez que las Escrituras nos exhortan a no hacer algo, es por nuestro propio bien y debemos considerarlo seriamente, y, con la fuerza de Cristo, negarnos a pronunciar cualquier cosa impropia. Esto es especialmente importante cuando entendemos la ley de influencia recíproca. Por eso continúa estando con nosotros cuando sigamos con nuestro estudio esta tarde, te rogamos en nombre de Cristo. Amén. Dios los bendiga, amigos.

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